Guerra 1939 40 07 06
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Guerra 1939 40 07 06
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Rumania se desmorona. Rusia reclama lo suyo La SI 06/07/40 p. 1-5
Japón hace suya la Doctrina de Monroe La SI 06/07/40 p. 5-6
Siria y Marruecos, sometidos La SI 06/07/40 p. 6
La Vl Columna en marcha La SI 06/07/40 p. 6 -7

Rumania se desmorona. Rusia reclama lo suyo
La SI 06/07/40 p. 1-5

 a) Cuando las tropas alemanas entraban en Versalles, en el mismo instante Rumania quedaba hecha trizas. El rey Carlos, que es duro de oído espiritual, no oía nada. No por esto el hecho era menos cierto: los sordos no perciben el ruido de un terremoto. Versalles hecho ruinas ¿dónde estaban los firmes cimientos de una Rumania sin pie ni cabeza, fea y monstruosa y bochinchera como legítima hija de aquel torpe Tratado que por ironía se llamaba de paz?
 Los hombres de Versalles tienen la responsabilidad de muchas malas cosas que han acontecido y están aconteciendo en el mundo. Pero pocas tan fecundas en tragedias como la creación de esas monstruosidades que se llamaron Rumania, Polonia y Checoslovaquia, la perplejidad que engendraron en los hombres sanos acerca del concepto de democracia y la entronización de políticos mediocres que, infatuados de falsa grandeza en esos Estados invertidos vivían idiotamente contentos y seguros en la ciudad de los tontos.
 La Europa de Versalles se gozó sádicamente en crear criaturas monstruosas. Esa Checoslovaquia en la cual siete millones de checos tiranizaban a 8 millones de eslovacos, ucranianos, polacos, alemanes. Sin que ello obstase para que sus hombres –universitarios de mente corta- llenasen su boca a todas horas con palabras sesquipedales y pomposas acerca de la sacrosanta democracia. Esa Polonia atrasada y siempre indócil, en la cual la dictadura más feroz primaba sobre todo el país, y además la raza polaca tenía el pie sobre el pescuezo de doce millones de almas vivas de otras razas, sumidas en burda opresión Todo también –se comprende- en nombre de la singular democracia que estaban predicando los hombres de Versalles y Ginebra. Esa Rumania absurda, en la cual tres millones de rusos, y tres de húngaros, y uno de búlgaros, y medio de alemanes y ¿cuántas razas más estaban tiranizadas por la nueva democracia del puñal al cinto y argolla al cuello?
 Es interesante pasar revista a cómo era engendrada esa Rumania que hoy grita a voz en cuello que le están arrancando los miembros vivos y retorciendo las entrañas. La Rumania realmente tal de 1912 tenía sus 7 millones de habitantes, pertenecientes a la raza latina –de ahí su nombre “Romania”, hija de Roma- En los viejos siglos de la Roma Imperial, los emperadores de la decadencia estaban preocupados en detener a las razas bárbaras, que estaban asomando al otro lado del Rhin y del Danubio. Y esas del bajo Danubio, donde las aguas forman  un hermoso y caprichoso delta, eran más peligrosas que otra alguna. El lector puede ver ese delta en el mapa 2, donde lo damos en escala suficientemente amplia, para hacerse cargo de sus raras características. Los romanos del Bajo Imperio –como los imperialistas de hoy día- creían poner puertas al mar y detener el ciclón. No comprendían que los bárbaros habían de irrumpir de todos modos, porque era una necesidad higiénica de la humanidad, necesitada de una gigantesca sangría. Y atribulados los Emperadores para detener la ola bárbara, tomaron numerosas precauciones…que no sirvieron absolutamente de nada. 
 El lector podrá ver en ese Mapa 2 la Línea Trajano por si se creía que era  cosa de nuestros días eso de alzar penosamente Líneas inútiles, aunque harto pretenciosas. Comenzaba en el mar y se corría hacia un recodo del Danubio. En ella se usó cuanto estuvo a mano de aquellos tiempos. Y tenían aquellos tiempos, a mano cosas más duras que el actual orgulloso y pulverizable cemento, que ha de rendir acatamiento a la piedra granito de los viejos días.
 No le bastaban murallas muertas. Toma mandaba también a aquellas lejanías murallas vivas: numerosas legiones, los soldados con sus familias, para que allá se radicasen definitivamente, sin necesitar los transportes continuos en vituallas. De ahí una zona poblada por romanos –o, para decirlo en latín de la decadencia-: una Romania
 Por esto, en medio del mundo oriental –eslavo, magiar y búlgaro- ha podido existir esa isla étnica latina, aunque, con los siglos, influenciada por el contacto con sus vecinos.
 Durante la guerra mundial hubo una mujer –una rubia londinense, dotada de gran carácter- que se metía en la cabeza un ideal ambicioso: hacerse dueña de todos los Balcanes, y, puestos esos pueblos en su blanca y empolvada mano, ofrecerlos entero a su patria británica. El plan era digno de una gran cabeza (y no dejaba de serlo, esa reina María, que hacía bailar a su esposo el rey como un títere, y de cuyo fin raro se cuentan cosas para la  leyenda). La reina casaba una hija con Alejandro, joven rey de Yugoslavia: uno. Luego casaba otra hija con el