Guerra 1939 42 12 12
Índice del Artículo
Guerra 1939 42 12 12
Página 2
Página 3
Página 4
Página 5
Página 6
Página 7
Página 8
Página 9
Página 10
Página 11

Honradamente, no puede aceptarse. La mentira como sistema La SI 12/12/42 p. 1-4
Batalla de tanques pierden aliados en Túnez. La primera batalla en el norte de África La SI 12/12/42 p. 4-6
La guerra en Rusia y Asia. La guerra en otros frentes La SI 12/12/42 p. 6-7
La chuña rubia La SI 12/12/42 p. 7

 

Honradamente, no puede aceptarse. La mentira como sistema
La SI 12/12/42 p. 1-4

 a) Los que quieran captar las características esenciales de estos tiempos de transición, no han de olvidar una palabra, usual en estas crónicas, en estos instantes en plena actualidad a causa de acontecimientos de esta semana: Simulación.
 Es una palabra máscara, debajo de la cual está la verdadera: mentira. Y mentira organizada, como instrumento democrático de tomarle el pelo a la grey atea que merodea por los pastos escuálidos del imperialismo capitalista sajón.
 No somos mojigatos ni nos colorean las mejillas cosas más o menos raras. Somos de los que creemos que pecadores somos, la Falta Originaria puesta ya como una de las bases más claras de la nueva psicología. Pero, aún así,  las cosas han llegado a tal extremo, que lo que está pasando ahora enrojecería las mejillas a un sargento de presidiarios.
 Los que han estudiado historia –lo poco que se ha llegado a saber cierto de lo que se llama “acontecimientos históricos”- saben perfectamente que no ha habido época en que la historia no se haya dedicado a desfigurar hechos, a negarlos cuando convenía al historiador, y aún inventarlos tranquilamente
 Los historiadores griegos fueron unos solemnes farsantes. La democracia de Atenas, que ellos pusieron en las nubes y muchos tratadistas modernos se han tomado en serio, no era más que una dictadura del 7% de ciudadanos contra el 93%, que carecía de votos. Las famosas Termópilas no han existido jamás tal como nos la pintaron los patrioteros cronistas griegos. Los 300 que allá lucharon contra varios cientos de miles, eran varios miles que luchaban contra las vanguardias persas, no mucho más numerosas. El millón y pico de soldados que llevaba el rey persa contra Grecia, contados uno por uno por un farsante historiador helénico, quedan reducidos después de estudios de Mommsen y otros investigadores, a la modesta cifra de unos 60.000 soldados desarrapados.
 Toda la historia de la Edad Media, especialmente del segundo período, los sabios historiadores del X1X la tergiversaron en tal extremo que todo aquello ha quedado reducido a un cuento de las Mil y una Noche de la “historia” confeccionada a gusto del confeccionador. Esa Edad de los valientes y representativos parlamentos era la “Época del Obscurantismo y la Fuerza”; y la Edad Moderna, que elimina los parlamentos sin dejar uno solo, gobernando a los pueblos hatos incapaces de palaciegos perversos, era la “Edad de la Libertad”.
 El siglo X1X, como progresista que era, eleva esa farsa a la cúspide. Basta leer la historia de un mismo país escrita por dos “sabios” de ideas antitéticas, para saber a qué atenerse. Y no hablamos de la bacanal periodística, sumo de la inmoralidad y de la ignorancia, que “historia” los acontecimientos actuales: con desparpajo en se mezclan en diversas proporciones la incapacidad y la moral, cada diario nos pinta las cosas como le da la gana, inventando hechos, ocultando los que le molesta, tergiversando según el gusto del que paga al insigne periodista dedicado a “hacer historia”, que no a reconocerla.
 No exageremos, sin embargo, las censuras contra la brillante caterva del 4º Poder del Estado, como humildemente se califica a sí mismo nuestro gremio. Por esto hemos comenzado por tratar de embustero a Tucídides, y de farsantes a los embaucadores historiadores de los últimos siglos. Voltaire era el más fresco de esos “historiadores”. En una de sus cartas explica tranquilamente la necesidad de que el escritor falsifique los hechos y use de la mentira. Y sabemos todos de qué cínica manera él acudía a ese medio, negando hechos que estaban a la vista e inventando lo primero que se le ocurría cuando convenía a sus propagandas.
 No exageremos, por lo mismo, las censuras a los cronistas de nuestros días, que no hacen más que seguir la costumbre de los que les precedieron.
 Pero, aún partiendo de esa base de indulgencia, se llega a veces a extremos que necesitan, si no de una condenación virulenta, cuando menos de una notación amena, para que tomen nota aquellos que no hemos nacido para caminar con la cabeza gacha tras el cabestro de la pseudodemocracia.

 b) En la guerra del 14-19 esa tergiversación de los hechos llegaba a tener caracteres de arte bien tramado para llegar al fin que se supone: negar la realidad y engatuzar al mundo.