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Prólogo a la próxima Conferencia Panamericana

Prólogo a la próxima Conferencia Panamericana La SI 04/09/33 p. 3-4

            A principios del próximo Diciembre va a tener lugar en Montevideo una nueva Conferencia Panamericana. Los telegramas que nos llegan de Washington muestran el enorme interés que aquella secretaría de Estado da a esa reunión. Y, aunque alejados de ella por un trimestre, es necesario iniciar su presentación, que ofrece a todos los países americanos posibles ventajas; también, verdaderas trampas y peligros.
            Las Conferencias Panamericanas fueron iniciadas como medio siglo atrás en tiempos del famoso secretario de Estado Mr. Blaine. Las intenciones fueron entonces muy discutidas. Tanto, que esas Conferencias fueron relegadas al olvido, transcurriendo muchos años, sin que ningún gobierno se acordara de ellas.
            Las dos últimas celebradas, respectivamente, en Santiago de Chile y La Habana, están frescas en nuestra memoria, si no por los resultados, que fueron nulos –aunque muy fro9ndosos en palabrería y votaciones- cuando menos por las promesas y el enorme ruido que antes de su celebración se hacía por sus entusiastas.
            Esas Conferencias son tan parecidas a las mundiales, sistemáticamente fracasadas, que podríamos decir que ellas les han dado la pauta. Se hacen, antes de reunirlas, sendos y maravillosos Programas. Se habla largo y tendido de la fraternidad y otros cien lugares comunes, de los cuales nadie hace caso alguno. Se celebran con centenares de delegados y muchos millones invertidos. Se hace patente en ellas, a cada nueva reunión, la incompatibilidad entre los distintos países. Se sueltan cien discursos  sobre “los enormes progresos realizados”. Y se separan todos, satisfechos de cuerpo y de vanidad, con los abismos entre ellos mucho más hondos que antes.
            Esta es la historia de las Conferencias Panamericanas celebradas. Ese, si se quiere hablar el lenguaje de la sinceridad, y alejarse de las torpes retóricas de los ingenuos y de los amigos de viajar. Y ese ha sido, también, el desenlace de las Conferencias europeas, sin exceptuar una sola.
 En uno de nuestros números pasados –sección Documentación- hemos transcrito enteramente el Programa de esta Vlll Conferencia Panamericana. Tendremos ocasión de examinarlo próximamente, para hacer la historia probable de lo que va a suceder en esa reunión internacional. Vamos a limitarnos hoy, por vía de Introducción (y respondiendo a la voz de Washington que comienza –lógicamente- a dar aire al asunto, a hacer unas sencillas observaciones preliminares.


a) Concurrirá a la Conferencia toda la América, excepto el Canadá. Y es este un aspecto bien interesante del problema. Canadá es país americano. Es absolutamente independiente. Tiene relaciones estrechas con Estados Unidos. Se niega a asistir a esas reuniones, para las cuales ha sido invitado en varias ocasiones.
Canadá tiene su criterio, y es tan respetable, que somos legión los que lo creemos perfectamente lógico. El problema es éste: las uniones y conglomeraciones internacionales ¿hay que realizarlos a base geográfica, continental o terrestre, o bien a base étnica, sanguínea o racial? No se dirá que esto no es problema y bien serio.
Canadá –con Canadá, todos los pueblos que forman esa admirable unidad moral que llamamos Imperio Británico- opina que las constelaciones de pueblos dentro de la unidad mundial han de ser a base de hermandad, es decir, de sangre y parentesco. De ahí la colaboración canadiense, no solo espiritual, sino comercial y económica, con Gran Bretaña. Canadá se encuentra más cerca de Londres que de México. Las distancias las mide dentro de la sangre, y no por millas terrestres o marítimas.
Estados Unidos opina contrariamente. Desde los días de Blaine, antes ya, se inclina hacia una unión, no fraternal o sanguínea, sino vecinal o territorial. Es decir, hacia los pueblos de su mediodía, que forman parte del mismo continente en que Estados Unidos de Norte América está ubicado.
¿Qué ventajas encuentra en ese lazo de unión territorial? Se ha discutido mucho el asunto. No queremos ni siquiera traer aquí  la opinión general. Limitémonos a recordar que siempre