Guerra 1939 40 03 23
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Italia a la Vista La SI 23/03/40 p. 1-7

Italia a la Vista
La SI 23/03/40 p. 1-7

 Instante internacional verdaderamente interesante. En todas partes movimientos, y en todas partes asuntos variados. Todos tienen una misma raíz y tienden a un mismo fin. Lo difícil es demostrarlo. Porque hay cosas que evidentemente huele el olfato intelectual y que, sin embargo, son de difícil enunciación. Roma, Brenner, Cámara de los Comunes, Palacio Borbón, alianza escandinava, Clodius en Bucarest, votación en la India exigiendo la independencia, ataque a Scapa Flor…todo es variado, y, sin embargo, todo es uno y lo mismo… Veamos de aunarlo. 

 a) Comencemos por esos heroicos y tontos finlandeses, que están realizando en estos instantes la dolorosa peregrinación, hombres, mujeres y niños en éxodo trágico hacia poniente, abandonando las fértiles y claras tierras que los habían mantenido durante siglos en ese istmo careliano. Como 350.000 habitantes se van, las viejas carretas cargadas al tope, los niños sobre los fardos mal liados, los viejos llorando sobre los caballos las mujeres vigilantes tras el vehículo, y, arma al hombro, aunque sin objetivo, los hombres defendiendo a la caravana contra un peligro imaginario.
 Triste destino el de los pueblos que no saben comprender, y se dejan engatuzar por la verba de otros más listos. Rusia propone condiciones suaves, sensatas, honorables. Oye Finlandia la sirena, y no acepta. Y ahora ha de mascar ese amargo Tratado, el cual, sin embargo, le ha librado de perder completamente su independencia  y de quedar convertida en un montón de ruinas.
Esto prueba que el heroísmo no basta. Ha de estar puesto al servicio de la inteligencia, so peligro de estrellarse  contra esa roca inconmovible de la incomprensión.
 Y ¡qué incomprensión! Desde estas columnas mostrábamos constantemente la fatalidad del desenlace. Como los finlandeses, y menos idealistas que los irlandeses, hubo lectores que nos creían soñadores y tontos: Rusia no podía ganar. Y había miles de hombres que parecen inteligentes que comulgaban con estas ruinas de molino.
 Ha sucedido  lo que no podía menos que suceder. Y ahí está, por si no nos creían a nosotros y al sentido común, ese éxodo trágico y ese Tratado de Paz que, con ser tan ominoso, es cien veces más humano que el engendro de Versalles.
 ¿Escarmentará el público reaccionando ante las afirmaciones idiotas de la mayor parte de la prensa? “Los rusos piden la paz a Finlandia”, escribía un infeliz, a grandes títulos, semanas atrás, inyectando en ese pobre pueblo finés entusiasmos absurdos. Y esos rusos que “pedían la paz” ahí están, dueños absolutos del Ladoga, del golfo finés, de los mismos destinos del pequeño gran país.
 El Parlamento finlandés ha ratificado el Tratado, con solo 3 votos en contra, y más de 300 en favor.  En las declaraciones previas hechas por el jefe del gobierno, afirma ante el Parlamento que no se dio un paso en los trámites del Tratado sin la aquiescencia del alto comando militar. Lo cual era lógico. Más, a pesar de ser lógico (y, tal vez, por serlo) todavía telegramas de agencias ciegas nos contaban el doble cuento de una posible repudiación del Tratado por el Parlamento y de la protesta del alto mando militar.
 No. Esto era fatal, aunque no lo comprendiesen los que creen que las cosas toman el camino que les place a sus intereses o a sus simpatías. Y las cosas no se someten a esas exigencias, marchando ciegamente por el cauce fatalmente lógico.
 M. Daladier, en unas declaraciones recientes, afirma  que no llega a comprender por qué razón Finlandia ha hecho esta paz. Y esto prueba dos cosas: que Daladier no está a la altura, y hacen bien los franceses en rodearle, en estos instantes, de un millón de interrogantes. La comprensión de su jefe es más escasa de lo que ellos mismos se figuran, cuando no veía de lejos el desenlace de esa quijotada finlandesa.
 Pero esto prueba, además, que Daladier no se entera. Porque dos días antes que él dijese que “”no comprendía por qué”, el jefe del gobierno finlandés había explicado este por qué. El final de su discurso aclaratorio dice así: “…y, además, de haber aceptado Finlandia la ayuda