sector internacional 34 05 06
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En el umbral del Epílogo     La SI 19/05/34 p. 1-2
El Mikado y John Bull a la sombra de Karl Marx La SI 19/05/34 p. 4-5
(Continúará)
El Mikado yJohn Bull a la sombra de Karl Marx La SI 26/05/34 p. 1-2 (Continuación del número anterior)
Todavía insepulto el cadáver  La SI 09/06/34 p. 1-2
En el umbral del Epílogo    
La SI 19/05/34 p. 1-2


    El cadáver del Desarme continúa insepulto.
    Fue un engendro sietemesino, desde que surgió raquítico y enteco. No nació de las ansias de superación de la humanidad, ni de anhelos nobles de paz. Nacía del enlace siniestro entre la Envidia y la Zorra, ansiosos los países de aplastar al contrario y viendo, bajo la trampa de un desarme palabrero, que no pasaba de los labios, de engañar cada uno al de enfrente. En 1921, cuando se celebraba la primera Conferencia del sedicente Desarme (en La Unión” de Valparaíso, en La SI Primera Época (1921-1931). JVG), yo pude titular la crónica correspondiente con la frase: “el Desarme Armamentista”. La segunda Conferencia la titule así: “¿Quién engaña a quién?”. Y las restantes, de cuyo número he perdido la memoria, llevaron un título común: “La Comedia del Desarme”.
    No se dirá que podamos sorprendernos de que después de 14 años, hayamos llegado a ese final ridículo, en el cual todo aparece tan chico, salvo la incomprensión inconmensurable de los hombres de un ayer moribundo que se empeñan en continuar dirigiendo un mundo nuevo. Lo único que podría sorprender sería la sorpresa de los ingenuos que hasta hoy no hayan visto el desenlace.
    Esta semana los diarios nos han venido con grandes títulos, anunciando la muerte de ese cadáver del Desarme. Son los coletazos residuales que todo muerto da misteriosamente.

     a) Se han reunido en París el presidente de la Comisión de Desarme de la Sociedad de Naciones, Mr. Henderson, y el ministro de Relaciones de Francia, M. Barthou.  Han conferenciado largo y ocultamente. Son los médicos que rumian irresponsabilidades alrededor de un cadáver, cada cual pronto a demostrar la próxima irresponsabilidad.
    Al concluir esas conferencias secretas, celebradas por dos entusiastas partidarios de la diplomacia abierta, no han dado más que una corta y esquemática  declaración. Gran Bretaña ha propuesto una fuerte limitación de aviones, lo cual Francia no acepta. Alemania insistiendo prácticamente en armarse, Francia tampoco acepta.
    La primera proposición no parece lógica y la negativa de Francia se explica. Si se rechaza todo desarme terrestre y naval ¿sería lógico que los demás, que pueden ser víctimas de esos armamentos, renuncien a una guerra sin cuartel?
    Uno de los signos más cabales de la decadencia mental de los políticos “ancien regime” está en esa continua e ingenua propuesta de cosas absurdamente egoístas. Esta proposición de Simon, transmitida a Francia por Henderson,  es un buen ejemplo. Conviénele a Gran Bretaña que, ante sus flotas gigantescas, no aparezcan nubes mortíferas de mosquitos metálicos. Macchiavello, al convenirlo esto, ocultaría estratégicamente esa conveniencia. Simon la muestra.  Y propone que, ante las escuadras amenazadoras de uno, el otro se corte la defensa, que está en el aeroplano.  
    Francia no acepta. No acepta nadie tal cosa. E indica poco capacidad perder el tiempo parando trampas que, teniendo el cepo a la vista, no han de engañar a nadie.

    b) Mientras Barthou y Henderson hablan, en aquel histórico salón de los Relojes del Quai d’Orsay, que tantas tragedias diplomáticas ha presenciado,  en la costa noroccidental de Francia, entre Cherbourg y Brest, se reúnen 400 buques de guerra de Francia, para iniciar las maniobras más gigantescas que se hayan conocido. A los 400 buques del agua acompañan 3.000 buques del aire, en ruidosos escuadrones volantes.
    Notemos tres aspectos, entre los cien que podrían ser notados.
    Primero, donde se celebran estas maniobras. No, en el mar de Toulon, enfrentada Francia con Italia o con España. No, frente a Calais y Dunkerque, protegiendo el estero del Sena (véase el mapa adjunto) puerta siempre abierta para llegar a París, desde los tiempos milenarios de los corsarios normandos. Esas gigantescas maniobras se realizan a la entrada misma del “English Channel” y su objetivo no puede ser otro, estratégicamente hablando, que cerrar el paso del Canal. Pero ese canal es paso obligado no más para Londres. Londres es la gran despensa alimentadora, en paz y en guerra, de cincuenta millones de habitantes.