Guerra 1939 40 06 01
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Tres batallas alrededor de un bolsillo La SI 01/06/40 p. 1-10

Tres batallas alrededor de un bolsillo
La SI 01/06/40 p. 1-10


1. La mayor acción de la historia

 Tiempos maravillosos, dignos de ser vividos. Tiempos, además, contradictorios y farsantes. Cuando el mundo más grita que se acabaron las guerras, y que todo debe ser paz, justicia y sosiego, todos a una realizan lo contrario. No hay justicia ni orden según equidad. No hay, por lo mismo, paz ni orden material. Y, no sólo se alzan guerras y el mundo vive sus terribles efectos, sino que se dan las batallas más sonadas que jamás hayan registrado las crónicas militares.
 Y ¡en qué raras condiciones, especialmente respecto a hombres! Hétenos aquí con un jeroglífico, al menos para los que solo saben medir la fuerza por sus instrumentos materiales: que se hayan reunido los ejércitos de 14 pueblos contra el de uno solo, y que esos 14 pueblos se vean arrollados con ímpetu avasallador y decisión  que no admite dudas por el pueblo que lucha solo. Gran Bretaña, Francia, Canadá, Australia, Nueva Zelandia, Sud África, Noruega, Bélgica, Holanda,  Egipto, Marruecos, Argelia,  India, negros del África… ¿No se parece esto a un cuento de hadas y brujas, demonios y endriagos, en los cuales –como en la historieta de la Cenicienta- todo sale al revés de los presagios de los que confiaban solo en la fuerza bruta?
 Y ahí estamos: en un ovillo de absurdos según los cálculos de los hombres, dentro del cual se está desarrollando en estos instantes la mayor batalla –en hombres, en material, en cerebro… y en inepcia- que los hombres hayan jamás presenciado.  Por lo menos, 7 millones de hombres han intervenido –están interviniendo en estas horas todavía- en esa lucha de gigantes, y el mundo está pendiente de sus resultados. Porque el mundo siente, aunque tal vez muchos no comprendan, que estamos todos hambrientos de equidad y como que sintamos que esta guerra ha de impulsarnos hacia zonas menos mezquinas de las que hemos vivido.
 Entramos, por lo mismo, en esta crónica, con el corazón optimista: algo se está debatiendo en esos choques formidables. Y este algo, no solo será cimiento de sangre (“”sanguis”, “semen”) para una nueva Edad, sino que a todos han de tocarnos los resultados. 
 Cuando cambia una Edad, pasan cosas que parecen milagros. ¿No nos ha hablado ahora de milagros incluso ese volteriano bolsista que es Reynaud, hijo legítimo de la alegre generación atea que en Francia ha llevado la cosa pública al abismo?  Cuando ha de caer la Edad antigua, aparecen los bárbaros, que vencen al más grande Imperio conocido, inundan de sangre todo el mundo civilizado… y surge una civilización más poderosa, aunque Mr. Churchill no lo sepa. Cuando ha de ser enterrada la Edad Media, surge el milagro de Colón y sus españoles, saltando del abismo a las alturas de la gloria y encintando al mundo con laureles de heroísmo. Cuando ha de olearse la Edad Moderna para entrar en la Contemporánea, surge el milagro  de la Revolución del 79, Francia triunfante sobre diez ejércitos enemigos, porque el fuego popular y la justicia estaban de su parte. Y ahora ¿no acierta a ver M. Reynaud que el milagro está ya ahí, y que es inútil esperarlo para el día de mañana?
 Metámonos en el ovillo complejo de las acciones bélicas de esta semana, para presentar la realidad acaecida con la mayor simplicidad posible, podando de ella accidentales cosas.


2. La batalla de Flandes

 ¡Oh, estas bienaventuradas horas en que hasta lo viejo resucita, si valía la pena de ser resucitado! Los franceses de Napoleón se entretuvieron idiotamente queriendo hacer olvidar los grandes nombres pairales de la Francia eterna, dividiendo el país en 89 provincias artificiales, de nombres absurdamente ridículos: Norte, Seine et Oise y qué se yo cuántas palabras más, carentes de tradición y de meollo. Ahora son los franceses mismos los que resucitan –sin saberlo- los grandes nombres regionales, y nos hablan de la Champaña, del Artois, de Flandes, de la bella y suave Picardía.  Y con uno de estos nombres –batalla de Flandes- hemos de bautizar una de las tres grandes contiendas que se han desarrollado en esta semana de acero.