Economía 34 07 y 08
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Economía 34 07 y 08
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El P. Laburu contra la economía individualista La SI 21/07/34 p.4
El rey Alejandro limita la extensión de los fundos. El rey Alejandro limita la propiedad rural La SI 18/08/34 p. 4-5

 
El P. Laburu contra la economía individualista     
La SI 21/07/34 p.4

Con el título “El P. Laburu conmueve a España con sus Conferencias de carácter social”, los grandes diarios de América han publicado la siguiente crónica:
    
    El padre Laburu. He aquí una figura cuya popularidad se ha hecho con rapidez y volumen. Seguramente no hay nadie medianamente apasionado por la cosa pública que no sepa o no comente algunas de las teorías sostenidas desde el púlpito o desde alguna tribuna de conferencias por este joven jesuita. Cenceño su rostro, con caracteres fimes de voluntad y decisión, rodea su figura de modestia y recato. El padre Laburu, con paso corto, llevándose de vez en cuando su mano derecha  a la cinta, que le distingue del simple sacerdote, con expresión viva en su mirada y voz bien administrada, por su tonalidad suave o fuerte según conviene el caso, subió un buen día al púlpito en esta pasada Cuaresma, para dirigir los ejercicios preparativos de la Semana de la Pasión.
    Tradicionalmente, en España estas conferencias o sermones han estado a cargo de los más acreditados y renombrados predicadores. Muchos consiguieron su renombre en estos sermones. Muchos de ellos adquirieron autoridad. El padre Laburu ha conseguido la discusión de sus teorías y la popularidad de sus comentarios.
    Su sermón de las Siete Palabras, por su contenido y su novedad, editado, se vende en las calles de España como un libro atractivo y de venta segura. El padre Laburu ha sabido aprovechar  los momentos de desconcierto que política y socialmente vive la nación española y ha alzado su voz llena de lecciones y esperanzas.
    Pasaron los días de Cuaresma y de Pasión para el orbe católico.  Los sermones del padre Laburu fueron en esos días  la actualidad y el primer objeto del comentario. El padre Laburu, desconocido hasta entonces, inicia su popularidad y la rodea de actuación constante.
    ¿Qué es lo que hay en la oratoria del padre Laburu? Sin fanatismo habremos de decir que una cosa le distingue y le atrae a las gentes: esta es la claridad expositiva.
    El confusionismo religioso y político envuelve con verdadera maestría la conveniencia individual. Generalmente los partidarios de un orador o consejero son aquellos que han obtenido confirmadas en las teorías sus conveniencias personales. Si en esto se fundase la popularidad del padre Laburu, sería mezquina y menos consistente. La popularidad del padre Laburu admitamos que quizá esté favorecida por el ambiente y consiste en que “vapulea” por ambos lados. Sus llamadas al orden  están a la izquierda y a la derecha. Sus apelaciones, al propietario y al obrero. Su consejo, naturalmente, decir otra cosa no sería cierto, está siempre dirigido  a una trayectoria fija, cual corresponde a su ministerio y función, que es infiltrar los principios democráticos cristianos.
    Vamos a referirnos a una de las últimas intervenciones de este padre jesuita. En uno de los salones de mayor capacidad que existen en Madrid,  en el teatro Coliseum. Teatro que tiene recuerdos toledanos, con representaciones alcarrianas. Por algo lo hizo construir un maestro de música de tierra de Toledo, que comenzó su carrera siendo “seise” de la bella y magnífica catedral: el maestro Guerrero.  La sala resulta pequeña. Hombres de todos los matices políticos acuden a escuchar la conferencia. Está dedicada especialmente a los patrones. No sabemos si antes de comenzar el padre Laburu su conferencia se frotarían las manos de gusto, porque creyeran que sólo iban a oír cosas agradables. Los que conocían al padre Laburu sabían que es hombre de firmeza en la expresión, decidido concepto, y de esos que el vulgo dice “que cantan las verdades”. En el escenario, severamente adornado, sobresale la negra figurilla del padre jesuita. Su voz resuena potente, todos atentos. El problema: que tratase  de los que más pasión despiertan en España: la distribución de las riquezas. ¿Y quién había de decir que un hombre que viste hábitos pudiera sostener esas teorías? Es interrogación azguata, pero frecuente. El padre Laburu sostiene que la actual distribución de las riquezas no es justa. Hay que distribuir o repartir. Si no lo hace de grado se hará por fuerza. Si los propietarios de ciertas fincas las hubieran cedido por su justo precio a los colonos no se las hubieran expropiado. Esto es lo primero que hay que distribuir mejor: la tierra. Hay que hacer sobre ella multitud de pequeños propietarios.
Afirmaciones todas de un gran sentido revolucionario. Pero no hay que asustarse