España 34 06
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La huelga ante la cosecha La SI 09/06/34 p. 2-4
 
La huelga ante la cosecha
La SI 09/06/34 p. 2-4


    Un telegrama de Madrid nos dice algo que hay que saber entender  fuera de Madrid. Porque hay cosas universales, que no tienen aplicación única en un país determinado. Dice así: “el Gobierno se está preparando para la huelga general de campesinos, que está decidida para el 6 de Junio próximo. Ella reportará enormes pérdidas, y aún podrían surgir de ahí hechos políticos de gravedad insospechable”.
    No pasemos de largo. Si alguna vez hay necesidad de análisis y de reflexión, es ésta ciertamente.

    a) Comencemos por un antecedente. ¿Cómo le ha ido al negocio político español en estos últimos años?
    Retrocedamos al 1927, cuando el señor rey estaba en su trono y los hombres de orden –de orden material- monopolizaban la nación. ¿Qué pasaba en Andalucía en aquellos años monárquicos?
    El caos. El campesino estaba completamente alzado. Tan alzado, que en el verano de 1928 fueron quemadas, por mano de campesinos, miles de toneladas de toda clase de productos. Pongamos un ejemplo, y sirva este ejemplo para muchos otros. En una hacienda olivarera –la magnífica y gigante oliva andaluza- de más o menos 6.000 hectáreas, los campesinos se ponen de acuerdo. Y, al recoger el aceitoso fruto, proceden en la siguiente forma: malean a presión casi toda la cosecha y de tal modo varían los árboles que quedan inaptos para la fructificación del año próximo. El dueño perdió doblemente, completamente.  Y, de tal modo todo, que de ningún delito podía prácticamente acusarse a nadie.  
    El lector ha de hacer composición de lugar.  No ha de trasladarse imaginativamente a ese punto. Esto no fue una singularidad. Esto es un caso, de los mil y uno que, sistemáticamente, acaecieron aquel año.  
    En días de S. M. el rey, quien, caballero perfecto,  lo fue hasta para con los políticos que lo rodeaban, hurdiéndole con sus actos la soga con que habían de ahorcar al trono.
    Surge, la República, y, como si un mal grano reventara con la nueva forma de gobierno, se intensifica la manifestación del malestar en el campo. Escriben gentes ignaras, o, más bien, despistadoras,  sobre “el malestar que trajo al campo español la República”. Nada más falso. Ese malestar databa de siglos: del régimen pseudo-feudal agrario. La manifestación violenta de ese malestar databa de 1910, exacerbada en 1927 y años siguientes, en los días de la monarquía. El surgimiento de la República facilitó un hecho no más: que las explosiones violentas fuesen encauzándose por cauces revolucionarios, pero cuando menos legales.
    La República se establece. Los socialistas, cuyos jefes vivían a partir de un piñón  con la política y lo altos puestos, ya en tiempos de la monarquía, se hacen el desentendido ante el clamor del campesino andaluz. El campesino andaluz, entonces,  se separa del socialismo y se afilia al sindicalismo rojo. Y viene un agravamiento de los desórdenes campesinos, efecto del siguiente hecho: “vino la República, que se decía régimen de justicia social.  No realiza nada a favor nuestro. Nos revolucionamos contra la República”. Ello tenía lugar en 1931 y 1932, es decir, ayer no más.
    En las primeras semanas de la aparición de “La Semana Internacional” en esta segunda época, en plena actualidad esa revolución campesina andaluza, trabajamos largamente en presentar el caso a nuestros lectores. Una vez confeccionada esa crónica, luchamos entre dos deberes, o, lo que nos parecían dos deberes: por un lado, la presentación cabal del caso, a base de hechos; por otro lado,  el miedo de presentar la realidad viva teniendo en cuenta el contagio. Es decir: era tan espantoso el cuadro que presentábamos tal cual era, que veía a ser una especie de “Tratado Práctico para Fregar  al Patrón y Revolucionar el Campo”: quema de cosechas una vez segadas y trilladas; maleamiento de arboledas magníficas, pudrimiento de granos expresamente preparado; asaltos nocturnos a mano armada, sin tener en cuenta si se achicharraban dentro los patrones y los capataces; asesinato metódico de patrones, con precisión matemática e irresponsabilidades matemáticas también… Presentábamos ante los ojos del lector un centenar de casos,  para dar a entender toda la gama de la protesta. Y la presentábamos ante