sector internacional 34 07
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sector internacional 34 07
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Barthou viaja a Londres La SI 14/07/34 p. 1-2
Tres nuevos Presidentes La SI 21/07/34 p. 1-2
Los entretelones del actual movimiento diplomático La SI 21/07/34 p. 2-3

 
Barthou viaja a Londres
La SI 14/07/34 p. 1-2


    La política internacional ha tenido esta semana una intensidad extraordinaria, quiero decir, una intensidad palabrera; que a esto llaman trabajo y eficacia los políticos: al hablar largo y tendido. Veamos de ensayar un enlace entre varios sucesos que los cables nos sirven como desligados.

    a) En Londres terminan, sin conseguir resultados, las conversaciones entre Gran Bretaña y Estados Unidos, preliminares a la Conferencia Naval de 1935 ¿En qué ha consistido, principalmente, la discordia?  Contestan los cables: en que Estados Unidos aspira a acorazados de 35.000 toneladas, mientras Gran Bretaña, los desea de 25.000
    Cuéntase que un día dos viandantes dieron de bruces con un león que rodaba la cabaña en la cual se había guarecido. El peligro era mortal e inminente. Y se pusieron en discusión sobre lo que convendría hacer para librarse del terrible félido. Y no se ponían de acuerdo, llegando la disputa a lo más álgido. Uno de ellos decía que el león  tenía cuatro caninos. El otro sostenía acaloradamente  que sólo tenía dos.  Y en medio del enardecimiento de tan sabia disputa, el león se los almorzó a ambos con los caninos de que disponía, dos, cuatro, o los que fuesen.
    Se arma una conversación para preparar el desarme naval. Se hacen largos preparativos. Se viaja largo y se gasta dinero a fondo. Y, todo a punto, se discute acaloradamente  sobre si el mejor desarme consiste en buques de ataque de 35.000 o de 25.000 toneladas…
    Es uno de los vicios madre de nuestra diplomacia: pasar el tiempo cazando moscas.

    b) Mientras ese singular desarme se discute, cinco gobiernos deciden aumentar  sus unidades navales “hasta la cifra tolerada por las conferencias navales”.
    Recordemos, con ello, aquellas singulares Conferencias de Desarme, que, al fin, cambiaban su nombre y aceptaban el de “Conferencias para la Limitación de los Armamentos”. La base de nuestras críticas, en aquellas circunstancias, fue ésta: “se señala cada país como límite a no traspasar una cantidad de toneladas y un calibraje de cañones muy superiores a lo que realmente tiene ahora”. De ahí deducíamos que se trataba de “Conferencias para el aumento de los Armamentos”. Ni más ni menos.
    Es lo que se ha hecho desde entonces. Se han ido aumentando las flotas por manera ininterrumpida. Se han intensificado las ofensividades de los buques a un límite loco. Se ha llegado ahora a la confesión paladina de que el Tratado les concedía mucho más de lo que tenía y facultad de construir inmediatamente ese tonelaje.
    Recordaremos nuestros puntos de vista, ahora que se ven plenamente confirmados. No creemos en la posibilidad del desarme.  Podríamos aceptar, pues,  quien fuese armamentista y quien fuese desarmamentista. No sería posible aceptar buenamente un armamentista bajo capa de desarmamentista.
    Están en furor constructivo Estados Unidos, Italia, Gran Bretaña, Francia, Japón. Es decir, las cinco grandes potencias patrocinadoras del desarme naval. Es decir, del desarme armamentista naval. Submarinos de gran volumen, como no los conocía todavía el mar. Lanzatorpedos de nuevos modelos en los cuales las ondas etéreo-eléctricas juegan precisamente. Dreadnoughts de 25 a 35.000 toneladas, con un montón de secretos realmente existentes y otro montón de fantasías asustadoras…
    El desarme más perfecto, en aumento galopante.

    c) En el barullo de esos artilleros abarrotados de quillas blindadas, no se fijan los corresponsales en un hecho de primerísimo significado: el gobierno de Francia acaba de presentar un proyecto a la Cámara para iniciar las fortificaciones de la costa del Canal de la Mancha, por el estilo de las obras militares del oriente. Ahí es para poner pared en medio de Francia y Alemania. En la costa, para poner pared en medio de Francia y Gran Bretaña. Por oriente teme Francia el peligro alemán. Por occidente teme el peligro británico.