Panamá 40
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Panamá 40
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Una protesta menos que nula La SI 06/01/40 4-5
Alemania contesta a Panamá  La SI 24/02/40 p. 5-6

Una protesta menos que nula
La SI 06/01/40 4-5

 Panamá, en nombre de los países de América, ha enviado a los beligerantes una Nota protesta por la violación de la Zona Neutral americana, en casos como el del Almirante Graf Spee y otros varios.
 Es interesante ver la ingenuidad con que se procede. Cuando en la Conferencia de Panamá se determinó la creación de esta faja de más de 200 millas, se enviaba a cada país la comunicación correspondiente. Nadie se dignaba contestar.
 Notemos el hecho, que es por demás interesante. En la vida diplomática, como en la particular, las cosas se aceptan, se rechazan o se condicionan. “Una pregunta merece una respuesta”. Es la ley. La ley de urbanidad, que envuelve dentro de sus preceptos a individuos y naciones. Un país, un grupo de países, puede proponer o recabar un absurdo. Aún así, la contestación es necesaria. De lo contrario ¿no se podría decir que  “quien calla otorga” y que, además, hay quienes necesitan un elemental Tratado de Politesa?
 Nadie se dignaba contestar a la comunicación. Es maravilloso el caso. Son enemigos Alemania y Gran Bretaña. Tiene cada Estado sus puntos de vista. Medio mundo piensa distinto de medio mundo. Se odian unos a otros. Nadie está conforme con nadie. Pero, cosa rara, en medio de tanta discordia, todos están de acuerdo  en ni siquiera contestar a la Nota que mandan nada menos que 22 países conjuntamente…
 Esto hubiera irritado a un país con agallas, cuanto más, a dos docenas de países que marchan acordes. Sin embargo, en este caso no ha pasado nada.
 No solo no se irritan por no ser contestados. Nadie tiene en cuenta su decisión. Y entran todos en la zona neutral y hacen en ella lo que les da la gana, sin que los lo que la marcaron hagan nada efectivo.
 Porque esto es lo peor. Buques alemanes –dícese- salen persiguiendo a buques aliados dentro de la zona. Otros aseguran que ese buque alemán –el Graf Spee- respetaba la zona y no hacía más que ir siguiendo al buque aliado, para asestarle el golpe decisivo al salir de la zona neutral americana.  En esto se acercan buques de guerra enemigos, y no se contentan con seguirlo, sino que lo atacan dentro de la zona
 El deber del Uruguay y los demás países era proceder a cañonazos, siempre que creyesen en firme en la zona establecida. Es lo que se hace con un aeroplano que vuela sobre el país: derribarlo a tiros. Pero sucede lo contrario. Uruguay recibe muy cariñosamente al que ha violado la zona y cede a lo que a él le parece. Con Uruguay, los demás países.
 Porque esto es lo grave. No, que los países beligerantes no respeten la nueva zona: están en su derecho, puesto que ellos no han convenido en respetarla. Lo grave es que no la respeten los que la han instituido, andando con ceremonias, y no a tiros, con los que la violan. Si los padres de la creatura no defienden a dentellazos la vida de su guagua ¿cómo intentaríamos exigir que la defiendan los extraños?
 Al enjuiciar esta Zona nueva en los instantes en que fue creada, señalábamos las consecuencias que de ella se derivaban Una de ellas: que los barcos alemanes (en su caso, los aliados también) habían de ser defendidos a cañonazos dentro de ella, si algún enemigo intentara atacarlos.  Y habríamos podido añadir que ni un solo buque comercial armado podía estar dentro de ella más de cierto tiempo determinado, como buque auxiliar de guerra que era.
 ¿Estaban dispuestos los países americanos a exigir de sí mismos estos corolarios, que afectaban, no a la conducta de los demás, sino a la conducta propia? Claro que no.
 De ahí la absoluta nulidad de la protesta ahora circulada a los mismos países, todos los cuales “estudian detenidamente la Nota”, pero ninguno se digna contestarla siquiera.
 La Zona neutral americana habría sido algo románticamente bueno si hubiese sido hija de nobles propósitos. Habría sido una valla a la guerra, cuando menos en una parte del mundo. Y por ese solo fin valía la pena de cargar con ciertos deberes. Pero iniciaba esa Zona Estados Unidos para dos finalidades muy comprensibles, pero ajenas al mundo moral: 1º poder comerciar sin obstáculos con todos los países de América;  2º ver de que algún país americano, con el fin de defender esa zona, invitase a Estados Unidos a llevar allá su Marina de