Guerra 1939 41 12 06
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EE. UU. versus Japón. ¿Guerra en el Pacífico? La SI 06/12/41 p. 1-5
La guerra en Moscú, mar de Azof y Libia. La semana bélica La SI 06/12/41 p. 5- 8

 

EE. UU. versus Japón. ¿Guerra en el Pacífico?
La SI 06/12/41 p. 1-5

 a) La mano del Destino está parada sobre las dilatadas aguas del Extremo Oriente. De un Destino que no es azar, sino Mano inteligente que abre surcos y señala rumbos a la humanidad en marcha. Por esto todo el mundo tiene, en estos instantes, la vista fija hacia ese lado del Pacífico, todo él ahora en tensión y movimiento, cuyo interior no parece sino que tiende a reventar para mostrarnos una nueva vida.
 Los que quieran entender el problema japonés –que no es más que una faceta amarilla del problema mundial- han de pensar en esto, que es una ley de la historia, aunque no lo sepan muchos que se las dan de enterados y sabiazos: que, en el mundo, mientras desaparecen los pueblos en digestión difícil por estar comiendo mucho, jamás desaparece un pueblo que ha sido baqueteado, limitado, explotado por otros.
 Desaparece Babilonia, porque nadaba en una feérica y pútrida abundancia. Desaparece el imperio egipcio, porque sus faraones y sus sacerdotes se sentaban a la mesa repleta demasiadas veces. Desaparece el imperio romano en el mismo instante en que sus políticos se tornan ladrones, sus generales despojan a los pueblos, los dioses lares son vencidos por Venus Citerea, y, en su holocausto, las graves matronas se convierten en meretrices impúdicas. Desaparece la nobleza feudal cuando se entrega al festín de los despojos sociales. Desaparece el dominio francés cuando los que lo explotaban se hunden en el barro y toda la Francia alta es un carcomido Versalles. Los grandes pueblos han desaparecido como tales por la vía de sus vísceras en trabajo forzado, hartos, hiperenvenenados y en digestión lenta y continuada, que bloquea el cerebro y mata la fuerza.
 En cambio, los pueblos en lucha que, por voluntad o por exigencias de su misma pobreza vegetan pobremente, son los destinados a la supervivencia y aún al dominio. Roma triunfó cuando era pobre y toda entera se entregaba al recio trabajo. Vascongadas es en la Iberia rica porque está sobre un pobre suelo y rodeada de gavilanes. Los pueblos del actual norte europeo viven en franca abundancia en una dorada y feliz mediocridad, porque están asentados sobre suelos ingratos y todo le es hostil. Las dificultades azuzan a los pueblos al trabajo, y el dolor es el acicate más firme y activo del éxito y la grandeza.
 Ved ahora como los pueblos más poderosos, que dan idea de mayor fuerza, son precisamente los que han sido más baqueteados en los últimos años. Esa Alemania sobre la cual caían todas las gazmoñerías hipócritas de la profunda corrupción de pueblos que han tomado el nombre de democracias. Esa Rusia, cuyo tronco todos los vendavales han agitado furiosamente, en perfecta lucha y dolor. Esa Italia castigada por la eximia virtud de la voluntad fecunda, capaz de enfrentarse contra Malthus y todas las tentaciones de la vida fácil.
 Por esto, en los viejos troncos raciales, la savia está en estas horas en ebullición reventante. Cuando queráis que un árbol viejo se remoce y emule con exceso la vida de los jóvenes, no tenéis más que podarlo. Cuando le hayáis eliminado las ramas y lo hayáis dejado en dolor tal que no parece que podrá ya levantarse más, he ahí que viene la primavera, rompen por doquiera mil botones y la tierna majestad de una copa nueva  y una bella floración reventante de vida nos muestran cuán fecundo fue el recio castigo de la poda.
 Cuando veinte años atrás, en estas columnas entonces iniciales, estudiábamos el caso alemán, contra viento y marea, guiados por buen sentido biológico, no solo anunciábamos el advenimiento de una Alemania más fuerte que antes, sino que no titubeábamos en afirmar que la causa de esa recia resurrección, al menos en cuanto a prisa y vigor, estaba en las podas inicuas que los idiotas de Versalles realizaron sobre el cuerpo vivo de esa raza fuerte. Y no callábamos algo que parecía una blasfemia: ponderar y desear las barrabasadas contra Alemania y otros países, porque en ellas estaba precisamente el acicate del levantamiento. Que hay una proporción inversa, pero igual, entre la acción martirizadora de una raza y la reacción con que en ella sus fuerzas aparecen centuplicadas.
 Es el caso del Japón actual, y será bien miope el que no comprenda este caso y no vea ya a priori el resultado, después de los mil zigzaes de una probable guerra. Por virtud de una sana potencia vital, la población japonesa aparecía cada día más espesa en el escaso y bello suelo ancestral. Por acción de pueblos hartos, que digieren demasiado, había de venir la