Guerra 1939 40 10 26
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Negras nubes se ciernen sobre el Mediterráneo.  La SI 26/10/40 p. 1-9
El laborismo británico, contra la libertad de pensamiento. Demócratas dictatoriales. La SI 26/10/40 p. 9

 

Negras nubes se ciernen sobre el Mediterráneo.
La SI 26/10/40 p. 1-9

 Desde que la guerra explotaba, Mediterráneo ha sido una palabra muy mentada. Nadie negaba que formaba parte, como término esencial de la ecuación bélica, del problema total de la guerra. Cuando Italia empuñaba las armas, de factor lejano  pasaba ese mar a algo en plena actividad. Más ahora, después de la entrevista de Brenner y de sus consecuencias, no parece sino que todo el peso de la iniciativa, que ha sido siempre formidable en manos del Eje totalitario,  se ladea hacia esas aguas azules, como si el destino añorara los tiempos en que ese mar era el escenario de cuanto en el mundo valía la pena  de ser vivido y observado. Desde hace quince meses, las nubes estaban sobre el horizonte mediterráneo, pero estaban lejos. Ahora, empujadas por quien sabe qué mano invisible, se van acumulando precipitadamente hacia ese mar, con aquella negror y arremolinamiento en cuyo vientre amenazador  germinan el trueno y el rayo.
 La crítica, que pende de los acontecimientos circundantes, madre los inmediatamente futuros, debe en estos instantes girar la vista hacia ese lado, en la seguridad de que va a elevarse de nuevo el telón para un impresionante espectáculo.

 a) Solo el cerebro del táctico que supremamente dirige la totalidad de la complejidad bélica podría decirnos en estos instantes, si se intensifica la presión mediterránea para distraer fuerzas  y asestar un golpe a Gran Bretaña, o si se intensifica la ofensiva aérea sobre Gran Bretaña para distraer fuerzas y ver de pegar en el Mediterráneo. Más parece esto último. De todos modos, acción capital o acción desviadora, hay que partir de esta base de que, esta semana, la guerra alemana sobre la isla británica ha llegado a límites extraordinariamente ofensivos. Parece terminado el período de un aprendizaje que, para ser realmente tal, hay que efectuar a lo vivo y no en la simulación de la maniobra.  Durante medio año, la aviación germana ha ensayado diversos modos de atacar, teniendo a la vista las medidas tomadas por Gran Bretaña para defenderse. Cada sistema tenía sus ventajas. Pero había que pesarlas y ponderarlas práctica y efectivamente. Y todo parece favorecer el actual sistema, consistente en lanzar fuertes concentraciones de aviones de segunda clase  y de caza sobre los alrededores de Londres, mientras escuadras de óptima calidad formadas por pocos aparatos se filtran por los intersticios de la lucha y planean sobre la trágica ciudad con sus cargas amenazadoras.  Lo que nos explican ciertos Comunicados sobre “solo un número pequeño de aparatos han podido romper el cerco y entrar en la ciudad” más parece equivocación apreciadora que real efectividad. No serían “algunos aparatos de la masa total” los que se filtrarían, sino escuadrillas especiales, cuyo deber es infiltrarse mientras el grueso –de calidad distinta- entretiene en los alrededores al grueso de la defensa británica.
 Una nueva nota distintiva  nos atreveríamos a sospechar, dado el escaso número de aparatos atacantes que caen, precisamente ahora que los ataques son mayores y de más terribles consecuencias: que los bombarderos son aparatos sin piloto, dirigidos especialmente, a base de influencias magnéticas, por otros aeroplanos que actúan en plano mucho más elevado (a 8 o 10.000  metros), en la misma línea vertical de cada bombardero. Numerosos datos nos harían llegar a esta conclusión, de los cuales avanzaríamos dos: el que esos bombarderos pasan  por una lluvia densa de proyectiles, que los acribillan por todos lados, cayendo solo muy pocos; el que los pocos que caen dejan en manos británicas muy escasos aviadores. Pasan a veces días sin que los Comunicados puedan darnos noticias de pilotos caídos prisioneros.
 Es de admirar el paciente coraje con que el pueblo londinense –el pueblo británico en general- sufre ese apocalíptico diluvio de bombas, sin tiempo para dormir en paz reposadamente y ni aún para trabajar con los nervios tranquilos. Fama tiene el pueblo británico de obstinado, paciente y extremadamente sufrido. Más ahora muestra que esa cualidad  de resistencia llega en él a términos admirables. Cierto que, ante todo,  hay aquí la decisión que imponen las cosas irreparables. Ante el dilema “entrégate o resiste ese infierno”, es lógico que el alemán piense que el primer término sería el mejor para los ingleses mismos. Es lógico, también,  que el inglés piense lo contrario,  como lo pensaría el alemán, si fuese él el sitiado en una isla chica y densa.