Guerra 1939 40 08 24
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Guerra 1939 40 08 24
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Grecia y la paz balcánica. Albania – Grecia  La SI 24/08/40 p. 1-3
La guerra aérea y la Vl Columna La SI 24/08/40 p. 3-5
Mr. Bullit disparatea. Mr. Bullit discurre  La SI 24/08/40 p. 5
Suiza en peligro La SI 24/08/40

Grecia y la paz balcánica. Albania – Grecia
La SI 24/08/40 p. 1-3

 ¿Mal o bien?¿Un nuevo enredo en los Balcanes o bien un providencial asesinato para que la paz se haga de una vez en esa región enferma de la Europa? Bajo el signo de estas preguntas –que señalan una doble perspectiva- debe encararse el episodio de asesinato del jefe del irredentismo albanés en Grecia. Hecho en sí lamentable, pero que carecería de importancia pública, si no fuese el reventamiento de un absceso que indica la mala sangre del interior.
 Veamos de enfocar este hecho a la luz de una nueva época que apunta, entre cuyas luces ansiamos descubrir todo lo necesario a la paz.

 a) Actualmente se están celebrando en dos distintas ciudades balcánicas negociaciones para arreglar los irredentismos que tienen su raíz en una Rumania monstruosamente engendrada en Versalles. El hecho es casi maravilloso, para quien conozca la manera de ser quisquillosa de esos pueblos, fomentada por Gran Bretaña a título de proteger a pueblos  amenazados. La causa del hecho es, todavía, más digna de notar.
 El hecho. Los Balcanes son, si se exceptúan dos regiones conocidas: Albania y Macedonia, una de las zonas más claramente delimitadas de la tierra en sentido racial. Los naturales límites de Hungría, reducida a los magiares, son de fácil entender.  Los pueblos no eslavos que forman la base nacional  tienen también sus límites marcados sin rarezas dudosas. Con mayor razón el pueblo búlgaro, que forma una de las razas más precisadas de esa región mundial.
 Si ello es así ¿por qué ha habido en esas regiones violentos problemas, al límite de adquirir carta de naturaleza  la palabra “balcanización” de alguna parte de la tierra, para indicar que se trata de cuestiones insolubles y que se anda sobre un volcán de cráter fácilmente eruptible? Porque en Europa, desde siglos, caracterizando lo que llamamos Edad Moderna, ha predominado el interés  de las grandes potencias en el doble sentido de imperializar sobre los Balcanes y de tener en esa región constantes problemas que “resolver”, es decir, que “no resolver” jamás. Lo que se llamaba sistema de equilibrio, ponderación de dos fuerzas, balanceo de alianzas contrincantes y toda una terminología en cuyo fondo no había más que una cosa: el interés de la grandes potencias en mantener estos pueblos en continua perturbación, para legitimar su intromisión y, de este modo, estorbar el natural desarrollo de la Europa Central, que debía estar eternamente sumisa a los grandes mandatarios de la tierra.
 El último ejemplo de esa política diabólica de enredos y creación de problemas  está en el Tratado de Versalles y sus hijos. Hungría veía desmembrados sus pueblos, entregados a Rumania y Polonia. Checoslovaquia era un monstruo sin pies ni cabeza, modelo de sin razón. Bulgaria veía cortada parte de su raza para ser entregada a Rumania.  Un verdadero puzzle sin posibilidad de orden. Que era precisamente lo que querían los gruesos confeccionadores de esos Tratados que no consultaron a habitante alguno, y que, por esto, eran llamados con mayúscula democráticos. Estábamos en plena era de la Simulación.
 Actualmente se ha comenzado a hablar un nuevo lenguaje. Un lenguaje que toca a los hechos y al criterio. En cuanto a hechos, la adecuación entre las razas y los Estados. En cuanto a criterio, el saberse claramente que hay que operar  con equidad y cumplimiento del deber tanto más cuanto amigo se es.  Pero esto último merece una ampliación breve.
 En la farra de Versalles el criterio es sabido: para el amigo, todo, lo justo y lo injusto.  De ahí esa creación monstruosa de pueblos como Checoslovaquia, Polonia y Rumania. Al enemigo ni el agua ni la sal: el “adversus hostem” de los días bárbaros. De ahí la mutilación de todos los pueblos enemigos de los vencedores: Alemania, Austria, Bulgaria, etc. Como se ve, se trata de un criterio materialista absoluto y de estricto imperialismo. La razón no tiene valor alguno. Los hechos de naturaleza no priman. La voluntad democrática de los ciudadanos debe despreciarse. El puro interés como criterio único, a tenor de las escuelas  “filosóficas” de Bentham y otros a los cuales podía aplicarse la frase lapidaria del latino al hablar de una escuela semejante en la época clásica: “Epicuri de grege porcos”.
Y lo grave del caso era que ese materialismo crudo y ese entronizamiento del interés egoísta como norma suprema de procedimientos, venía piadosamente envuelto con muchas