La SI GGL 1937

El Excmo. Obispo de Valparaíso, Monseñor Dr. Eduardo Gimpert    La SI 04/09/37 p. 5

El Excmo. Obispo de Valparaíso, Monseñor Dr. Eduardo Gimpert  
La SI 04/09/37 p. 5


“La Semana Internacional” se inclina respetuosa ante los restos venerandos del Excmo. y Rvdo. Señor Doctor Don Eduardo Gimpert, Obispo de esta Diócesis, justamente llorado por su grey que pierde un sacerdote, un padre y un pastor.
No necesita esta revista hacer una extensa biografía del ilustre extinto. En el corazón sangrante de cada uno de los católicos y en la mente de cada uno de los habitantes de este puerto, están grabadas con la mano indeleble del recuerdo los muchos actos culminantes de su vida de sacerdote y de Obispo. Nosotros tan sólo nos referiremos al sociólogo y al amador desinteresado del pueblo, al que puso verdadero interés en la solución de los problemas sociales vivos, al que escuchó con cariño y gran visión de los tiempos, la voz de León Xlll y la de los esclarecidos sociólogos de la Democracia Cristiana.
Monseñor Gimpert poseía el raro don de comprender el instante en que vivía. Dotado de un talento abierto y de una voluntad estudiosa, había llegado a asimilar el programa magnífico de la escuela social católica. Y junto a esta asimilación de la inteligencia, se fue haciendo en su vida la lenta transformación de “lo social” como norma orientadora de toda su actividad de sacerdote y de prelado.
Han transcurrido más o menos veinte años, desde que Monseñor Gimpert inició ya aquí, en Valparaíso, el movimiento económico-social de la Iglesia. Bajo su batuta eminente y autorizada, comenzaron a echarse los primeros granos de ese trigo substancial de las palabras del “Papa de los Obreros” en el surco esquivo de la acción popular. Funda centros de opinión, en que se discuten mano a mano con los enemigos de la religión los más intrincados problemas del momento; crea asociaciones de jóvenes entusiastas, destinadas a dar vida nueva e imperecedera a aquella actividad primordial y única de los tiempos modernos; se preocupa por la formación de centros de estudios donde, en el yunque del sacrificio y la humildad de los consejos y directivas, van naciendo los primeros apóstoles de la gran causa de la Democracia Cristiana. Y sabe enlazar admirablemente estas instituciones con un Secretariado Social, modelo de organización y de actividad directriz.
A su lado, ha reunido un consejo de sacerdotes animados de esta misma fe, entusiastas y decididos de la causa del pueblo, Pbros. Martín Cárcamo, Lorenzo Aguiar, Miguel Ulloa O., Luis Araneda B., José Luis Lizana, etc., todos los cuales han constituido la avanzada consultiva –y de acción efectiva- del trabajo social de la Diócesis.
Tal vez para muchos la semilla lanzada por mano tan experta como la de Monseñor Gimpert, no ha dado óptimos frutos. Pero lejos de creer que los mismos que siembran deben ser los que cosechan y que los apóstoles de Cristo encadenan su labor y su entusiasmo al aplauso inmediato, debemos declarar que toda esta labor desinteresada y hecha con tanto sacrificio, ha rendido en demasía todos los frutos que lógica y naturalmente debían esperarse.
Sin caer en el feo defecto de la inmodestia, ¿podría alguien discutir que aquí en esta Diócesis han tenido nacimiento movimientos sociales de trascendental importancia para Chile? ¿Que las mayores iniciativas a favor de una acción conjunta, económico-social y política, comenzaron en este puerto? ¿Habrá alguno que niegue el valor a todo este trabajo en la formación de movimientos afines donde jamás se la hubiere imaginado? ¿Podremos siquiera discutir que en Valparaíso y con vista a Santiago, se ha realizado la más formidable campaña de opinión en pro de estas ideas?
Y bien, es necesario decirlo: toda esta actividad encontró siempre y en cada instante el más decidido apoyo del ilustre Prelado que con tanta razón lloran hoy los elementos obreros y las clases populares de la Diócesis.
Cuando se escriba la historia de los movimientos sociales de Chile, parte no pequeña ocupará Valparaíso por sus sugerencias, insinuaciones y libre labor. Y dentro de este marco colosal de acción, se destacará con perfiles nítidos la excelsa figura de Monseñor.
Quiera Dios que en premio de su obediencia e incondicional lealtad al Vicario de Cristo en la tierra y en mérito de sus sacrificios por esas clases que necesitan más que nadie de la protección de la Iglesia, repose su alma en el seno luminoso de la Eternidad.