Rusia 34
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El Oso ruso está en Ginebra  La SI 22/09/34 p. 1-3
 
El Oso ruso está en Ginebra
La SI 22/09/34 p. 1-3


Uno de estos días, Rusia será admitida en la Sociedad de Naciones, No sólo será admitida: obtendrá un asiento permanente en el Consejo de la entidad internacional. Y no solo eso, todavía: la presencia en Ginebra del Oso ruso producirá júbilo y loanzas en ambos lados: en los gobiernos y prensa europeos y en el gobierno y prensa moscovita.
    El hecho es trascendental bajo tres órdenes de cosas: primero, en sentido de crítica respecto a esa alegría que producirá este hecho, tanto en París como en Moscú; segundo, en el sentido de qué se busca con esa filiación del bolchevique a la Liga; tercero, en el sentido imparcial bajo el cual ha de mirarlo uno, alejado de las pasiones diplomáticas.
    Veamos sumariamente esos distintos aspectos.

    a) Hacia 1916 surgía en Rusia el Comunismo. Surgía entre llamas. Llamas sobre una lagunota de vicios de una nobleza depravada y carcomida.   De este lado de la Revolución Roja, sangre y llamas. Al otro lado de la revolución, podre y cieno. Sería enojoso tener que decidirse entre esos dos hechos.
    Nacía el sistema rojo, digo, con los colores de la sangre y de la llama. Corrió mucha sangre y la llama devoró muchas cosas. Sangre culpable y sangre nocente. Llama devoradora de cosas sucias y fútiles y también devoradora de cosas sanas y sólidas. Cuando hay terremoto se viene abajo todo. Y las paredes que se desploman no suelen distinguir entre justos y pecadores.
    El bolchevismo surgió y los países occidentales –Francia, Gran Bretaña, Bélgica, y otros más- se irguieron con horror ante el monstruo. Había que aislarlo a sangre y fuego, puesto que él era el devoto de la sangre y del fuego. Había que arrancar de él hasta las raíces. ¡Peligraba toda la civilización occidental! Y vaya usted a saber qué entendían esos magníficos periodistas, voceros de la política, por civilización occidental.  
    Se levantaron varios ejércitos contra Moscú: Denikin, Wrangel ¿cuántos más? Inglaterra gastó, financiando uno solo de esos ejércitos, 216 millones de libras. ¡Bonita suma! Perdida del todo. Los generales rusos eran débiles y, según decían esos periódicos, odiosos al pueblo. Parece, si nos atenemos a los resultados, que los generales blancos eran todavía más débiles, todavía menos queridos de la opinión.
    Vencidos los ejércitos, triunfante el Bolchevismo sobre todos sus enemigos, interiores y exteriores, eliminados de raíz por el hierro y el fuego, Moscú se irguió soberbiamente ante Europa. ¿No se le quería desarraigar del todo? Ahí estaba, vivo y recio, continuando con sus depredaciones, sus persecuciones, sus comunismos, sus instintos bárbaros.  Propio de toda convulsión  verdaderamente popular.
    Comenzó entonces la campaña de horror contra la Rusia Roja. Se acumularon en esa propaganda montañas de crímenes rojos. Había bastantes para poder opinar. Como si la realidad no fuese suficiente, la imaginación voló por el horizonte de las posibilidades, inventando nuevos horrores, nuevos crímenes.
    La consecuencia manaba clara y evidente.  Tratar con ese gobierno asesino, ladrón, perseguidor, bárbaro sería un verdadero crimen.  Había que abominar de él, aislarlo, establecer a su alrededor un cinturón de agravios y ver de asfixiarlo bajo el peso de la opinión mundial, ya que no había sido posible asfixiarlo bajo el peso de las balas y menos bajo el peso de la opinión campesina rusa.
    Cuando Mussolini, hacia 1924, trataba con Rusia ¡con qué horror fue criticado! Aquello era una especie de sacrilegio, de lesa civilización, de quien sabe cuantas cosas negras y terribles más. Y el “anathema sit”, laico y librepensador, pero fulminante y duro, caía sobre aquel que hablaba de Rusia siquiera imparcialmente. ¡Había que aplastar a la víbora!
    …Pasa ¿un siglo? no: un año, nada más que un año. Moscú no ha cambiado. Stalin ha acentuado su colectivismo. El Soviet continúa como antes.  Y Barthou –el conservador Barthou de la Francia política que se está derrumbando- nos explica con calor  un lindo cuento: Rusia es un gran país. Hay que rogarle que entre en la Sociedad de Naciones,. Sus hombres –los mismos de ayer- son excelentes y necesarias personalidades, que pueden colaborar mucho en la paz internacional. El sistema comunista –dicen- no es tan malo como parecía. Sus hombres no son