Guerra 1939 40 12 28
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Gran Bretaña, Estados Unidos y el Eje La SI 28/12/40 p. 1-4
La guerra en Albania y África  La SI 28/12/40 p. 4-5
La ilógica contra el avión La SI 28/12/40 p. 5-6

Gran Bretaña, Estados Unidos y el Eje
La SI 28/12/40 p. 1-4

 ¿Cómo es que no ha explotado antes este problema  de la “neutralidad que no es neutralidad de Estados Unidos? Los que todo lo fían a equilibrios dirán que porque Alemania echada de cabeza sobre su guerra europea, no ha querido suscitarse más dificultades. Nosotros, daríamos a esa paciente indiferencia alemana otra causa, que no nos atreveríamos estampar ahora. Habría de parecer a muchos descabellada, y aún a pesar de su lógica absoluta, carente de lógica. Pero emboquemos este problema a la luz de los acontecimientos de estos instantes.

 a) La muerte de Lord Lothian, si ha privado a Gran Bretaña de su mejor diplomático, ha dado ocasión, por carambola, a que se planteen problemas que el Gobierno británico no se atrevía a tocar, a pesar de la enorme necesidad de hacerlo. Uno de los más importantes, la eliminación del ministro de Relaciones, lord Halifax, que era puro peso muerto en una zona tan delicadamente importante como la cancillería.
 Estaríamos conformes en la necesidad de echar a Halifax del ministerio de Relaciones. Pero no estaríamos todos igualmente conformes en los motivos de esa necesidad.
 Mr. Churchill –con él todos los elementos jóvenes de la aristocracia británica, que es la que corta el bacalao en aquella singular democracia- tenía tres motivos para desembarazarse del canciller.  Había otro motivo, más hondo, aunque ellos no lo viesen.
 Primero, una superstición. Decían que Halifax representaba una “política de apaciguamiento”. Si se preguntase a cualquier inglés que explicase esos términos, se vería en buenos apuros. Cuando un pueblo desciende, se inventan frases, sobre las cuales se descargan todas las iras. Afortunadamente, las frases son impasibles y no pueden expulsarse. Esas frases, que se hacen responsables de quien sabe qué disparates, libran a los hombres de esa responsabilidad.
 El “espíritu de apaciguamiento” de lord Halifax se podía referir al pasado o al presente,  es decir, al Pacto de Munich o a la actuación en la actual guerra.  En ninguno de los dos casos se ve nada de ese espíritu de apaciguamiento de que hablan los diarios británicos, ávidos de echar el muerto sobre frases vacías.
 Se ha probado hasta la evidencia, después de los Libros Blancos y de las mismas explicaciones del difunto Mr. Chamberlain, que el Pacto de Munich fue firmado porque Gran Bretaña no estaba preparada, en aquellos instantes, para sostener una guerra con Alemania. Lo ha dicho el propio padre de la criatura, Chamberlain. Y hay que creerlo, parece. De no haberse firmado aquel Pacto, venía la guerra muchos meses antes de lo que después explotaba. Si ahora, con elementos cuádruplos, Alemania barría con toda la fuerza británica de tierra y ponía en peligro inminente la isla, excusado es decir lo que habría pasado de explotar la guerra mucho antes. La conducta Chamberlain-Halifax en aquella ocasión no era más que una prudente ganancia para Gran Bretaña, capacitada, precisamente por esa firma, de poder armarse sin peligro durante unos meses cuando menos. De este modo realista concebida aquella firma, se trataría de un paso táctico dentro de una estrategia bélica bien determinada
 Remontémonos más arriba del pensamiento de lord Halifax. Los que critican aquella firma como algo de “apaciguamiento indebido” quieren decir que no están conformes con lo que en aquel Pacto se rubricaba. Tampoco estaban conformes Halifax y Chamberlain, pero aparentaban estarlo. Y ese no estar conforme se refiere nada menos que al principio de nacionalidades y al de autodeterminación de los pueblos. Checoslovaquia era una tiranía imperial de un pueblo minoritario sobre otros de población más densa. Sería interesante preguntar a los demócratas si su democracia consiste en tiranizar razas, ahogar la libre determinación y someter una minoría por la fuerza bruta a una mayoría. 
 No se trataba, al firmar Halifax el Pacto de Munich, de apaciguamiento, sino de un compás de espera para poder hacer la guerra eficaz y triunfadoramente.
 Si, al hablar de apaciguamiento, se refieren, no a antes sino a la guerra actual y su conducción, lord Halifax ha sido el político más fríamente belicoso y accionador del ministerio. Porque él fue –y hemos de referirnos a esto, luego- el que, no solo empleaba para ganar la guerra todas las armas lícitas, sino que hacía uso de armas tan ilícitas, contrarias al derecho de