Guerra 1939 40 11 23 30
Índice del Artículo
Guerra 1939 40 11 23 30
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¿EE.UU. en el Plata? La SI 23/11/40 p. 1-6
Los griegos entran en Albania. Triunfos de Grecia. La SI 30/11/40 p. 1-2
El Pacto sextipartito La SI 30/11/40 p. 4
Pío Xll habla de paz La SI 30/11/40 p. 4-5
Los agazapados impulsores de la guerra  La SI 30/11/40 p. 5

¿EE.UU. en el Plata?
La SI 23/11/40 p. 1-6
ver América países “Uruguay”

Los griegos entran en Albania. Triunfos de Grecia.
La SI 30/11/40 p. 1-2

Derrochando hipérboles y avanzando formidablemente por la ruta fácil de la ilusión, los Comunicados griegos se han lanzado con incontenible impulso por los caminos del más exagerado optimismo.
Cierto que han entrado en Albania con coraje admirable; que han tomado Koritza y, más al norte, al sur del lago Ockrida,  parece que Pogradetz; que los ejércitos italianos han sido desarticulados, estando en estos instantes en plena reorganización, en los valles de los ríos albaneses. 
 Ante tanta literatura sobre este mes de guerra ítalo-griega, vamos a intentar un resumen, dando las líneas medulares de los planes italianos y de su derrumbe momentáneo, resultado de ello notables victorias de los helenos, logradas bajo una dirección bajo todos los puntos loables.
 Los planes de los italianos, después de largas y pacientes conferencias con los diplomáticos alemanes, consistían en una rápida triple ofensiva que marcábamos en su día en varios mapas, uno de ellos el que reproducimos en nuestra página 3. La columna del ala derecha debía correrse por toda la costa del canal de Corfú, hasta llegar al golfo de Arta, límite del Epiro. La columna central debía dirigirse a Janina, en el lago de su nombre, tomándola de flanco, y, al fin, dándose la mano con la columna anterior, ambas a dos entrar en las llanuras de Tesalia. La columna del ala izquierda debía entrar por el surde los lagos fronterizos tomando a Florina, donde el único ferrocarril de importancia marca el camino de Salónica, Meca e ideal deseado.
 Soñar en una guerra relámpago, por el estilo de las alemanas de 10 a 20 días, era pensar en lo excusado, y no entraba esto en el plan italiano. Pero con las proporciones debidas, el anterior plan debía ser todo lo posiblemente rápido, para que el factor sorpresa jugase su parte en el avance.
 Ya al iniciarse las hostilidades, se veía que el plan tenía al algún lado flaco. El principal defecto consistía en los errados informes del ministro italiano en Atenas, el cual había dado como nula la preparación del ejército griego, salvo las Líneas Metaxas que carecían de importancia.
 Ese informe resultaba poco exacto. Bajo tres puntos de vista especialmente: la movilización griega, las bases aéreas británicas en Grecia y el material bélico.
 Cierto que la Línea Metaxas, con otras dos auxiliares, eran muy poca cosa. Las Líneas están en decadencia y no eran éstas, griegas, las que pudiesen hacer reaccionar el concepto. En cambio, desde hacía seis meses se había ido realizando una movilización invisible, la cual permitía acumular en dos regiones griegas de fronteras 150.000 hombres. La mitad, en las montañas del Pindo, viendo desde allí hacia donde habían de acudir  contra el ala derecha italiana; y la otra mitad, en los alrededores de Florina, con vistas al ala izquierda italiana y la protección del camino de Salónica. El ministro italiano no había sabido ver esas concentraciones, con montañeses entrenados: todo griego del Epiro es, por naturaleza, alpino de nacimiento.
 En nuestras columnas se ha afirmado, desde mucho antes de la guerra, que Gran Bretaña tenía en Grecia bases navales, contra todo espíritu de neutralidad. Lo que no se sabía –y estaba en la obligación de saberlo el ministro en Atenas- era que los aeroplanos británicos en Grecia eran ya 57 el día de comenzarse la guerra, y que algunos de ellos estaban en la llanura de Tesalia y en la isla de Corfú. Lo cual era muy grave. Porque, si los aviones británicos no eran reclamados por una ofensiva simultánea en Egipto, las columnas italianas serían hostilizadas continuamente por abundantes fuerzas británicas, que precederían a los infantes griegos atacantes.
 Finalmente, no debieron ser acertados tampoco los informes de ese diplomático y de su adicto militar acerca del material que Grecia poseía, adquirido silenciosamente en Gran Bretaña