La SI 39 09 30
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Monroe a la vista: Los entretelones de la Conferencia Panamericana de Panamá

1. Al pan, pan, y
                        Al vino, vino

            Se ha reunido en Panamá una Extraordinaria Conferencia Panamericana. Había de ser de Cancilleres, y, aunque varios no han acudido, mandando en su lugar una Comisión Especial, puede darse a esta reunión un carácter diplomático.
            Esto dicho, cualquiera deduciría un corolario lógico: que todos los problemas de otros órdenes quedarían eliminados.
            Pero la realidad será otra, más recalcada cada día que avance más la Conferencia. No se hablará más que de economía, riqueza y dinero. Y, cuanto parezca cosa distinta de esto, será también en sus interiores entrañas.
            En varias ocasiones, discordando de otros espiritualistas, hemos notado que Carlos Marx, al decir que debía interpretarse materialmente la historia –a base de un positivismo reducido a solo reconocer lo material y lo egoísta- no se equivocaba ni en una coma en cuanto a la historia “que fue”; pero que erraba en cuanto a la historia “que ha de venir”, al menos en posibilidad. Quien quisiera interpretar la historia pasada, en sus grandes hechos, fuera del más grosero materialismo, no entendería una jota de ella. La materia ha dominado, el Estómago ha primado, los intereses segundones se han llevado la primacía.
            Cuando Marx notaba esto, tenía una exacta y aguda visión de la historia y de la realidad social, en su norma, que padece, como todas las cosas, sus excepciones. Se equivocaba en cuanto decía que esto que “fue” así, “debía ser” así. y que, por lo mismo, “siempre sería así”.
            Han escrito sobre esta Conferencia Panamericana de Panamá numerosos críticos. Tenemos sobre la mesa un montón de recortes. Hemos de confesar que ni en uno solo de ellos hemos visto una chispa que penetre en el interior de esta Conferencia. Paseos sobre la epidermis, toques superficiales, repetición de lugares comunes. Lo cual, si solo indicase escasa mentalidad crítica, no tendría importancia. Pero ello delata una desviación absoluta de la opinión de los lectores, en la cual no puede “La Semana Internacional” colaborar ni en un punto.
            Queremos escribir estas líneas ateniéndonos a una fiel observación de los hechos. Y, saliéndonos de esos lugares comunes generales en los periódicos, señalar las cosas por sus propios nombres.
            Tal vez ello desconcierte un poco al lector. Estamos seguros de que al fin de cuentas, le daremos un buen hilo para salir de ese laberinto de cosas que representa la Conferencia, en la cual, como en toda guerra –sangrienta o incruenta- el Camuflaje y la Simulación tienen una importancia estratégica a veces decisiva.

 

En la Conferencia de Montevideo

            Cinco años atrás tenía lugar en Montevideo la V11 Conferencia Panamericana. En ella había una novedad que hacía época en la historia de estas Conferencias: que la delegación norteamericana se presentaba con tres características que llamaban la atención, aunque una de ellas más que las otras dos.
           
a) Se presentaba la delegación a guisa de Buen Vecino.
            Ello era extraordinariamente raro. Siempre Estados Unidos había querido ser el Patrón de América. Ahora se presentaba en condiciones, en lo posible, de respetuosa igualdad. Y proclamaba la política del respeto a los derechos soberanos de todas y cada una de estas repúblicas continentales.
            Pero no era esto raro. Porque gobernaba ahora en Washington Franklin Roosevelt, y eran conocidas sus ideas, y también sus ecuánimes deseos, sobre una perfecta hermandad continental, reduciendo la doctrina Monroista a sus verdaderos términos.