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Conferencia tripartita de Roma. Mussolini, Dollfuss, Gomboes La SI 19/03/34 p. 1-2
Alianzas bélicas a lo 1914. Alianzas desunidoras La SI 12/05/34 p. 1-3

   
Conferencia tripartita de Roma. Mussolini, Dollfuss, Gomboes
La SI 19/03/34 p. 1-2


    Celébrase en Roma en estos instantes una interesante conferencia internacional, entre los cancilleres de Italia, Austria y Hungría, actuando en nombre de Italia el vice-canciller Suvich.

    a) Esta Conferencia ha sido desde mucho atrás preparada. Y puede decirse que empujada por otras que la precedieron.
    En estos últimos meses se reunían en Atenas todos los cancilleres balcánicos, salvo el búlgaro, estableciendo una especie de inteligencia que –en estos días de diplomacia de puerta abierta- no se sabe a punto fijo qué puntos abarca. Hungría e Italia ¿sospecharían que, en el fondo, ello no era más que una alianza informal contra ellas?
    Poco después tenían varias reuniones los reyes de Rumania, Bulgaria y Yugoslavia. Celebraban reuniones alternadas en Belgrado y en Bucarest, acordando quien sabe qué cosas que no se han publicado.
    Finalmente, y a instancias de Francia, tenían lugar dos Conferencias de Cancilleres de la Pequeña Entente (Checoslovaquia, Rumania y Yugoslavia), que acordaron, entre los puntos conocidos, una serie de medidas presionadoras de Austria y Hungría.
    Habría sido un milagro que, ante tales movimientos los pueblos vecinos, que no entraban en ellos, hubiesen quedado quietos. En la biología internacional se cumplen aquellas leyes generales de los seres que hacen que, tanto en lo gigantesco astronómico como entre lo diminuto atómico, los movimientos de algunas partes generen movimientos en las demás partes, en virtud del eterno equilibrio inestable -el agustiniano “quid fluens”- de la cosas.
    Italia anda en continua alarma ante la alianza franco-yugoslava, que sitúa la península itálica entre dos fuegos. Hungría, rodeada de enemigos, mira azarosa por todos lados. Austria, agitada por tantas opiniones, y ya desde 1919 constituida irregularmente, está en continuo sobresalto. Si a estas razones de miedo se unen aquellas otras, de carácter geográfico, que se echan de ver con solo mirar un mapa, se comprenderá que esta Conferencia tripartita, tan astutamente preparada por Suvich, responde a razones suficientes que la hacían casi inevitable.

    b) Antes de entrar en el objetivo de esa Conferencia, es interesante recalcar la contradicción del mundo actual respecto a esos pactos, tanto diplomáticos como el que se busca ahora en Roma, como los comerciales entre país y país, que están a la orden del día desde que Mr. Roosevelt, un año atrás, los presentó como fórmula ideal para salir del aislamiento económico nacionalista.
    El mundo anterior a 1913, es decir, a la guerra, estaba cimentado a base de pactos-de –balanza, es decir, coaliciones entre varias potencias, que contrarrestaban otras coaliciones de otros países.  La balanza mayor la constituían las llamadas Triple Alianza y Doble Alianza, cuyo fin fue catastrófico. Alemania, el Imperio Austro-Húngaro e Italia formaban la Triple Alianza, unidas comercialmente en paz y bélicamente en guerra. Francia y Rusia habían constituido la Doble Alianza. Y se creía firmemente –se aparentaba creer firmemente: ¿para qué suponer ingenuidad en Macchiavello?- que esas dos alianzas contrapesábanse mutuamente, evitando de este modo una guerra y también el dominio imperialista de unos pueblos sobre otros.
    Pequeña gran farsa. Precisamente, bajo el lema “contrapesarse mutuamente”, no se buscaba más que “ser superior uno a otro”, para llegar a un instante en que uno de ellos (cada cual creía que sería él ese afortunado) pudiese montarse sobre el otro y explotarlo y sujetarlo como potro bravo por la fuerza. Se hablaba de “equilibrio”. Bajo esa mentirosa etiqueta se buscaba el desequilibrio, la superación, el ahogar al contrario.
    No he visto en un solo historiador de ese período que note este hecho, que es, sin embargo, fundamental y evidente. Todos discuten sobre la ineficacia del “sistema de balanza”, es decir, de equilibrar alianzas con alianzas.  Todos notan que ese sistema no dio fruto, antes engendró la gran guerra. Lo condenan, en consecuencia. Y es esta una equivocación áxica. Jamás se buscó ese equilibrio que se decía buscar. Macchiavello hablaba de equilibrio para