Guerra 1939 42 09 26
Índice del Artículo
Guerra 1939 42 09 26
Página 2
Página 3
Página 4
Página 5
Página 6
Página 7
Página 8

¿Qué hará el Japón? El enigma japonés La SI 26/09/42 p. 1-3
Stalingrado, el convoy y el año del Segundo Frente. La guerra en los varios frentes La SI 26/09/42 p. 3-5

¿Qué hará el Japón? El enigma japonés
La SI 26/09/42 p. 1-3

 a) Los políticos de Gran Bretaña y Estados Unidos, tardos de mente que son, han llegado a comprender, sin embargo, a fuerza de golpes, una verdad admirable: que el éxito no pende de la materia, y menos del volumen de la materia, sino de los frágiles hilos que hilan en la oscuridad creadora la mente y el corazón.
 Las famosas conquistas, por ejemplo, del primer semestre de guerra nipona, están probando hasta la evidencia que fueron realizadas con mucho menos gente, con muchísimos menos medios materiales que aquellos de que disponían los aliados: todo el formidable  poder norteamericano acumulado en Filipinas, toda la elefantiásica fuerza y medios de los británicos en ese oriente que encerraba para ellos tan fundamentales riquezas, toda la potencia del Imperio holandés, unido a las fuerzas australianas y a la ayuda de tantas razas nativas, no fueron capaces de oponerse a la embestida de un pueblo que carecía de todo y que oponía menos de un cuarto de millón de soldados a todas esas fuerzas enemigas coaligadas.
 En una pequeña memoria que un general norteamericano acaba de presentar al Gobierno estadounidense, se nota la capacidad integral del soldado japonés para las conquistas: su fortaleza corpórea, su resistencia al hambre y la fatiga,  su mentalidad caviladora y vencedora de obstáculos, su recio patriotismo, que lo lleva al más heroico sacrificio como cosa regular y envidiable.
 Ya se van convenciendo de que el poder material, si es necesario, no solo no es lo que prima, sino que muchas veces, si está en manos de un tonto, estorba. Unos kilos de porotos bien digeridos surten su efecto. Si los he de llevar en la mano, son un obstáculo más que un alimento.
 Ha sido una nueva prueba de esa inferioridad de los medios materiales eso que los ingleses han dado en llamar Comandos, nombre nuevo –e impropio- para una cosa tan vieja como el primer ejército que haya existido. Los japoneses, contra todas las fuerzas aliadas juntas, desembarcaron donde les dio la gana, e invadieron cuantas costas les pareció necesarias. El general McArthur, en más de seis meses, con material abundante y hombres descansados, no ha logrado más que poner pie en unos islotes de las Salomón,  y allí ha quedado empantanado y algo más: seguro de que van  sus soldados a ser echados más que de prisa de esas pequeñas islas. Son ellos mismos los que confiesan que disponían de mayores medios, de más hombres, de mayor número de buques para esa operación ofensiva. Perdían la batalla.    
 El mismo Presidente Roosevelt, excelente representante de su pueblo en cuanto a adorador de la materia y el volumen, ya ha escarmentado algo a este respecto. Hasta hace poco, con una insistencia verdaderamente pueril, nos mostraba constantemente la superioridad material de su país sobre los del Eje. Afirmaciones ultra-materialistas, pronunciadas constantemente al compás de las más severas derrotas infligidas por los que poseían menos medios. Y ahora ya ha archivado el trágico Presidente ese disco tan monótono y estrafalario, por cuanto la realidad desmentía en el mismo instante las afirmaciones optimistas cimentadas sobre la materia.
 La materia abundante lleva a una confianza excesiva y a una digestión difícil y continuada. Y la historia nunca se contradice en cuanto a esto: el sueño de los hartos acaba siempre por ser batido elegantemente, decisivamente, por la agilidad de los que conocen la cara del hambre y han de aguzar la mente para sortear la materia ajena.  El hierro de conquista y los rayos de la victoria no se forjan sobre yunques en las grandes fraguas, sino dentro de los corazones y en el interior de los cerebros.
 Es por esto –porque se han convencido ya de esto- que en todos los ámbitos de los pueblos aliados están ahora con el ¡ay! en el corazón, porque la estación lluviosa está por irse, el nipón ha descansado cuatro meses, y sienten en la misma atmósfera algo que les dice que una segunda irrupción japonesa está al nacer. Ellos juzgan al pequeño enemigo amarillo, en estos instantes, agazapado y en tensión para dar un nuevo salto, que es posible que se lleve tras sí, no solo el heroísmo artificial de McArthur, sino los últimos restos del nombre aliado en esos dilatados mares del Pacífico Occidental
 Y así es, cierto. El invierno tropical se va. Sobre las yunglas amanece  el día primaveral. Se cierran las fuentes del cielo, las crudezas se desvanecen, los caminos primitivos limpian sus