Cuba 34
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El incendio cubano amenaza la unidad nacional La SI 22/01/34 p. 1-2
La Enmienda Platt La SI 09/06/34

 
El incendio cubano amenaza la unidad nacional
La SI 22/01/34 p. 1-2


En los instantes en que esta ligera crónica está escribiéndose, es tan incierta la situación de Cuba como sus circunstancias demandan. Con esta frase queremos indicar dos cosas: que se trata de una incertidumbre extremada; que esa incertidumbre es tan natural como la evolución crítica que caracteriza  el actual instante de aquel pueblo antillano.   Los que crean que en la gran Antilla no pasa nada, se equivocan. Los que crean que eso que está allí sucediendo es cosa de anarquía y perecimiento, se equivocan también. Y no entenderán jamás la cuestión cubana quienes marchen por algunos de esos senderos equivocados, llevados de prejuicios socialistas los unos, capitalistas los otros.
 
a)  El error fundamental de los que no entienden la cuestión cubana está en que parten de una base falsa, que podríamos llamar Dictadura. Dictadura de Machado, por supuesto. Y de ahí quieren sacar luz para ver claro.  
Es esta una falsa partida. Machado ejercía, ciertamente, una dictadura, y bien dura. Funcionaba esa dictadura bajo la costra disimuladora de un Congreso generado ad hoc, como generalmente se generan los congresos a base limitada del sufragio universal individualista. Pero esa dictadura del presidente hoy exilado bajo capa de un Congreso fantoche, se iniciaba con el mismo régimen de Machado y aquel pueblo encontraba natural esos métodos gubernamentales.  
Iniciábase la oposición popular al dictador cuando este convertía su dictadura en vivero de negocios y negociados. Un pueblo podrá ver con simpatía una dictadura, y la historia nos trae de ese hecho ejemplos por montones. Un intelectual podrá aceptar una dictadura, y aún aconsejarla, cuando procede a estudiar las enfermedades sociales y no entrevea más remedio que la cirugía social. Los mismos que van contra las medidas dictatoriales recurren a ellas, disfrazando su accionar ilógico con cien pámpanos de parra. Pero solo en un caso pueblo y científicos se determinarán a aceptar procedimientos de cirugía: cuando se debe cortar, depurar, desinfectar dolorosamente.
Cuando una dictadura comienza a encubrir bajezas, a enredar negocios y a ser vivero de negociados,  pierde su esencial razón quirúrgica de existencia, y pasa ser vitanda. Y es entonces cuando el pueblo se mueve, y no por razones específicamente anti-dictatoriales, sino por motivos más fundamentales, de moral y limpieza.  
Esto explica el movimiento popular del pueblo cubano contra el general Machado. Su dictadura le parecía bien cuando limpiaba y depuraba. Le pareció mal al pueblo y a los intelectuales, con razón, cuando fue, no corte de miembros constituidos, sino una nueva prostitución.
Vino entonces –lo explicábamos meses atrás- un doble hecho que agravó las circunstancias. Por un lado, la barbarie persecutoria. Por otro lado, las intrigas de Mr. Welles, demostradas hasta la saciedad.
Los que rodeaban a Machado, el mismo dictador, al palpar la antipatía popular que originaba, no su dictadura, sino la suciedad de su dictadura, apelaban a medidas bárbaras. No hemos de repetir aquí los datos que dábamos en otra ocasión. El veneno, el fondeamiento, el asesinato eran cosas a la orden del día. Y el dictador y sus esbirros llegaban en eso a extremos salvajes. Lo realizaban para temporizar, destruir enemigos y salvar, no su dictadura, sino su sucia dictadura de peculados y tropelías financieras.  Contrariamente: agravaron el problema. Cuando hay el abono podrido de los negociados, por cada opositor extirpado surgen cien.
Machado recurría a otro expediente para atraerse al pueblo: hacer la oposición a Estados Unidos y poner sobre la mesa popular la Enmienda Platt. Esto hubiera puesto a su lado a Cuba entera, de haber sido un dictador limpio y decente. No logró atraer la atención popular, la cual creía que apelaba el dictador a ese expediente como banderola encubridora de mercancía descompuesta., La voz del pueblo, voz de Dios, no se equivocaba en este caso.  
Pero, si no lograba con ello Machado atraerse al pueblo, en cambio se había con ello atraído un nuevo enemigo: la cancillería norteamericana. De ahí el envío del embajador Welles,