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Lord Lothian ha muerto La SI 21/12/40 p. 7-9

Lord Lothian ha muerto
La SI 21/12/40 p. 7-9

 a) En una de las declaraciones sensacionales del mariscal Petain meses atrás, confirmada por Mr. Duff Cooper recientemente, se notaba el dolor de los aliados de no tener amigos en toda la Europa. Fue el mariscal francés el que con entereza de soldado confesaba antes que otro esa “splendid isolation”, que dejaba ahora de ser espléndida, a tenor de las lamentaciones que ella motivaba en ambos ilustres manifestantes.
 En el terreno internacional hay dos clases de colaboraciones: las que se hacen a base de igualdad en los sacrificios y en las ventajas y las que se realizan de modo que, bajo la etiqueta de igualdad, vibra una desigualdad enorme, consistente en que uno de los aliados ha de hacer los sacrificios mínimos llevándose las ventajas máximas.
 Con pretensiones de una colaboración de esta última clase comenzaba la presente guerra. Y no se escondían los altos dirigentes británicos de decirlo. Al jefe del Gobierno, en el día de la declaración de guerra, se deben estas palabras, que hay necesidad de retaraer muchas veces  para escarmiento de pueblos y gobernantes: “La heroica Polonia se batirá bravamente defendiendo así a nuestro pueblo, a la libertad y a la democracia. Nosotros no tenemos mejor manera de servir estos principios que continuando la vida ordinaria, reemplazando el comercio alemán, es decir, trabajando, vendiendo y comprando “as usual”.  Dos palabras –estas últimas- que deberían ser grabadas en plomo, que dicen que es el metal trágico, para ser recordadas escarmentadoramente.
 Gran Bretaña y Francia se habían equivocado. Una diplomacia inepta les había hecho durar la ilusión de que habría -¡todavía!- pueblos que estaban dispuestos a morir y matar para provecho de otros pueblos, que se sentaban a trabajar cómodamente. Pero esto era una pura imaginación, cuyo espejismo debía desvanecerse tan pronto como resonasen los primeros cañonazos. Los que todavía hacían el Quijote, caían heridos: Polonia, Noruega, Holanda, Bélgica.  Los pueblos del oriente se retiraban todos decididamente del lado de los pueblos comodones.
 Desde el comienzo de esta guerra un hecho frapa a quien quiera que aspira a ver las cosas objetivamente: mientras Alemania, recluida y sin barcos, no ha pedido jamás a un soldado extranjero que se uniese a sus huestes, ni a un pueblo cualquiera que se sacrificase por ella, de Gran Bretaña ha surgido constantemente un clamor de ayuda que parece absurdo a los que raciocinen lógicamente. 
 Los neutrales tienen el deber de ayudarla. Los amigos deben sacrificarse por ella. Deben llegar a ella aviadores de todos los países de la tierra. Clama por soldados de todas las nacionalidades: franceses, polacos, checos, noruegos, holandeses, belgas, negros, hindúes, zeelandeses, canadienses, australianos, sudafricanos, de cualquier otro país que pueda integrar la abigarrada Legión extranjera. Todos los países neutrales deben morir de hambre por ella (niños, viejos, enfermos, mujeres) dejando el mundo de vender a los europeos productos no bélicos. Todas las materias primas del mundo deben acudir a Londres. Y pide, y exige, y apremia esa ayuda integral –todos a salvarla- el país que nos dice constantemente que cuenta con la mejor escuadra del mundo, que es dueño de los mares, que tiene recursos económicos inacabables, que cuenta como súbditos con más de 400 millones de habitantes…
 No se dirá que sea esto un hecho extraño, no solo militarmente hablando, sino también desde el punto de vista del Buen Sentido. Militarmente hablando, acaba de decir el general Woods, guerrero norteamericano, que “no merece ayuda el pueblo que, siendo grande y poderoso, no es capaz de salvarse por sí solo”. A través del Sentido Común, ese hecho es absolutamente absurdo, aunque realmente existente.

 b) Esos clamores de ayuda se dirigen por todos los medios a todos los puntos cardinales. A todos, menos al propio país británico. Y ahí se nos aparece un segundo fenómeno y otro motivo de alarma. Si era absurdo que el país más poderoso de la tierra mendigase de rodillas ayuda de todos, lo es más todavía, que mientras explica al exterior que para salvarse necesita esa ayuda mundial, se entretenga explicando a los habitantes del propio país que no necesita ayuda de nadie y que todo marcha espléndidamente en esta guerra sin cuartel en que está empeñado.