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La Vll Conferencia Panamericana ¿debe postergarse?

 

                A las puertas mismas de la reunión continental, vuelven a llegar voces de Estados Unidos acerca de la conveniente suspensión momentánea de ella, relegándola a un próximo futuro “sine die”. Parece ser esta la opinión dominante en la Casa Blanca, porque desde allá una agencia telegrafía lo siguiente:

                 “En los círculos diplomáticos de esta ciudad va creyéndose cada día más que el momento de abrir la Vll Conferencia no es propicio, y que sería mejor para el éxito de la misma, su aplazamiento”.         

                He ahí las razones que se aducen:
            “1. El fracaso de la mediación del A. B. C. y P. en el conflicto del Chaco, y las comunicaciones que revelan que el Paraguay y Bolivia no desean que su disputa sea tratada en Montevideo.  Además, el conflicto absorbe toda su atención de los beligerantes;
            2. La creencia de que las negociaciones de Leticia presentan largos y difíciles problemas;
            3. La incertidumbre sobre si puede volver a imperar la tranquilidad en Cuba, antes de la reunión de Montevideo;
            4. La proposición mexicana de incluir en el programa  cuestiones sobre las deudas y créditos, lo que, según se considera en ciertos círculos, obligaría a la delegación de los Estados Unidos a mantenerse a la ofensiva, dado el caso de que fuese tema de discusión en Montevideo.
            A pesar de todo, aparentemente, ningún gobierno desea asumir la responsabilidad de sugerir la postergación de la Conferencia Panamericana de Montevideo”.
No damos a las Conferencias Panamericanas  valor excesivo. Han sido reuniones a veces inofensivas, a veces para ahondar mayormente las diferencias entre la América Hispana y Estados Unidos. Se han tratado en ellas mil asuntos con precipitación esterilizadora. No han sido confirmadas con la aprobación de gobiernos y parlamentos  la mayor parte de sus conclusiones. Por lo mismo, no creemos que se perdiese mucho no celebrando esta reunión, a base de su organización actual y su programa.
            Pero ¿sería serio retroceder y aplazar sin fecha la Conferencia?
            Si se releen inteligentemente las cuatro razones que desde Washington se anuncian aconsejadoras de la suspensión, se comprenderá fácilmente que ninguna tiene valor decisivo, y aún podríamos decir que podrían muy bien retorcerse contra el que las esgrime, para deducir todo lo contrario de lo que él quiere hacerles significar. Se trataría de temer la influencia que en la Conferencia pueda tener el estado bélico declarado entre Bolivia y Paraguay, el estado bélico suspenso entre Colombia y Perú y el estado bélico latente entre Cuba y Estados Unidos en virtud de una enmienda Platt generadora del conflicto. Esto, por una parte. Son tres razones que no son más que una sola: el miedo a una posible agarrada oratoria entre pueblos que están en pelea más o menos violenta. Loa otra razón es temer la discusión del problema de las deudas, del cual México quiere hablar a toda costa, oponiéndose a ello Estados Unidos.
            Como se ve, no tienen estas alusiones a otros problemas consistencia. Las Conferencias Panamericanas han tenido siempre la característica de no hablar de nada urgente y necesario, y de charlas, en cambio, por los codos sobre problemas que no ofrecen urgencia alguna. El programa de la actual marcha por estos rieles tradicionales. Se cae por sí sola la idea de que, la reunión de Conferencias esté motivada en la reducción de diferencias. De lo contrario, carecerían de toda finalidad.
            Sería lógico, por lo mismo, que en esta Vll Conferencia se hablase de aquellos tres conflictos bélicos americanos, con la sana intención de colaborar pro paz, así como que se trajese a la mesa común el problema de los empréstitos norteamericanos a los pueblos hispanos del continente, para ver si algo se conviene que sea para todos menos malo que la actual situación. Pero, aún siendo, lógico esto, ha sido eliminado del programa. Y, si pueden traerse, a deshora, estos asuntos en horas de incidentes, jamás podría ello dañar la paz, sino contribuir a ella.
            La Conferencia Panamericana ha de merecer de todos simpatías, especialmente para los hombres de acción, que ansían algo práctico. Y, si de ella surgiese una mayor abismo entre las