Guerra 1939 40 03 16
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La paz ruso-finesa: una lección sangrienta. La paz en Finlandia La SI 16/03/40 p. 1-6

La paz ruso-finesa: una lección sangrienta. La paz en Finlandia
La SI 16/03/40 p. 1-6

 Pocas veces como ésta, después de tantos años de bregar y batallar  con la punta de la pluma –y a Dios gracias, no infructuosamente- habíamos iniciado una crónica con la emoción que nos embarga en estos instantes. Porque ese noble pueblo finés, que fue engañado, y ha sabido defender su causa con recia bravura, puede oír voces de Paz, y cortar esa sangría suelta  que lo iba debilitando y salvar una independencia que estaba condenada a desaparecer.
 Paz sobre tanto heroísmo. Tanto heroísmo que han compartido esos magníficos soldados rusos, que no han retrocedido ante ese mortal enemigo que es el hielo y la nieve y tantas otras circunstancias adversas, hasta haber logrado crear condiciones de paz, y –lo que es mejor- haber sabido alzar sobre el avance victorioso la calma de la convivencia y la paz.
 Pero es este Tratado de Paz una integral Lección de Cosas, que han de saber aprovechar los hombres. Lección elocuente, cuya voz hay que poner en claro, para que sirva como consejera a los pueblos, empeñados en dar cabezazos contra la pared con instintos suicidas.
 No sería posible seguir la norma de tanta publicación cómo anuncia esta paz con comentarios tan absurdamente torpes, que, aunque solo fuese para contrarrestarlos, y poner las cosas en su lugar, habría necesidad de esa no corta crónica. (seis páginas JVG)

a) La vaciedad de las agencias telegráficas, completada por la de numerosos periódicos, continuando en sus informes falaces hasta los últimos instantes, habrán hecho extrañar a muchos sobre la conclusión de esta paz. Según estas noticias, especialmente fantásticas, los rusos estaban continuamente, aún ahora, en completa derrota, y, por lo mismo, habría sido absurdo tratar una paz como la de ahora, tan trágica para Finlandia. Era aceptable que los finlandeses hablasen continuamente de sus victorias imaginarias, y matasen rusos por millares, y derribasen aviones y tanques por decenas de miles. Pueblo chico, tiene ansia de ser notado. Segura, además –pobre seguridad ésa- de ser auxiliado decisivamente por los aliados en su hora, estaba segura Finlandia de que la victoria le pertenecería al fin, y no le serían siquiera examinados sus partes de guerra: esos pobres y locuaces partes de guerra en que el Mariscal barón  de Mannerheim explicaba sus innumerables victorias.
Nada de esto era así, desgraciadamente para los finlandeses. Era todo lo contrario. Los rusos, en su primera ofensiva de Diciembre, tocaban a la Línea Mannerheim, que es lo que querían, en tanto se apoderaban del extremo norte  de Petsamo, para cerrar el paso posible de tropas aliadas por esa única ratonera ártica. Esos dos intentos les salían a maravilla, fracasando en cambio, en su intento de cortar Finlandia en dos por su centro.
 Aún aquí, donde los fineses enterraban a dos divisiones rusas, que están vivas todavía, no hubo ni siquiera fuerzas finesas opositoras.  Unas cuantas guerrillas sueltas, cuyo número de hombres ni llegaría a 20.000.  El hielo y la nieve clavaron a los rusos al principio de su avance. Y allá quedaban en esta primera ofensiva, en Salla mismo, a pesar de que los alegres corresponsales trasladaban, con la fácil y enorme fuerza que la imaginación tiene, a los fineses dentro de Rusia cortando el ferrocarril de Leningrado a Murmansk.
 Comenzaba la segunda embestida en el sud, golfo de Carelia, y doblemente: ante las fortificaciones Mannnerheim, ataques directos, con fuerzas redobladas; en el este y norte del lago Ladoga, para salir contra la Línea fortificada por la retaguardia. Dura ha sido la embestida, y recia la resistencia de los finlandeses y de unos 20.000 voluntarios internacionales que aquí actuaban. Pero a principios del mes era quebrada la Línea por su poniente y su centro, y aún en su oriente el río Taipale era traspasado, constituyendo él el fuerte de la resistencia de la Línea de Defensa por ese lado.
 Hacia el día 7, caían los alrededores de Viborg, la tercera ciudad del país, base de la defensa de la retaguardia. Y hacia el 12, los rusos ocupaban el oeste de la bahía de Viborg, camino de Helsinski, ya fuera del istmo careliano. Al propio tiempo, todas las islas del Lago Ladoga eran conquistadas. Al producirse esos hechos, el camino para la capital estaba libre, sin más resistencia que los cuerpos humanos, sin defensas naturales.