Guerra 1939 40 11 16
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Molotov llega a Berlín.- Berlín – Moscú – Roma - Tokio La SI  16/11/40 p. 1-3 ver en Rusia
La guerra en Grecia. Marcha de la guerra terrestre  La SI 16/11/40 p. 3-4
Irlanda en peligro La 16/11/40 p. 4-6
Tánger, Libreville, Gibraltar La SI 16/11/40 p. 6-7
Chamberlain ha muerto La SI 16/11/40 p. 7-8

Molotov llega a Berlín.- Berlín – Moscú – Roma - Tokio
La SI  16/11/40 p. 1-3
ver en Rusia (ver tb. El Pacto Sextipartito  La SI 30/11/40 p. 4

La guerra en Grecia. Marcha de la guerra terrestre
La SI 16/11/40 p. 3-4

 Notábamos en la crónica anterior las enormes dificultades que representa para el ejército invasor italiano el período a la vez del frío y las lluvias en un país primitivo y atrasado como Grecia. El general que dirigía la campaña ha sido substituido, después de no haberle salido francamente favorable la combinación táctica que había ideado. Hay que reconocer francamente que no ha estado este general a la altura de sus tropas.
 La equivocación parece haber sido la siguiente. Tomando lógica lección de la victoriosa táctica alemana en las rápidas y desconcertantes campañas de Polonia, Bélgica, Holanda, Noruega y norte de Francia, el comando italiano había ideado  un plan irreprochable sobre el papel, si dentro del plan no entrasen como factores variables  las circunstancias del “hic et nunc” militar, terreno, estación, temperatura, altura, caminos, etc. Una campaña a base de “copos” y de punta de lanza –que no es tal punta, sino lo contrario; un abanico que se despliega precisamente en su punta- daba resultados magníficos al comando alemán. Tan extraordinarios, que el general Weigand no llegaba a comprender el método ni aún en los días históricos del Somme, cuando una sola punta de lanza, bifurcándose, envolvía doblemente a los franceses: hacia la costa por la derecha alemana y sobre París por la izquierda. Notábamos en la crítica anterior que esos planes variaban esencialmente  si se trataba de zonas sin caminos en estación de lluvia. Y es esto, seguramente, lo que no llegó a precisar bien el comando italiano, encontrándose con una resistencia que estaba más en las dificultades de poder avanzar que en la oposición puesta por el enemigo.
 Esto no quiere decir que haya de darse crédito a los telegramas de los héroes de la Vl Columna. En otras ocasiones hemos puesto en relieve como transformaban en decisivas victorias y formidables avances, en Noruega y Bélgica, lo que no eran más que gruesas derrotas y retrocesos espectaculares. ¿No acaba de decir “Le Temps” que los periodistas de Francia y Gran Bretaña no decían más que mentiras, con la particularidad  de que los redactores del mismo “Le Temps” estaban entre los más torpemente embusteros?
 Hay que recalcar que el nuevo comando italiano no tendrá más remedio que operar a base de los mismos planes de su antecesor, porque eran irreprochables, tanto en cuanto a la ofensiva del ala derecha entre el Pindo y el mar, a base de la conquista de Janina, como la del ala izquierda  por el sur del lago Presba dirigiéndose a Florina. La primera ofensiva fue concebida de una manera audaz, dicho sea en honor del general destituido, y repetimos que el nuevo comando no tendrá más remedio que copiar este plan estratégico, que puede el lector rehacer  delante del mapa de la página 2 del número anterior: el rodeo de la ciudad por la costa y a la vez las alturas del Pindo.
 Los griegos reciben continuamente buen material de la armada británica, cargado a cuenta de Grecia, por supuesto. No se comprende por qué no se ha formado ya un cuerpo británico en Salónica, que iniciase por su propia cuenta la fortificación de la ciudad y empezase el avance por este lado, tan peligroso para los intereses helénicos. Cierto que la situación es distinta. Si Gran Bretaña envía material a las tropas griegas, lo cobra a buen precio. Si se organiza un cuerpo británico, Inglaterra pierde el material y las vidas que se inmolen.
 Hace casi quince días que las hostilidades comenzaban y los británicos se han limitado a ocupar aquellas islas que estratégicamente les convenían para su resistencia en Egipto y el Mediterráneo. Hace ello suponer que la beligerancia griega  ha servido, no para una ayuda a todo ful a Grecia, sino a un mejoramiento en las posiciones británicas.
 Así que el general Ubaldo Soddu, antiguo jefe de Estado Mayor, haya reorganizado sus fuerzas  que están ya dentro de territorio griego, y las haya enlazado con las que continuamente van afluyendo desde Brindis, recomenzarán las operaciones, que han sufrido en este primer período el efecto de unas condiciones naturales que han hecho defectuoso el plan. Y los nombres de Janina y Florina reaparecerán muy pronto en los telegramas. Entre tanto pueden