La SI 34 01 01
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Clausurada la Vll Conferencia Panamericana  La SI 01/01/34 p. 6
Clausurada la Vll Conferencia Panamericana
La SI 01/01/34 p. 6


Una Conferencia más ha cerrado sus puertas, con una pobre balanza de deudas y pagos en su contra.
Las Conferencias tienen su sino. Lo han tenido siempre. Las hace nacer algún problema realmente existente, cuya solución, difícil en su practicidad, está al alcance de cualquiera. Hincha esas posibilidades todo un mundo que individualmente gana n en ser parte de la delegación número equis. Se viaja. Se come. Se pasea. Se discute –con pantalones blancos, zapatillas de playa y hora dada- de cosas más o menos trascendentales, cuya nada queda envuelta misteriosamente por la gruesa envoltura del secreto. Sed celebran tres o cuatro grandes sesiones, en las cuales los incensarios funcionan mutua y ampliamente. Se ultima la linda temporada, inventando una, dos tres Conferencias futuras más. Y la Conferencia ha cumplido su rol, ensuciando resmas de papel, limpiando una partida del Presupuesto y ofreciendo al público2 gramos de nada, envueltos en 5 toneladas de palabras.
No se ha distinguido de estas maneras generales la Vll Panamericana.
Los asuntos económicos estaban a la orden del día. Más todavía: la gran crisis que afectaba a todos los reunidos –a los países que los reunidos representaban- es crisis esencialmente económica. No han sido tratadas esas cuestiones, aplazándolas para una próxima Conferencia, en la cual los aplazamientos de segundo grado serán igualmente aplicados. No se han sentido con agallas para tratar aquello que los reunía.
Los asuntos referentes a desinteligencias internacionales de otro orden han quedado eliminados tras un enorme montón de frases. El problema del Chaco ha quedado virtualmente eliminado a causa de la marcha de las operaciones mismas. La cuestión de la independencia cubana ha sido aceptada por todos menos por el único que debía aceptarla: la delegación norteamericana, la cual ha enterrado las conclusiones bajo un sudario de reservas, es decir, de no aceptaciones.
Típico proceder de la Conferencia es el que se ha seguido con el punto feminista. El Programa –uno de los más hinchados que se hayan publicado jamás- colocaba ese problema feminista rodeado de cien campanillas modernistas. Una Comisión especial tenía que tratarlo. Se reunía reciamente, y todavía hostigada por el empeño de media docena de delegadas capitaneadas por el canciller mexicano, paladín de las cosas nuevas. Se reúne, al fin, la Comisión. Se habla de cien mil lugares comunes que han sido puestos en claro incluso por las Academias de los muchachos de los Liceos de todo el mundo. Hablan con calor las mujeres, retrayendo todas aquellas cosas que veinte años atrás tenían algo de novedad.  Habla la sabia Comisión y acuerda “recomendar a una próxima reunión de años venideros el estudio del tema y su aprobación definitiva”… Una broma pesada y una tomadura de pelo, demasiado conocida, además, para apreciarla como graciosa.
¿En qué se han pasado tantos días, aparte las angustias del Chaco? Un inquieto economista, joven además, que ha sido diplomático y está al frente de una alta institución bancaria, ha dado a “La Semana Internacional” una opinión sobre esas Conferencias , con la cual se contesta a la pregunta. Se reparten entre los delegados una cantidad de pequeños y lindos juguetes (carretera panamericana, unificación del derecho privado, estudio histórico de las Conferencias anteriores, etc.) y el vulgo de los delegados se entretiene magníficamente, encantados de que algo se ponga entre sus manos, y creyendo que eso que se pone entre sus manos  es realmente algo…
El resumen de esta Conferencia es el mismo que pudimos hacer      cuando se cerraba la V de Santiago y la Vl de La Habana: repetición teórica de cien cosas sabidas ya de todos, y un enorme cero práctico.
Raymond Poincaré, al negarse a asistir a una Conferencia europea sobre quien sabe qué enormes tópicos, soltaba, años atrás, una frase que caía sobre esa clase de reuniones como losa de plomo. Durante su jefatura de gobierno no se celebró una sola Conferencia europea. Si el recio e incisivo lorenés viviese en América, repetiría la frase sin quitarle media letra.
…Esta es la idea general que nos henos formado de la Conferencia, que concuerda  con la que se han hecho  los mejores corresponsales que han asistido a su desarrollo. Sería para