Guerra 1939 40 09 07 14 21
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Guerra 1939 40 09 07 14 21
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La solución húngaro-rumana. Rumania y Hungría La SI 07/09/40 p. 1-4
Francia, Argentina, la Democracia y el lodo La SI 07/09/40 p. 4-7 (sobre la Guerra 1939 ver en Francia 07/09/40)
Italia avanza en Kenia. Italia avanza en África La SI 07/09/40 p. 7
La batalla de Londres La SI 14/09/40. 2-3
Los italianos entran en Egipto. Grazziani entra en Egipto La SI 21/09/40 p. 7-8
Alsacia y Lorena cierran el paréntesis versallesco. Alemania recupera Alsacia y Lorena La SI 21/09/40 p. 8

 

La solución húngaro-rumana. Rumania y Hungría
La SI 07/09/40 p. 1-4

 a) El rompe-cabezas balcánico tiene ya una pieza menos. El Tratado de Versalles lo había armado cuidadosamente. Había realizado largos trabajos  y sendas combinaciones para hacer perder la paciencia a cualquiera que se guiara por lo dictados del buen sentido. Y lo había logrado: hay gentes que parecen dotadas de una amplia capacidad para enredar las cosas. Y los Balcanes que, desde siglos, eran un enredo mayor, por causas de cien corrientes étnicas que por allá estacionaron durante milenios, después de Versalles quedaron “organizados” de tal modo, que el enredo se elevaba a la máxima potencia.
 Rumania era la más favorecida en el sentido de motivar disensiones. Ella, con Polonia y Checoslovaquia, eran los ejemplares perfectos de la política brutalmente despótica de los hombres de Versalles, sin otra guía que mirar sus propios intereses y, a ser posible, favorecer a los amigos. La democracia, la autodeterminación, los derechos naturales, el derecho de gentes eran cosas tan traídas y llevadas oralmente, que de puro mascarlas ya no quedaba nada para la realidad viva.  
 Y había en esos Balcanes pueblos suficientemente inmorales y políticos suficientemente ciegos o malvados que no trepidaban en ponerse a las órdenes de aquellos estadistas de tres al cuarto; y, a base de agarrar para sus pueblos cuanto daba la mano alargada en actitud de rapiña, no andaban en reparos en cuanto atropellarlo todo: derecho y personas, libertad y riquezas ajenas.
 Fue esta la desgracia  de esos pueblos que, a la vuelta de años y de envenenamiento de problemas, habían de hallar en este pecado de rapacidad y tiranía el castigo correspondiente. Polonia había de pasar de tirana a tiranizada.  Checoslovaquia debía, no solo disolverse, desorbitándose sus partes antitéticas presionadas, sino también pasando los responsables de esas inversiones étnico-políticas a sufrir una presión igual y contraria a la que ellos habían ejercido  sobre sus vecinos. Y Rumania ¿podía perdurar, la mitad de su territorio ajeno a su raza y a sus intereses legítimos?
 El caso rumano es viejo en estas columnas. Inmediatamente que, muchos años atrás, se constituía la que llamaban Gran Rumania,  constantemente habíamos señalado lo absurdo  de ese imperialismo que se complacía en formar un Estado monstruoso con los miembros vivos y sangrantes cortados de las razas vecinas. Y constantemente asegurábamos que habría un día en que todo eso se vendría al suelo, como castillo de naipes que al primer soplo se viene abajo. 
 ¿Cómo no comprendieron los hombres de Versalles que esa inmoralidad imperialista, aunque fuese grotescamente bautizada con el nombre de Democracia, no tenía consistencia alguna? ¿Cómo hay gentes que han llegado a las alturas y no comprenden que la tercera década del siglo XX no es la tercera década del XlX? Y ¿cómo no comprendían los políticos rumanos que labraban la desgracia de su pueblo al aceptar soluciones versallescas que no eran más que atentados al derecho de gentes y manotadas de imperialismo barato?  
 La nueva edad que amanece para esa Europa trágica, víctima de sus hombres del XlX, no podía representar algo nuevo y más o menos estable si no comenzaba por poner orden –orden natural y democrático- en esos Balcanes, en cuya organización invertida querían hallar las grandes potencias motivos para conflictos permanentes y hacerse ellas necesarias para los diversos bandos. De este modo, introducida la división entre esos bandos, los imperios occidentales tenían agarradero para ordenarlo todo a su propio provecho. Nueva Edad lo es precisamente por representar y ser hija de un nuevo orden. Y Rumania no podía continuar monstruosamente metiendo bulla en una zona tan adolorida del cuerpo europeo. 
 La solución de este problema rumano de hipertrofia se iniciaba con la entrada de los rusos en Besarabia y Bucovina norteña. Por la fuerza la habían adquirido los rumanos. Por la fuerza la perdían. Continuaba la semana pasada con la cesión voluntaria de una parte de la Dobrudja a los búlgaros, puesto que búlgara era la mayoría de la zona. Y ahora acaba de ser rematada con el convenio territorial sobre la Transilvania celebrado con los húngaros, cuya explicación gráfica hallará el lector en el mapa de nuestra primera página.