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El glorioso Pontificado de Pío Xl  LUX 15/05/28  p. 1-5

           Hay una primera línea omitida en este primer párrafo,  continuada así… el onomástico de Su Santidad, fuera del Vaticano Aquiles Ratti. Y el 30 de este mismo mes celebrará su natalicio, ocurrido en el año 1857, cumpliendo ahora 71 años.
            A medida que los años de este Pontificado discurren, las celebraciones de las efemérides papales vienen siendo más solemnes en todo el mundo. Este año los cables han testificado una especial pompa y fervor en numerosas ciudades, como si, conscientemente unos, instintivamente otros, se hiciesen pleno cargo de la importancia verdaderamente extraordinaria de la obra del padre Santo que llena en todos instantes el Palacio Vaticano.
            Cuando, después que esa política vaticana haya dado sus frutos, la historia examine este reinado espiritual, tendrá motivos para alegrarse verdaderamente. Se ofrecen ante los ojos de la crítica varios aspectos para llegar a esta conclusión optimista. Nos contentaremos por aludir a tres, muy interesantes: la extensión de la influencia católica, la defensa de la verdad y los nuevos métodos misionales.

            El empuje que durante estos cinco años ha caracterizado la expansión del Catolicismo, ha sido verdaderamente formidable. Sería imposible alinear aquí las numerosas noticias que tocan a este asunto, y tampoco sería necesario, bastando con algunas.
            En los centros científicos de Oxford y Cambridge, de los cuales salen la mayoría de los profesionales británicos y entre ellos la totalidad de los que pertenecen a la aristocracia, el ideal católico ha crecido portentosamente. Alrededor de las dos Universidades se han ido fundando Colegios Mayores, internados, pensionados y centros de conferencias que llevan la palma en el movimiento intelectual. Son ya varios los profesores católicos de esas universidades, que se han impuesto por la fuerza de su saber.  Clubes deportistas y academias van siendo conquistados poco a poco por los elementos de nuestra fe. Cada día es mayor el número de estudiantes que abandonan el protestantismo, pasando a las filas católicas.
            En Francia, una habilísima política de los Nuncios ha logrado la no aplicación de las leyes laicas contra las congregaciones religiosas. El Gobierno, no sólo ha nombrado ministro francés ante el Vaticano, sino que ha considerado de más peso la opinión el deseo (sic) de los católicos organizados, que la misma efectividad de leyes votadas por un parlamento que funciona a base de la mentira individualista, de espaldas a las realidades sociales.
            En todas las naciones balcánicas ha cesado la persecución de los católicos, que había sido uno de los malos frutos de la guerra pasada. En Rumania se ha firmado recién un concordato entre la santa Sede y el Gobierno, comprometiéndose éste a respetar a los católicos de Transilvania. En Yugoslavia, se ha llegado al mismo resultado respecto a la mitad de la población, que es católica, contra la tiranía religiosa y civil de los antiguos servios, respaldada por las fuerzas militares, y ejercida por los radicales, que pertenecen a la fe ortodoxa. En Bulgaria, el rey Boris ha realizado, tras instancias del Papa, una política protectora del elemento católico.
            En Estados Unidos, el número de católicos es superior, ya hoy día, al de protestantes. Entre 118 millones de habitantes, los católicos pasan de los 20 millones, siguiendo los protestantes con 19 millones, los judíos con menos de 3 millones, otras religiones con menos de 15 millones de fieles entre todas, y no menos de 60 millones de indiferentes, que constituyen la gran masa materializada de aquel pueblo, que algunos católicos tienen el mal gusto de presentar como ideal de orden y perfección.
            En casi todas las repúblicas latino-americanas el Catolicismo ha progresado en estos últimos años, como consecuencia de una intensa política papal, en dos sentidos: la creación de nuevas diócesis, sobre todo en las regiones indias semi salvajes, entre las cuales la luz del evangelio va propagándose más rápidamente; y el fracaso político de los gobiernos y partidos masónicos, que los pueblos consideran ya como su mayor azote.