Guerra 1939 42 03 07
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Guerra 1939 42 03 07
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La batalla de Java  La SI 07/03/42 p. 1-3
Los rusos atacan de nuevo. La guerra en Rusia  La SI 07/03/42 p. 5-6
Hambre en el Cercano Oriente. Hambre en los países “nativos”  La SI 07/03/42 p. 6-7

La batalla de Java
La SI 07/03/42 p. 1-3

 a) Como reguero de fuego van corriéndose los japoneses por esas enormes islas holandesas, testigos ahora de la descomposición de un Imperio. Quien conozca las enormes distancias, así como los poderosos pueblos contra los cuales pelea solo el nipón, no puede menos de sorprenderse  de esa ráfaga de victorias, que sobrepasan los augurios más optimistas. Efecto, seguramente, de dos extremos morales ambos de enorme eficacia: el negativo de una descomposición ilimitada por parte de los imperiales,  y una habilidad integral sin par por parte de los liquidadores de la hegemonía blanca –desgraciadamente blanca- sobre millonadas de hombres merecedores de mejor suerte.
 El mapa de la portada nos muestra, objetivamente, lo que representa la extensión de esas tierras, recorridas ahora como polvorín encendido por los nipones. Australia tiene no menos 7.760.000 kilómetros cuadrados. Dentro de ellos cabe Europa entera  y aún buena parte de la Rusia. Francia, por ejemplo, es un pequeño país al lado de esa isla gigantesca. Nueva Guinea tiene 660.000 kilómetros cuadrados, dos veces Gran Bretaña. Sumatra es tan grande como Francia. Borneo es mayor que Italia. Y Java, la isla famosa de estos instantes bélicos, a pesar de ser la menor entre las grandes, no tiene menos de 132.000 kilómetros cuadrados tan densamente poblados, que Estados Unidos es tierra atrasada a su lado: tiene más de 200 habitantes por kilómetro cuadrado, cuando Norte América tiene escasamente 5.
     Java es el corazón de las Indias Holandesas, aunque realmente pertenecen enteras a intereses norteamericanos y británicos. Situada casi en la misma  línea ecuatorial, la isla sufre una temperatura propicia a la exhuberancia del trópico en sus partes bajas, que son especialmente las del norte, mientras en las abruptas montañas del sud se disfruta de una eterna primavera. 
 Son famosas estas montañas por sus innumerables volcanes, dos docenas de los cuales están  en erupción casi continua. Puede ya predecirse, con esto, que abundarán las sulfataras y también los aceites minerales, de los cuales la isla explota especialmente los de sus parte central y oriental, con modernos oleoductos que llevan el aceite al ahora abandonado puerto de Soerabaya.
 Sus 43 millones de habitantes, a pesar de su tendencia a la pasividad y a los violentos goces del amor poligámico, se mantienen perfectamente gracias a la feracidad de la isla. Extraordinarias cosechas de arroz constituyen el principal alimento de los javaneses, rociado con té o café, producido de óptima calidad en el país. Los extranjeros que explotan la isla puede decirse que se circunscriben al petróleo, caucho y cantidades inferiores de otros productos, teniendo a sus órdenes, a base del trabajo realmente de esclavos, a un millón de indígenas, los demás refractarios aún a una colaboración económica.
 Los hogares javaneses viven esparcidos por toda la extensión de la isla, especialmente el norte, en casas rudimentarias y primitivas, y en medio de escasas ventajas. Los holandeses no se han preocupado más que de sus negocios, que constituían un tesoro para una minoría de europeos holandeses y británicos, así como norteamericanos. Es así como, salvo pequeños detalles, todo marcha como en los días de la conquista, que los holandeses realizaron por todos los medios, y se supone cuales preferentemente.
 Bajo bosques de palmeras y otros árboles frutales, cada hogar cultiva lo necesario para su mantenimiento, y no más.   Los hombres dedican sus ocios a la defensa de ese hogar, muchas veces en peligro. Las mujeres, singularmente suaves y bellas, pasan el día encantadas entre el apacentamiento de sus hijos, numerosos, y el goce de las danzas ancestrales, que han devenido famosas aún en los centros urbanos de raza blanca. La danza javanesa es un rito múltiple,  y sus danzarinas, cuerpo y espíritu en integral colaboración, ofician sus ritos con sus bailes, llevados a una perfección mímica admirable.

 b) Como tromba han descendido ahora los nipones sobre la isla famosa, desde sus lejanías del norte. Son conocidos los escalones sucesivos de avance, que acababan la semana pasada clavando sobre ambos extremos de Java las dos pinzas de una tijera amenazadora: una desde Banka; otra desde Bali.