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Los disturbios universitarios  LUX  01/08/26 p. 17-23

 

1 Nuestra Tesis

            Desde que explotaron los disturbios universitarios, la prensa de todos los colores ha venido criticando alrededor del conflicto. Desgraciadamente, con demasiada parcialidad la mayoría de los que han dado su opinión, mirando el conflicto, no lealmente y de cara a la realidad, sea ella lo que sea, sino a través de las engañosas coloraciones  de ese cristal que son las conveniencias políticas y de grupo.
            Fuimos nosotros, tal vez, los primeros que atribuimos esa indisciplina universitaria a la ñoñez y enquistamiento de la Universidad de Chile. Y, para ser justos, siempre hemos observado que no se trata de la Universidad  de Chile sino de la Universidad universal, sin exceptuar las norteamericanas y alemanas, aunque en grado mucho menor.
            Generalmente, la crítica se atenía a causas parciales. Quien atribuía la indisciplina a falta de educación moral o de principios religiosos; quien, a metodologías anticuadas; quien, a poco criterio en el rector y los profesores; quien, a flojera y espíritu anarquizante de los escolares.
            Nos pareció útil ir a la causa madre y no detenernos en estas causas inmediatas y parciales. Porque, si el alumno está anarquizado y flojo, no tomándole apego a las altas cosas del espíritu; si el rector y los profesores no están a la altura, explicando según metodologías trasnochadas o desconociendo los procedimientos modernos de educación juvenil; si faltan principios morales, según unos, o religiosos, según otros, por no haber sabido la Universidad conservarlos en los alumnos o creárselos; ; en suma, si con causas especiales pueden hallarse en distintos sectores, ello se debe a una causa global y única: que la Universidad no está organizada como Dios manda, vegetando en la metodología –y empleamos esta palabra en sentido lato, comprendiendo todo- de 1870, cuando la pedagogía universitaria consistía  en la “organización científica de la rutina”.
            Y no estamos solos en estas afirmaciones. Puédese decir  que no hacemos más que marginar las opiniones concordantes  de los más eminentes críticos, sin distinción de tendencias.  Limitándonos a Francia, citamos en su día la opinión de Barrés, expresada luminosamente en un largo artículo de la Revue de deux Mondes. Podríamos añadir opiniones similares de gentes de tan alta mentalidad y tan distintas ideas como Anatole France y Monseñor Baudrillart, el monárquico Carlos Maurras y el anarquista Barbusse, es decir, desde los corifeos de “L’Action Francaise” a los del grupo “Carté”.
            La Universidad está mal. Cuando en una máquina es posible que una rueda se salga de su puesto, es que su eje no está firme, es decir, que la máquina no funciona en condiciones adecuadas. Y se quisiera descender a particularizar los aspectos de esa mala organización , podría demostrarse fácilmente que lo abarca todo: desde la provisión de cátedras, a la del Consejo y del rector; desde la metodología discursiva a la ausencia de ideales; desde el desconocimiento de la educación moral hasta el apostolado magisterial, que exige maestros apóstoles dados en cuerpo ya alma a su misión formatriz de la juventud.

            Desde que explotaron los disturbios universitarios, la prensa de todos los colores ha venido criticando alrededor del conflicto. Desgraciadamente, con demasiada parcialidad la mayoría de los que han dado su opinión, mirando el conflicto, no lealmente y de cara a la realidad, sea ella lo que sea, sino a través de las engañosas coloraciones  de ese cristal que son las conveniencias políticas y de grupo.            Fuimos nosotros, tal vez, los primeros que atribuimos esa indisciplina universitaria a la ñoñez y enquistamiento de la Universidad de Chile. Y, para ser justos, siempre hemos observado que no se trata de la Universidad  de Chile sino de la Universidad universal, sin exceptuar las norteamericanas y alemanas, aunque en grado mucho menor.            Generalmente, la crítica se atenía a causas parciales. Quien atribuía la indisciplina a falta de educación moral o de principios religiosos; quien, a metodologías anticuadas; quien, a poco criterio en el rector y los profesores; quien, a flojera y espíritu anarquizante de los escolares.            Nos pareció útil ir a la causa madre y no detenernos en estas causas inmediatas y parciales. Porque, si el alumno está anarquizado y flojo, no tomándole apego a las altas cosas del espíritu; si el rector y los profesores no están a la altura, explicando según metodologías trasnochadas o desconociendo los procedimientos modernos de educación juvenil; si faltan principios morales, según unos, o religiosos, según otros, por no haber sabido la Universidad conservarlos en los alumnos o creárselos; ; en suma, si con causas especiales pueden hallarse en distintos sectores, ello se debe a una causa global y única: que la Universidad no está organizada como Dios manda, vegetando en la metodología –y empleamos esta palabra en sentido lato, comprendiendo todo- de 1870, cuando la pedagogía universitaria consistía  en la “organización científica de la rutina”.            Y no estamos solos en estas afirmaciones. Puédese decir  que no hacemos más que marginar las opiniones concordantes  de los más eminentes críticos, sin distinción de tendencias.  Limitándonos a Francia, citamos en su día la opinión de Barrés, expresada luminosamente en un largo artículo de la Revue de deux Mondes. Podríamos añadir opiniones similares de gentes de tan alta mentalidad y tan distintas ideas como Anatole France y Monseñor Baudrillart, el monárquico Carlos Maurras y el anarquista Barbusse, es decir, desde los corifeos de “L’Action Francaise” a los del grupo “Carté”.            La Universidad está mal. Cuando en una máquina es posible que una rueda se salga de su puesto, es que su eje no está firme, es decir, que la máquina no funciona en condiciones adecuadas. Y se quisiera descender a particularizar los aspectos de esa mala organización , podría demostrarse fácilmente que lo abarca todo: desde la provisión de cátedras, a la del Consejo y del rector; desde la metodología discursiva a la ausencia de ideales; desde el desconocimiento de la educación moral hasta el apostolado magisterial, que exige maestros apóstoles dados en cuerpo ya alma a su misión formatriz de la juventud.

 

11 La tesis parcial del Dr. Monckeberg

            Ha sido este profesor de la escuela de Medicina, uno de los que con mayor lucidez y valentía ha expuesto su punto de vista acerca de la cuestión escolar, tomada por los partidos políticos como cubilete para sus fines. En un artículo publicado en La Unión, el Dr. Monckeberg sostenía la siguiente tesis, que ha sido celebrada en cantidad de sectores de la opinión:
            1º Una falta absoluta de moral religiosa mantiene al joven desarmado para la disciplina y la seriedad universitaria;
            2º La enseñanza primaria y secundaria, así como la familia, son los responsables de esa falta de educación moral religiosa;