Guerra 1939 40 05 18
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Ha comenzado la guerra La SI 18/05/40 p. 1-6, A, B, C, D, 15-16
Confirmado La SI 18/05/40 p. 16-17

Ha comenzado la guerra
La SI 18/05/40 p. 1-6, A, B, C, D, 15-16

1. Los cuatro caballos andan sueltos

 Por fin. Por fin han soltado sus riendas los cuatro brutos del Apocalipsis, sembrando de dolores y raras cosas una de las regiones más conocida de la tierra.  Retumba el cañón a través de miles de kilómetros trágicos. Nublan el espacio bandadas de mosquitos de acero, mostrando a las gentes que hemos llegado a otra encrucijada crucial, en que la humanidad, si es un poco cuerda, tomará nuevos rumbos para que no nos hallemos en la misma dentro de otros veinte años. Una laya de máquinas de formas raras avanzan por los caminos, como gigantescos y temibles plesiosaurios que, al resucitar, hubiesen podido avanzar a velocidades vertiginosas. Vuelan por los aires amenazadores enormes paraguas, que llean dentro de la finura  de sus hilos instrumentos de muerte. Y los frentes de un ayer  casi prehistórico que es el año 1930 se han aumentado  con el “frente sin fronteras del cielo”, en el cual el más débil no puede cavar trincheras para guarecerse de la furia del más valiente o hábil.
 Y los pueblos están enloquecidos. Los pueblos aliados de la guerra mundial de veinte años atrás tuvieron la diabólica idea , mediante el cerco de hambre  contra mujeres, niños y ancianos, de crear el “frente retaguardista”, es decir, el frente que no lo había sido jamás por decoro y honestidad del luchador. Y, a caballo de esta arma extraordinariamente poderosa –y extraordinariamente cobarde- crearon el arma llamada “nerviosidad aplastante del pueblo”, ante el espectro de la miseria. Y ahora, arma contra arma y miedo contra miedo, Alemania ha creado el arma que, haciendo llover del cielo al enemigo armado de punta en blanco, no deja a la retaguardia, ni siquiera a la más alejada, ni aún la suavidad segura del descanso nocturno. Réplica magnífica a la del cerco por hambre, rompiéndolo y además aplastando a las masas enemigas a fuerza del terror pánico de una invasión inevitable.
 Así anda el mundo de la guerra revuelto a todo revolver, todas las tragedias dándose cita para la gran prueba, envolviéndolo todo con neblina de horrores, como si flotara sobre la tierra la plaga de una espesa niebla cegadora.
 Pero, al fin, ello quiere decir que la guerra ha comenzado.
 En cuestiones sociales existe el problema sobre los accidentes del trabajo y las enfermedades profesionales. La legislación ha tomado una serie de medidas protectoras del obrero accidentado.  No ha cuidado de lo que es mucho más trágico, mucho más demoledor: las enfermedades profesionales, derivadas del ejercicio antihigiénico de los oficios. Enfermedades que matan al hombre lentamente, degeneran la raza, hacen enclenques a los hijos, ponen malhumor en los corazones, convierten al pueblo en un ejército de pingajos.
 Así en las guerras modernas. La del año 14, por ejemplo. Se habla mucho ahora de la estrategia móvil alemana. De los horrores que esta continua belicidad lleva a los pueblos.  es mucho peor el estancamiento. Ese estancamiento –que unos llaman estratégico y otros denominan demoledor de las mismas entrañas vitales de los pueblos- representado por unas trincheras en que el impotente se esconde, deteniendo por medios no personales el empuje enemigo.
 El accidente no sume al hombre accidentado en un abismo de debilidad y degeneración. Se corta una pierna. Se opera un cráneo. Se muere a veces. El que accidentado muere, ha engendrado en plena salud a sus hijos, y la humanidad marcha nuevamente. El víctima de enfermedad profesional estable lo vicia todo. Y así la guerra. Una violenta ofensiva puede requerir, luego, el bisturí y el cloroformo. Puede que se necesite el coche que anda y desanda el camino del cementerio. Pero la guerra larga de gazapo degenera a los pueblos, tira directamente, no sobre miembros a cercenar, sino sobre el debilitamiento de las entrañas populares. Y es, al fin, no sólo mucho más cruel, sino ministro de degeneración colectiva.
 La guerra está ahí ahora. La guerra dinámica. No, aquella que anuncia grandes acciones en que han entrado nada menos que 42 hombres, sino aquella en que sobre el tablero del mundo vivo se mueven millones de soldados, monstruos mecánicos, miles de aviones, medios raros. Y la humanidad -por fin- se ha encontrado ante un enorme y sublimemente trágico escenario en que uno de los actos más trascendentales de la comedia humana va a realizarse.