Guerra 1939 40 09 28
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África a la vista. Gran Bretaña contra Francia. Italia avanza en Egipto. Japón entra en Tonkin. Consecuencias trágicas para América-ibérica La SI 28/09/40 p. 1-6

África a la vista. Gran Bretaña contra Francia. Italia avanza en Egipto. Japón entra en Tonkin. Consecuencias trágicas para América-ibérica
La SI 28/09/40 p. 1-6

 a) Semana de sucesos interesantes. Fijo el mundo en si Alemania invade o no invade, y la atención acaparada por el canal de la Mancha, es posible que no se de a otros sucesos la importancia que realmente tienen. Y es tanta, que así por parte del Eje como de Gran Bretaña podría ser que se concediese a los sucesos de estos días una trascendencia que pudiese hacer girar las cosas por vías distintas de las que tenían trazadas hasta aquí.
 Esos sucesos han tenido lugar en zonas tan separadas entre sí, y todas ellas tan separadas del canal de la Mancha, que estarían muchos inclinados a no darles unidad. No solo intencional y subjetiva, sino natural y objetiva, lo cual es mucho más importante todavía.
 Si estuviésemos en un paréntesis de hechos, como acaece tantas veces en este mundo de hombres peleadores, esos sucesos del Extremo Oriente (Japón invade el Tonkin francés), del África Ecuatorial (Gran Bretaña ataca a Francia en el Senegal) y del Egipto (Italia avanza hacia Alejandría), tendrían la importancia que cada uno reclamaría para sí. Y nada más. Pero ahora estamos en un cambio de Edad, dando la vuelta a una esquina. Muere algo y ese algo adviene con luces pálidas de aurora. Y ese hecho general (cambio de Edad) enlaza de tal modo los grandes sucesos más distantes, que llegan éstos a alcanzar una importancia extraordinaria. Han caído mil ciudades en la sucesión de los años. Pero la caída de Constantinopla en la centuria XV era algo más que una caída de ciudad. Era como la caída de una columna matriz que sostenía una manera de ser, cubriendo el polvo del derrumbe toda la extensión y el significado de una época.
 Es necesario, pues, saber en estos instantes prescindir de detalles episódicos y probar de engarzar en nuestras mentes lo que está bien engarzado en la realidad subterránea de los hechos vivos, latentes bajo la piel del ruido exterior.

 b) Notamos, ante todo, cómo lo sucesos de esta semana vienen tras algo que hará época en la historia de Europa, y también, aunque tan lejana, en la de América: la paz en los Balcanes. Digo de América, porque, entre otras diez consecuencias, de esa paz surgen rebaños de desocupados para nuestros países, cuyas materias primas penden en alto grado de los disturbios constantes en esa parte de Europa que vivía arma al brazo, sin producir una décima parte de lo que va a producir ahora.
 Alemania, Italia y Rusia han impuesto la paz en aquel eterno polvorín que venía a ser la excusa para el imperialismo devorador de pueblos y de felicidades. El tumor capital de ese miembro vivo de la vieja Europa –los Balcanes- ha quedado mal que bien extirpado, con ese arbitraje que ha tenido la valentía de decir a los amigos que las usurpaciones y el matonismo no pueden perdonarse ni siquiera a los que nos apoyan y que nos son queridos.
 Era mancha y llaga de Versalles –y ese nombre es un símbolo de un sistema- el que la justicia quedase supeditada a las amistades y a los odios. Por lo mismo, no se trataba de democracia, de justicia o de moral, sino de amistad o enemistad. Puesto que Bohemia, Polonia y Rumania eran amigos, había que reventar a medio mundo –el medio mundo enemigo- para entregar a los amigos lo justo y lo injusto. De ahí la escrofulosidad de los arreglos –de los desarreglos-versallescos, que habían de caer al menor embate, carcomidos que eran desde su misma gestación, hijos de una mala madre.  
Nunca nos fijaremos lo suficiente en algo contrario que ha sucedido ahora. Rumania, gobernada por ese infeliz que era Carol ll, se había pasado hacía ya semanas a los Imperios del Eje, segura de que había de continuar aplicándose  el sistema de “amigos y enemigos”. Sin embargo, no ha sido así. Se poda de Rumania, magüer que amiga, todo lo que no le pertenece. Y los rumanos de nuevo cuño –y eso sí que es valer algo- saben apreciar este criterio, y saben continuar amigos de los que les han quitado  lo que pertenecía a otros.
 Y eso es la paz. No el que algunas regiones irredentas hayan pasado al seno de la patria respectiva. Sino que los dañados por ese arbitraje hayan sabido apreciar la justicia que se les haya quitado lo que no era suyo.