economía 34 01 08 15
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Dicen que comienza a desparecer la crisis mundial.¿Comienza a declinar la crisis? La SI 08/01/34 p. 3-4
Colonizar es crear la base inconmovible de la Patria Bernardino Corral La SI 15/01/34 p. 6 
Nuestro pueblo necesita ideales. Nuestro gobierno ha de posponer la riqueza al bienestar  Manuel Galvez (De “La Nación”, Buenos Aires) La SI 15/01/34 p. 7

Dicen que comienza a desaparecer la crisis mundial. ¿Comienza a declinar la crisis?
La SI 08/01/34 p. 3-4

a) Quien lea la prensa en estos últimos días, verá en ella una serie de noticias –y de juicios- que se prestan admirablemente a confusiones fundamentales.   Si esas confusiones fuesen cosas de pura especulación, valdrían la pena de ser aclaradas porque jamás hay interés en que una confusión perdure. Pero son confusiones que tocan directamente a la práctica de la vida y a la marcha de los negocios. Y entonces esas confusiones no pueden traer solo errados juicios mentales, sino que pueden desviar los negocios, en cuanto dan una idea falsa de la realidad actual y del porvenir próximo.
    En efecto, para un hombre de negocios –y todos, en su esfera lo son, o pueden serlo, más o menos ampliamente- lo interesante no es que la situación sea buena o mala, lo que el mundo llama “situación buena” o “situación mala”.  Lo interesante es que conozca bien la situación, sin equivocar los datos, las circunstancias, la estructura de la realidad. Para el vulgo de hombres, hay negocio si la situación es buena, y no los hay si la situación es mala. Para la minoría selecta y la élite, hay negocio siempre,  a condición de conocer exactamente la situación. Si la situación es buena, ubica su negocio según esa situación. Si la situación es mala, sabe tomar medidas estratégicas y sacarle a una mala fruta su parte buena.
    Nada hay peor que hacerse ilusiones sobre una buena situación que en la realidad no existe, o estar convencido de una mala situación que en la realidad no tiene existencia.  
    En 1929 tuvo lugar en Norte América la gran caída, viniéndose abajo toda la estructura económica individualista. Y todavía hay muchos que no comprenden cuál fue la causa principal de la catástrofe. No fueron los hechos, por más que eran muy graves y desconsoladores, para aquel grande y pobre país. Fue la ilusión de una buena situación que no existía. Ilusión optimista que hizo que la catástrofe cogiera a todos desprevenidos, sin el paraguas abierto para resistir el chaparrón y en plena inconsciencia del enorme peligro.  
    La crisis norteamericana venía de 1920. Esa crisis consistía en producir mucho y no poder venderlo, pr mil razones convincentes. En vez de tener idea clara de la realidad, confesar el peligro claramente y declararlo todo en posibilidad de derrumbe, siguieron el camino contrario: cantar a todo pulmón “la inmejorable situación de los negocios norteamericanos”.
    Cierto que, como de prisa y a la chita-callando, para no cuartear el optimismo nacional, se subieron las murallas arancelarias por vez primera, haciendo imposible las importaciones. Cierto que ello era fruto de la crisis enorme ya existente doce años atrás, cuando ya los desocupados eran cuatro millones. Pero, siendo esto cierto, no querían decirlo. Estaban seguros de que la crisis del Individualismo económico acabaría mediante esas medidas de protección arancelaria. Y no querían sembrar alarma en la mesa nacional.
    Esas alzar arancelarias no sirvieron para detener la crisis. Cuando moría el presidente Harding, esa crisis era mucho más grave que antes de subir las barreras aduaneras. Había ya 8 millones de desocupados. Con ellos se encuentra el presidente Coolidge.
    Hombre optimista, tampoco quiere confesar esa crisis. Confundía, él también, el optimismo con una ilusión de la realidad  existente. Creer que la realidad es menos grave de lo que es, no es optimismo, sino falsedad, mala estrategia y fracaso. Porque uno se figura que las ecuaciones vivas que son los problemas  son de una manera y en realidad son de otra. Es como si nos hiciéramos la ilusión de que un médico puede curar a un tuberculoso grave si tiene la convicción de que su enfermedad es una bronquitis
    Tenemos a la vista un discurso del Presidente Coolidge, pronunciado con ocasión electoral. Leerlo ahora, cuando los hechos entonces existentes son bien conocidos, se nos figura absurdo. Había millones de desocupados. Estaba ensayándose ese descabellado plan de las “ventas a plazos”, que tantos críticos superficiales se tomaron en serio, a pesar de su absurdidad básica. Estaba crujiendo toda la estructura económica norteamericana.  Y Coolidge decía: “nuestra actual prosperidad, que toca