La SI GGL 1947
Bibliografía Benito Mussolini. Mi ultimo año. Milán. La SI 07/06/47 p. 9 por Guillermo Garnham López Bibliografía
Benito Mussolini. Mi ultimo año. Milán.
La SI 07/06/47 p. 9
Por Guillermo Garnham López


 Habla Mussolini. Libro amargo, rebelde y triste. Lo escribe Mussolini cuando ese viejo sol latino que alumbró con toda su plenitud el Imperio del “Rissorgimiento”, comienza a desleírse en el ocaso, entre las últimas brumas sanguinolentas de una derrota humillante para la altísima estirpe de los Césares.
 Había conseguido que su fiel amigo Hitler lo librara de la prisión del Gran Sasso, sitio ideal para la última águila romana, y vuelto al mando de sus leales legiones, se propuso relatar en 19 artículos en “El Corriere de la Sera”, de Milán, todo lo, acontecido entre fines del año 1942 y septiembre de 1943. Caben aquí, pues, los hechos más culminantes de los últimos meses anteriores a su feroz asesinato.
 En estas Memorias, Mussolini da cuenta en estilo sencillo del “verde” historial de acontecimientos que el público conoce tan solo a medias o en forma equivocada. Penetra entre bastidores, levanta la tapa de la inmunda intimidad de todo un período de la Era Fascista, nos trae el recuerdo de otros hechos en relación con las mezquinas figuras que hacen de pilares del régimen, nos impone de las verdaderas causas de la vergonzosa capitulación y de la entrega.
 Leyendo estas páginas se llega a la penosa conclusión que el Duce, en el fondo, fue un hombre desafortunado, un político sin base humana efectiva, un estadista en el aire. Se mantuvo mientras consiguió narcotizar a su pueblo con la leyenda imperial, con el aparato y la bambolla exterior, con la embriaguez de un poderío que no se afincaba ciertamente  en la raíz y en el corazón italiano. Si Hitler no fue más que el producto de un pueblo que corría detrás de un hombre, al que encontró; Mussolini fue, a la inversa, un hombre, que corría detrás de un pueblo, al que nunca halló sino en la grita altisonante, en la escena y en el ropaje con que se cubren todas las humanas debilidades.
 Hitler tuvo la suerte de obtener respuesta efectiva de un pueblo que mantenía estrecha correspondencia con él. Era un pueblo lleno de sacrificio, heroico, guerrero, que se batió en todos los frentes, en la tierra, en el aire y en el mar; que supo soportarlo todo y arriesgarlo todo; que no conoció las desmoralización ni las vacilaciones; que sentía cordialmente una misión, equivocada o no, que cumplir y por la cual rindió su vida; que tiró el último cartucho con el último fusil en una guerra desigual de todo el mundo contra él.
 ¿Se puede decir lo mismo de Mussolini con respecto a su pueblo que a las primeras derrotas, en el Meretz, en Túnez, en Pantellería, en Sicilia tocó todos los resortes de la capitulación y se entregó tranquilamente a los enemigos, si antes no alcanzaba a huir?
 “Mi último año” titula el editor estos 19 artículos. En realidad así fue. Después de estos recuerdos viene el tremendo epílogo de su vida, consagrada a darle realce a su pueblo, a ponerlo codo a codo con las primeras potencias mundiales, a revitalizarlo patrióticamente. Su muerte no es más que el símbolo bíblico de lo que son las humanas glorias, de lo tornadizas y veleidosas las reacciones del poder, de injustas, traicioneras y feroces las masas cuando, abandonadas a sus primitivos impulsos –el hombre bestia que llevamos todos- reaparece apeteciendo vengativo encebamiento
 En la última página de esta azarosa vida, comenzada como humilde maestro de escuela y furtivo periodista, alcanzada en cenit esplendoroso como Dictador de un Imperio y rematada como un vulgar delincuente, se alzará la plaza Loreta como un símbolo material de esta inmunda venganza.