Guerra 1939 42 08 01
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Guerra 1939 42 08 01
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Más allá del Don. En las aguas del Don. La SI 01/08/42 p. 1-4
El Eje conquista Siwa. Conquista del oasis de Siwa La SI 01/08/42 p. 4-6
Ofensiva nipona en Papúa. Los nipones en Papúa La SI 01/08/42 p. 6

Más allá del Don. En las aguas del Don.
La SI 01/08/42 p. 1-4

 a) Tengo a la vista una bizarra caricatura, que aparecía en un diario extranjero y otro, local, la copiaba. Fue trazada por un “artista” de tres al cuarto durante aquella fenomenal tomadura de pelo con que las agencias norteamericanas y británicas explicaban, en el primer frío cuatrimestre de este año, cómo los rusos ganaban las más gigantescas batallas; cómo los alemanes quedaban hechos guiñapos para siempre más; cómo, en fin, el Estado Mayor aliado, presidido por el fregado general Invierno, había triunfado ya decisivamente. ¿Qué les queda ya a los alemanes, sino hombres viejos, armas escasas y riñas entre sus generales? Y el “pobre” Hitler era presentado al público hecho un estropajo, el cuerpo rendido, la cabeza gacha, las piernas flaqueando, los ojos mustios. Y, luego, la bella leyenda: “Este hombre ya no sopla”…
 Hitler está soplando en el Don. Y es tan ambicioso ese hombre, que no parece sino que le ha dado ahora para soplar en el Volga, con perdón de ese infeliz dibujante que sentará fama con su peregrino instinto adivinatorio. Una laya de soplo que, al parecer, tiene agallas de ciclón.
 En el mapa de la portada del número anterior, después de marcados los avances del Eje en tierra rusas, poníamos una flechas negras (reaparecen en el mapa de la portada actual) mostrando lo que parecía iban a ser embestidas alemanas inmediatas. Era fácil acertar en este caso. Von Boch está desarrollando un teorema perfecto, siempre en proa a una solución ambicionada. Ha puesto en ella los factores que su saber le ha aconsejado. Era fácil presumir cuál sería la continuación del desarrollo bélico. 
 (Un paréntesis. Cuando se resuelven teoremas sobre naturalezas materiales, los factores son, más o menos, previsibles. Los hechos de naturaleza son, en buena parte, conocidos. La misma relatividad tiene sus variaciones conocidas. Más, cuando se trata de una ecuación viva, por intervenir hombres cuya voluntad se ignora, las ecuaciones son más difíciles de plantear, más peligrosas de resolver. Porque los hombres –en el caso bélico, el enemigo- pueden meterme en la ecuación factores que yo ignoro y que es necesario saber prever, a base de conocer la psicología del Comando contrario y la naturaleza del terreno Pero, en este caso ruso, en desconcertante derrota las fuerzas de Timoschensko y éste en extremos apuros ¿podía tener voluntad suficiente para introducir en el teorema alemán factores desconocidos que echasen abajo la ecuación? Era tan difícil, que por esto podía preverse lo que realmente sucedería).
 La flecha negra superior marcaba reciamente hacia oriente, a la curva más pronunciada del Don. Y por ahí se han deslizado las fuerzas del Eje, sosteniendo fieros combates con los rusos, que veían la necesidad de no abandonar esa comba, sosteniéndose en esa margen occidental del gran río. En estas horas del miércoles, todavía tiene lugar esa lucha, que es encarnizada. Faltan horas no más para que los soldados rusos, saltando al otro lado del río cosaco, vean de aferrarse a algo para detener la riada enemiga, abandonando del todo el suelo cis-doniano.
 Otra flecha negra mostraba una dirección primero hacia el este y luego hacia el sud, bajando de Woroschilowgrad y Millerovo. Y así tenía lugar: “Este grupo –decía la ampliación del Comando alemán- comenzaba una ofensiva 500 kilómetros al norte del Delta, forzando primero el espacio con movimiento hacia oriente, virando luego hacia el sur”. Una columna de este ejército se dirigía hacia el río Tchir, afluente de la ribera derecha del Don. Otra columna se dirigía hacia la confluencia del Donetz con el Don, apoderándose de ella y forzando el río, llegando a la ribera meridional.
 Pero fue la tercera flecha la que señalaba hacia Rostov, que era “la ciudad de la semana” bélica. Urbe industrial, con medio millón de habitantes, puerto fluvial del mar de Azof y bastión de la antepuerta del Cáucaso, había de ser defendida a muerte por los bolcheviques.  Y así era. Rodeada en sus tres cuartas partes, los rusos defendían su campo atrincherado con la energía que les es común. Forzadas las defensas, la ciudad era disputada calle por calle, casa por casa, durando esa sangrienta operación de limpieza tres días. Tras ellos, Rostov pasaba del todo a manos alemanas, lanzándose, luego éstos a la conquista del Delta, entre Rostov y el mar Azof, zona pantanosa, de difícil sometimiento.