Alemania 39
Índice del Artículo
Alemania 39
Página 2
Página 3
Página 4
Ante una fecha alemana. Necesidad de estudiar objetivamente La SI 28/01/39 p. 7
Un nuevo Papa Pío Xll 11/03/39 p.2-6
Rarezas…superficiales La SI 22/04/39 p. 4
Sociales: alegrad el trabajo La SI 09/12/39 p. 7

Ante una fecha alemana. Necesidad de estudiar objetivamente
La SI 28/01/39 p. 7

 El mundo actual es un caldero. Hierve a todo hervir. Y dentro de él están entremezcladas las cosas más heterogéneas. Lo cual no quiere decir que, al fin de cuentas –al fin de la hervidera- no salga algo que valga la pena de ser vivido. Precisamente toda ebullición y mezcolanza quiere decir esto: cosas que en sí no sirven tal como las hallamos, reducirlas a operaciones tales que, con el auxilio de otras, nos sirvan.
 Hemos sido los primeros, tal vez, en América, que hemos hablado de “un cambio de Edad” histórica. Esto, dicho en 1922, pareció un absurdo. Pero tales han venido siendo los hechos desde entonces, que ya los mismos que no se tragaban el concepto ahora están con nosotros, sin distinción de campos. Las Derechas nos ensordecen los oídos con sus gritos sobre la necesidad de echar abajo la democracia, su ídolo intangible de antaño. Quieren una nueva manera, y para mucho tiempo. Las Izquierdas nunca han ocultado su leal deseo de enterrar la Edad del Capitalismo y embocar proa hacia aquella nueva Edad que, según Marx, no registraría injusticias y explotaciones.
 Parece que, al menos en esto, todos estamos conformes: en que lo actual no marcha. Y en que el mundo está cambiando, ya de fisonomía, tan rápidamente como lo cambió la Edad Media en los vericuetos infelices de la Edad Moderna.
 Ahora bien. Estamos en pleno organismo social. Y claro está que los cambios de Edad se realizan con contrapuestos ideales –con contrapuestos hechos- que entran en el gran caldero vital y allí se transubstancian y deshacen, tomando nuevas formas.
 Los que piden un cambio de Edad para tener días mejores, y a la vez extrañan que el caldero hierva, están en plena contradicción. Si quieren paz –paz de cementerio- podría dejar de hervir el caldero, pero es quedando el mundo tal cual es. Si no aceptan la actual situación, forzosamente han de estar felices al ver hervir el caldero… y ser tocados, no pocas veces, por los hervores crepitantes de las materias morales que están ahí dentro en cálida transformación.
 Natural, dadas estas bases, el caldero ruso, con todas las complicaciones que se puedan originar de su hervir. Natural, el caldero chino, con todas las agallas japonesas, sin que ello indique responsabilidad. Natural, el caldero italiano, aún estando dentro de él cuatro cuerpos de ejército peleando en Cataluña. Natural, el caldero francés, en el cual ya nadie se entiende en el campo político, aunque aquel sano pueblo sí se entiende. Natural, el caldero alemán,  con todas aquellas cosas que le gustan a usted o lo disgustan, que son, precisamente, y, a la inversa, aquellas que le disgustan o le gustan al vecino.
     -------
 De esta base partiendo, no habrá mayor dificultad en dar un nuevo paso. En este sentido: que, puesto que el caldero hierve, hay por ahí dentro las más raras substancias, muchas veces contradictorias, y siempre -cada una de por sí- inapta para la futura Edad que estamos esperando salga del caldero.
 Pensamos en el caldero alemán, puesto que, para operar, hemos de hacerlo en cuerpo vivo y no a manera de maniobras. Nos da ocasión de hacerlo la fecha del aniversario nacional-socialista. Unos lo celebran tocando todas las campanas en son de elogios incondicionales. Otros lo celebran tocando desesperadamente a rebato para oponerse al sistema. Nosotros acostumbramos notarlo con una glosa imparcial, mirando las cosas desde arriba
 La verdad es que no pegan con nosotros las cosas incondicionales. Un criterio crítico no puede prenderse con alfileres detrás de un programa. Ha de estar desposado con la sinceridad y decir su propio pensamiento. Cierto que puede envolverlo en suavidades y delicadezas, pero el pensamiento debe ser dicho.  Un periodista del 99% carece de criterio. Se lo dá el propietario del diario. A veces –las menos veces- se lo da un prejuicio partidarista. Pero esto no son pensamientos  ni juicios, sino pegotes, ilotismo y vaciedad.
 Si esto siempre debe ser así ¿cuánto más en “épocas en que la época cambia” y todo está en ebullición dentro del enorme caldero de la vida? Lo viejo se toca con lo nuevo que apunta cabeza. Cosas dignas de ser conservadas se ven adoloridas al sacárseles la piel de la época que se va, para que recobre nueva epidermis. Cosas que se van definitivamente  se hacen