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Conferencia Marítima Panamericana La SI 30/11/40 p. 2-3

Conferencia Marítima Panamericana
La SI 30/11/40 p. 2-3

 Se ha reunido en Estados Unidos en estos días la Conferencia Marítima Panamericana que estos pueblos habían proyectado en La Habana..
 El presidente de ella, Mr. Sumner Welles, ha dicho que se trata de un fenómeno originado por la guerra. Y no es así. La guerra lo ha agravado. Subsistía desde largos años Y era por esto que en todas las Conferencias Panamericanas se habían preocupado verbosamente de él, sin hacer nada efectivo, por supuesto. Las Conferencias panamericanas se las ganan a la misma Ginebra en cuanto a ineficacia y charlatanería. 
 El problema  de los transportes marítimos americanos adolece de graves enfermedades múltiples. La principal de ellas (diríamos que la únicamente importante) es la que se refiere  a no tener estos países latino-americanos tonelaje propio suficiente y quedar sus exportaciones e importaciones, por lo mismo, a merced, no del extranjero en general, sino de la marina comercial norteamericana.  Así se ha dado el caso de que los buques norteamericanos se hayan negado a embarcar productos nacionales de América Hispana cuando podían desfavorecer productos de su propio país, quedando la producción americana a merced de Estados Unidos y en condiciones inferiores a la de los Protectores.
 Cuando en las Conferencias Panamericanas se hablaba de este problema  se apuntaba a Norte América como causa de estas perturbaciones. Cuando se decidía que había necesidad de que cada país fomentase el aumento de su tonelaje comercial y que, al lado de esas marinas nacionales, se estructurase una Flota Ibero Americana con bandera propia común, se daba francamente en el remedio necesario.
 Por eso decimos flota norteamericana. Porque, desde el instante en que se tratase de aumentar la flota de Estados Unidos, estaríamos en el mismo vicio original y mucho peor cuando más aumentase aquélla, y no las nuestras: a merced la producción de toda la América de que un solo país (precisamente el imperialista) pudiese decidir que cada uno de estos pueblos pudiese vender (transportar) sus productos, o no. Inútil es decir que, bajo esta base, no solo la soberanía real de estos países quedaría en manos estadounidenses, sino que esa sujeción imperialista aumentaría.
 Es interesante ver el segundo problema que puede tratar esa Conferencia, si fuese algo de la cual pudiese esperarse nada, que no es así: la agravación de las dificultades de siempre  por causa ahora ¿de la guerra, como dice Mr. Sumner Welles? No. Por causa de la infracción de las leyes de la guerra por parte de Gran Bretaña y de estar Estados Unidos a favor de esa infracción contra los pueblos de América
 Estos están en su derecho al mandar productos a los pueblos beligerantes, si van destinados a la población civil. Contra el derecho de gentes no permite un determinado beligerante a los neutrales ejercer ese derecho. Y Estados Unidos, en vez de ponerse a favor de los países americanos contra el europeo que, además, infringe el derecho internacional, se pone en favor del europeo y del conculcador del derecho internacional, contra América. 
 Es que esto le conviene. Por dos causas especialmente. Primero, porque así vende él  a Gran Bretaña productos que dan trabajo a millones de trabajadores. Segundo, porque esa infracción británica del derecho de gentes pone a estos pueblos americanos en manos de Estados Unidos. Interés, egoísmo, imperialismo. Nada más.
 Ante esos dos hechos ¿qué dirá el representante norteamericano? Nada. Desviará el asunto. Y los representantes de los demás países  tampoco dirán nada. Han ido allí en son de hacer retórica, y de dar un poco de trabajo a los hoteles norteamericanos. No, en son de decir verdades y llamar a cuenta a Estados Unidos, responsable en buena parte de esa situación marítimo-comercial americana.
 La Conferencia se deslizará como las anteriores Panamericanas. Llegará al sumo interés retórico. Lo ultrapasará el interés en fiestas, paseos y vagabunderías. Se acordarán notables cosas. No se realizará ninguna. Ni los mismos que las acordarán se preocuparán de ellas más.
 ¿A qué, pues, la reunión? Uno de tantos anillos como está soldando Estados Unidos para cazar personalidades ibero-americanas mediante conversaciones, viajecitos huasos y honores que tanto agradan a los personajes que no están a la altura.