Guerra 1939 40 04 06
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Guerra 1939 40 04 06
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Un momento grave en China  La SI 06/04/40 p. 1-2
Otto Morgan & Co.  La SI 06/04/40 p. 2-3
Otra vez los pedazos de papel La SI 06/04/40 p. 3-5
Grecia quiere la paz  La SI 06/04/40 p. 5

Un momento grave en China
La SI 06/04/40 p. 1-2

 Desde que “La Semana Internacional”, una década atrás, daba a conocer en América la verdadera China moderna, en un estudio largo que circulaba ampliamente,  puede decirse que no hemos perdido de vista jamás a ese pueblo misterioso, que, aunque muchos lo ignoren, pesa enormemente sobre la actual balanza internacional. Y es tal esa oculta influencia, que bien podríamos decir ahora, con mayores títulos que décadas atrás el eminente político que hacía la frase, que un golpe fuerte dado en Cantón repercute inmediatamente, aunque sea insensiblemente, en toda la política del mundo.    
 El examen de la China modernísima merece un estudio detenido para el cual ahora no habría espacio. En aquél a que nos hemos referido, marcábamos toda la potencialidad china, esperando ser puesta en acto, así como las consecuencias mundiales que de ello vendrían. Sería ahora interesante, producida desde entones la invasión de China por el Japón, estudiar extensamente el hecho fundamental que tiene lugar bajo la piel de esa conquista, tal vez relacionado con la potenciación del Asia amarilla, en situación próxima de plantarse ante la raza blanca y señalarle el camino de la paz o de la guerra entre razas.
 Por el momento, interesa constatar un nuevo paso dado por el Japón, unido a elementos chinos, en el sentido de domar a ese enorme pueblo y hacerlo marchar del brazo de su vecino japonés: la instalación de un gobierno central chino en la vieja Nankin.
 Apenas las fuerzas japonesas, en los primeros meses de la guerra, se apoderaban del norte chino y de los alrededores de Pekín, instalaban en esta última ciudad un Gobierno chino Provisional, que funcionaba de acuerdo con las fuerzas japonesas. Como resultado de una segunda campaña al fin de la cual fue tomada Nankin y remontado por los invasores el ancho Yang-Tzée, instalaban en esta última ciudad un nuevo Gobierno, también Provisional, para administrar la zona del gran río, poblada por millonadas de habitantes.
 Estos dos Gobiernos Provisionales han administrado durante estos últimos años, viendo de conciliar los intereses chinos con los japoneses en sus respectivas zonas, cada una de ellas extensa como España entera. 
 Mientras esos gobiernos veían de organizar la vida nacional, tenían lugar cuatro órdenes de sucesos, que habían de llevar a una solución, también provisional, pero de mucho mayor alcance.
 1º En las esferas del Gobierno Nacional chino no se cejaba en su campaña contra los japoneses invasores. A cada ejército aniquilado, surgían decenas de miles de nuevos guerreros, que, ya en batallas campales, ya en forma de guerrillas y franco-tiradores, molestaban enormemente a los soldados del Japón. Todavía en este instante batallan cuatro cuerpos de ejército –además de otras fuerzas menores- de 60.000, 72.000, 80.000 y 160.000 fusiles, respectivamente.
 2º Las grandes potencias que, de cerca o de lejos, miran de reojo al Japón –especialmente Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña- siguen ayudando al Gobierno Nacional chino de Chungking, presidido por Chiang Kai Shek. Los envíos de armas y provisiones de toda especie se realizaban especialmente por las puertas que el lector podrá ver en este mapa: la Indochina francesa, por el ferrocarril que llega a Yunán; la Birmania británica, por el ferrocarril que llega a la frontera; y por la costa, especialmente Hong Kong y más al sur.    
 Ante esta situación, el Gobierno japonés enviaba ejércitos especiales que se apoderaban de las islas Hainan y Formosa, así como casi de la totalidad de la playa  que de esta última isla va hasta la Indochina francesa, cortando por este lado el ferrocarril francés en cuanto llega a territorio chino. Las manchas negras del mapa marcadas con un 3 indican la parte actualmente ocupada por las fuerzas japonesas.  
 3º En el interior del Japón tenían lugar varias crisis políticas, disfrazadas con motivos partidaristas, pero que, en el fondo, no eran más que temores económicos a causa de los ingentes gastos  ocasionados en la guerra de China. En estos tiempos ultra-civilizados, las muertes y caídas de hombres no interesan a los gobiernos; pero sí les preocupa la falta de dinero.