Guerra 1939 42 04 18 25
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La India en marcha  La SI 18/04/42 p. 1-4
Aires de primavera. Vientos de primavera La SI 18/04/42 p. 4-6
Como se desenvolvió la Defensa en el Frente Ruso. Las maneras de la defensa alemana en invierno La SI 18/04/42 p. 6-8
Cercando Australia.  La SI 18/04/42 p. 8
Una broma pesada: el Nuevo Frente está abierto. La broma del segundo frente La SI 25/04/42 p. 4-5
Los ingleses abandonan Birmania La SI 25/04/42 p. 6-7

La India en marcha
La SI 18/04/42 p. 1-4

 No podía ser otra cosa. Desde los primeros días en que el problema hindú era nuevamente puesto sobre la mesa de las cuestiones urgentes, no titubeábamos un solo instante en anunciar que la India en manera alguna caería en la trampa. En la trampa de los últimos absurdos, vacíos de contenido, de que alardeaba el alto enviado británico. Era necesario estar ciego –y desconocer los datos del problema además- para ni siquiera sospechar que podía ser otra cosa.
 Lo sospecharon los ingleses de ambos lados del Atlántico. Lo cual prueba a qué lamentable estado de incomprensión han llegado personajes responsables, que tienen la desgracia de guiar a grandes pueblos.
 Pero esa enorme derrota diplomática ofrece en sus últimas horas detalles de una importancia que no pueden ser pasados por alto.

 a) Pongamos en pocas palabras, dejándonos de la retórica tan grata a los actuales gobernantes británicos y norteamericanos, lo que Mr. Cripps y los gobiernos británico y norteamericano, “ofrecían” a los hindúes y a cambio de qué:  
 OFRECÍAN: continuar todo como hasta ahora –los ingleses amos- pero nombrando un ministro de guerra hindú el cual no podría decidir nada. Después de la guerra, la India sería un infradominio, con un ejército y policía en las manos extranjeras de los británicos. Y todavía parte de la India (los príncipes y sus zonas) tendrían derecho a separarse de la India y quedar en manos británicas.
 PAGO: los hindúes, para tamañas ofertas, habrían hora de poner a disposición de Gran Bretaña millones de soldados, que pagaría la India, para defender la causa inglesa.
 Cualquiera que serenamente lea esto, se hará cruces de que continúen en Londres creyendo que el resto de la humanidad es un rebaño de idiotas que no entienden las palabras. La India está actualmente mal, porque vive bajo la bota imperialista de la democracia británica. Pero, de aceptar las ofertas británicas, habría quedado peor, aunque parezca simplemente absurdo que fuese ofrecido ese peor como ventaja. Tiempos de Invertidismo.  Ahora la India soporta, pero no acepta, la bota extranjera. De aceptar esos “ofrecimientos a la inversa”, aceptaba para indefinidamente la tiranía imperialista, aún suponiendo que Gran Bretaña cumpliese la palabra para después de la guerra: que no le hacía honor después de la guerra anterior.
 Es interesante poner atención en lo que exigía Cripps acerca de los territorios gobernados por maharajás. Para mayor intención, en el mapa de esta primera página hemos marcado la enorme extensión  de la India que esos príncipes gobiernan, y será bueno que el lector eche una mirada sobre ella. El Gobierno británico exigía que, al tratarse –después de la guerra-  de una relativa autonomía hindú, los diversos príncipes pudiesen escoger entre formar parte de la India y su Gobierno o quedar tal como están ahora.
 ¿Qué hubieran escogido esos príncipes de leyenda? Los conocemos solo por medio de leves artículos de la desprestigiada prensa mundial, en los cuales nos cuentan un montón de lindos cuentos sobre inmensas riquezas, sobra montañas de diamantes y oro en barras, sobre séquitos de centenares de elefantes, sobre suaves serrallos con centenares de lindas muchachas, cazadas en todas las zonas étnicas de la tierra, desde el París de Francia hasta las covachas negras del África, donde abundan las turgentes bellezas de brillante ébano y precoces afanes. Pero ese aspecto carece de importancia, como no se relaciones con la inmensa miseria que reina en esos maharajatos. Millones de hombres vivos carecen de lo más elemental para una vida siquiera animal. La tiranía más abyecta pone sobre almas vivas el látigo omnipotente de príncipes crueles y sanguinarios. Como en las edades más atrasadas de la historia, millones de mujeres y niños sirven de esclavos a esas cortes orientales. La ignorancia supina prima en la vida de esos pueblos infelices. Una miseria integral como no se conoce ya en pueblo alguno –menos, todavía, en las colonias francesas de esa misma Asia- ni aún en las islas paradisíacas de la Oceanía prehistórica de estos instantes.