Guerra 1939 40 08 17
Índice del Artículo
Guerra 1939 40 08 17
Página 2
Página 3
Página 4
Página 5
Página 6
Página 7
Página 8
Página 9

Comienza la guerra aérea La SI 17/08/40 p. 1-3
Tres Estados en capilla La SI 17/08/40 p. 3-5
Gran Bretaña se va del norte de China  La SI 17/08/40 p. 5-6
Cadena de deudas para el futuro. La tela de araña La SI 17/06/40 p. 6

Comienza la guerra aérea
La SI 17/08/40 p. 1-3

 a) La guerra moderna, tal como la ha creado Alemania, tiene todos los encantos -¡perdón, las que son sus víctimas!- de la aventura. Eran, antes las guerras cosa de la audacia y del talento. Juega ahora la imaginación, cuando menos para los espectadores, envueltos en una atmósfera de misterio continuado: sobre su comienzo, sobre armas raras, sobre golpes estratégicos desacostumbrados. Y para los mismos que toman parte en ella, tan amplio el camino de la iniciativa de cada cuerpo, y aún de cada hombre, ¿no ofrecerá posibilidades  muchas veces imprevistas, que se presentan sobre el camino y de cuyos resultados raros los primeros sorprendidos serán, si no los que manejan los hilos totales, los que realizan separadamente las partes del gigantesco conjunto?
 La guerra relámpago de Polonia, las de Noruega, Bélgica y Francia, son antecedentes suficientes para que ahora el mundo se eche sabiamente a cavilar posibilidades, siempre que sepa hacerlo con un poco más de criterio  que los franco-tiradores de la Vl Columna –ayer Heinze y sus colaboradores; hoy, ese terrible ignaro de capitán Masson y sus compañeros- cuyas crónicas disparatadas más son sartas de ingenuidades que cavilaciones lógicas de algún interesante imaginativo de la prensa. 
 Más todavía, ahora se pueden esperar raras cosas desde el momento en que Gran Bretaña se ha armado y fortificado de tal modo, según nos cuentan los voceros del gobierno de Londres, que no habrá por donde cogerla.  Tengo abierto ante mi vista un libro que acaba de publicarse sobre Comunicados de los países aliados, desde que comenzaba la guerra de Polonia hasta nuestros días.  Cuando uno lee día a días estos Comunicados, no le hacen mucho efecto ciertos caracteres que los individualizan. El tiempo es una esponja y los lectores son generalmente amnésicos. Pero cuando se tienen todos los Comunicados juntos y y pueden cotejarse, una sonrisa melancólica asoma instintivamente: todos esos Comunicados actuales se parecen como un huevo a otro huevo a los que nos daban durante las anteriores campañas, pintándonos una situación de derrota alemana con tantos pelos y señales, que podía ya dar el lector aliado la cosa como ganada. Sin embargo, se trataba de las más terribles derrotas aliadas, convertidas por obra de la torpeza de corresponsales y Ministros en debacles las más estupendas victorias.
 De ahí el escepticismo que se siente cuando esos mismos fantaseadores nos explican ahora tantas cosas sobre la imposibilidad de ser invadida Gran Bretaña. es lógico que toda la isla, ante el peligro inminente, se haya convertido en una fortaleza, echando mano de los medios más extraordinarios.  Pero, aún siendo lógico,  uno está escarmentado de tanta ilusión pasada, y piensa que puede tratase –otra vez- de una Maginot infranqueable que es flanqueada en seis horas, o de un impasable Somme que es pasado en minutos.
 Especialmente se es escéptico si a esas razones de unos Comunicados mentirosos se unen detalles que nos explican los mismos encargados de la defensa. Queremos mostrar algunos botones de muestra. 
 Queriendo encarecer esa fuerte defensa, un Ministro nada menos nos hablaba de que “solo el alambre de púas empleado podría dar la vuelta varias veces a Australia”. Ahora bien, ¿no es esto peor que las fantasías con que nos regalaba el general Weygand cuando la rota del Somme, que él convertía  en victoria “a causa de miles de cañones 75 que en la pasada guerra decidieron la victoria”? El más lerdo en balística sabe que los proyectiles de esas “demoiselles” se aplastan como miga de pan ante la coraza de un tanque alemán de 65 toneladas. Y ahora, batiendo el record del absurdo, se cree de buena fe en el alambre de púas como medio impeditivo de avance. Cuando, hace 50 años, el general español Weiler usaba por primera vez en Cuba (provincia occidental de Pinar del Río) las alambradas de púas, surtían su efecto contra peatones armados. En la guerra del 14 jugaron un gran papel mientras no se usaron tanques. Actualmente, podrán significar un obstáculo contra mozalbetes que intenten atacar una casa, pero solo constituyen un verdadero estorbo para quien los pone ante tanques gigantes, para los cuales alambradas cualesquiera que sean son absolutamente inútiles. 
 Se habla de un “aguerrido ejército” de tres millones de jóvenes y ancianos, “completamente listo y con el máximum de instrucción”. Y quien esto dice con ingenuidad