Guerra 1939 40 11 02
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Guerra 1939 40 11 02
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Guerra entre Italia y Grecia. Italia invade Grecia La SI 02/11/40 p. 1-7
Entre 1919 y 1940 La SI 02/11/40 p. 6-7 ver Francia
Un nuevo Estatuto para el Danubio. La arteria aorta de Europa La SI 02/11/40 p. 7

Guerra entre Italia y Grecia. Italia invade Grecia
La SI 02/11/40 p. 1-7

 a) Mientras los británicos están clavados en su isla como en una cruz, constantemente pendiente sobre su cabeza  el fantasma de una invasión sin misericordia, no parece sino que Hitler y Mussolini no piensen más que en obligarles a defenderse muy lejos de ese capital campo de batalla. Y con ello se ha creado a los ingleses una de las más punzantes tragedias que pueda registrar la historia de la isla.
Era intención fundamental de Gran Bretaña –es tan sabido que solo hay que recordarlo- que la guerra tuviese lugar en tierra alemana, o, cuando más, en Francia, es decir, lejos de Gran Bretaña. Los ingleses habían de continuar en su isla magnífica como de costumbre, dados al trabajo usual de vender, comprar y continuar los negocios de los tiempos de pez.  El haber Alemania obligado al enemigo a que la guerra tuviese lugar precisamente en el mismo suelo británico, libres de ella todos los países de la Europa occidental, constituía para Gran Bretaña uno de los dramas más dolorosos de su historia.
 Pero ahora ese drama se torna tragedia ¿Querían que la guerra tuviese lugar  muy lejos de la isla? Pues bien: con esa fase que comienza con la guerra italiana contra Grecia, los británicos se ven ahora obligados –y ¡en qué circunstancias, Señor!- a ir a pelar lejos de su “home”. Pero en unos instantes en que, no sólo necesitan en su isla todos los soldados, sino cuando ni siquiera pueden trasladar tranquilamente hombres y pertrechos por el camino más corto. Cuando aspiraban a pelear lejos de su casa, Hitler no les daba este gusto. Cuando, ahora, les es necesario no moverse, se les obliga a ir a pelear muy lejos, pendiendo el núcleo capital de su defensa en esas lejanías, de los pueblos amigos dominionales y coloniales.
El zigzagueo de los acontecimientos se torna a veces terriblemente irónico, cutáneamente el azar apareciendo como que da gusto a uno, cuando en realidad, bajo las periféricas apariencias, las realidad nos emboca contra todas nuestras conveniencias.
 En todas las lenguas hay un adagio que se refiere a esa burla de la naturaleza contra aquel que intenta burlarse de las reglas limpias en el juego humano. Pero sería muy feo que ahora recordáramos la letra de esos adagios. Sin embargo, estábamos obligados a notar el hecho, que es una de las más hondas características  de esa nueva guerra iniciada en estos instantes entre Italia y Grecia. 
 Procuraremos interpretarla de una manera que –desgraciadamente- discuerda de las usuales críticas periodísticas. Por la sencilla razón de que éstas –ahora también- discuerdan absolutamente de la realidad.  

 b) ¿Cuáles han sido los síntomas determinantes de esa nueva acción bélica? Por anticipado hemos de recordar que la chispa que hace explotar una mina no es la causa eficiente de la explosión de la mina.
 De lejos la prensa del Eje nos venía hablando de tres pueblos que, en su sentir, venían molestando la acción de Roma y Berlín, sin que asumiesen con valentía las responsabilidades. (Un caso, todas las proporciones guardadas, como el de Norte América). Según la prensa del Eje, Egipto, Turquía y Grecia eran, bajo la capa de una neutralidad inexistente, enemigos declarados de una de las dos partes beligerantes. De lejos anotábamos nosotros, en una crónica de muy atrás, que tanto Grecia como Turquía tenían cedidas bases a las escuadras británica y francesa. Incluso pudimos marcar en un mapa lugares, sin que nadie nos pudiese oponer un desmentido. Por ejemplo, en Turquía, entre Smirna y la isla de Chios (el lector hallará ambos nombres en los mapas que acompañan esta crónica) una de las mejores bahías ha estado ocupada por la escuadra británica del Cercano Oriente desde tres meses antes de iniciarse la guerra, a mediados de 1939. En Grecia, los buques británicos entran y salen (sin atenerse a las reglas de la neutralidad internacional) en la isla de Corfú, y, más al este, en las islas de Tasos, Imbros y Samos.     
 En rigor hablando, ello constituía ya plena beligerancia en contra de Italia y Alemania. Que estos dos países cerrasen los ojos como quien no ve, es harina de otro costal.  En casos como éstos, es de sabios saber esperar el momento. Y excusado es decir que, llegado éste, el dinamismo del burlado irrumpe terriblemente.