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Política Internacional Iberoamericana.

Presentación de problemas:
La República de Bolivia, emporio de riquezas naturales: sus posibilidades económicas internacionales
La SI 21/08/33 p. 6-7 
(resumen)
1. El maravilloso enterrado
2.Los Yungas, Paraíso americano
3. Los llanos vírgenes
4.Bolivia, país intacto
5. Bolivia en cifras
6. Ciudades bolivianas
7. Chile y Bolivia, complementarios
    Ese enorme país que es Bolivia, con tan enormes riquezas, a ser trabajadas por un número de habitantes relativamente escaso, se presta a hacer la riqueza de los espíritus vigorosos y audaces que se dispongan a trabajarla. Elevado ese problema a una significación general, Bolivia puede reportar grandes ventajas  a aquel pueblo que, poniéndose en el plano de  “do ut des” , quiera hallar ventajas y también proporcionarlas.
    “Las alianzas –ha escrito nuevamente un espíritu tan alejado del materialismo como Juan Vásquez Mella- se acuerdan, no por cuestiones de sentimentalismo o de capricho, sino por razón de suplementar un pueblo los vacíos del otro. Por lo mismo, serán cada día más lógica las alianzas entre pueblos diferentes y de intereses encontrados, que no entre pueblos iguales y de similares intereses, los cuales, por lo mismo, les colocan en una base de pugna y competencia".
    La iniciativa chilena, durante un tiempo no remoto, supo hacer mucho en ese sentido. Grandes compañías mineras, y un comienzo de organizaciones de otro orden, hallaron en el suelo de la hermana Bolivia una excelente inversión y un campo fértil.  Y buena parte de la prosperidad privada en Chile venía en línea recta de esos esfuerzos, realizados en ventaja común, por hombres de grande iniciativa. Todavía hoy día hay en Bolivia capital chileno, y hombres de larga vista que comprenden hacia donde han de marchar  las proyecciones económicas de grande alcance. Y no faltan Compañías que permanecen firmes en ese ideal práctico, laborando en Bolivia para los bolivianos y los chilenos a la vez.
    Raras veces se podrá encontrar una combinación de necesidades complementarias más concordante. Importa Chile materias que Bolivia le podría proporcionar ampliamente a cambio de otras que Bolivia importa de otros países y que podría llegarle de Chile.  Hay en el país hermano campo abierto para la explotación de terrenos vírgenes, en ganadería, en organizaciones fabriles de determinados productos.  Y, en respecto de aquello que debe importar, hay posibilidades de tratos preferenciales, a cambio de otras preferencias, cierto, que pueden redundar en ventaja enorme para los dos pueblos que se complementen.
    Queda aquí campo abierto a grandes expectativas, que podrían fácilmente ser concertadas, para ver de echar unos cimientos comunes que unan para un futuro mejor a dos pueblos que mutuamente llegasen a complementarse, bajo tantos conceptos respecto de los cuales se beneficiarían ambos países.

Bibliografía
Koch, Osvaldo: La implantación de las Listas Negras en Chile constituye un delito sancionado por el Código Penal. Valparaíso
La SI 06/12/41 p. 14


    No es posible una exposición más completa y más sucinta de ese tema. Es un acabado estudio de la materia, con una introducción interesante: el criterio de EE. UU cuando esas Listas Negras fueron establecidas por Gran Bretaña contra ley, en 1914.
    Leída esta disertación, una Cámara de Comercio y un Parlamento han de sacar sus corolarios en cuanto a medidas prácticas para no tolerar tan burdos abusos.


Chile y Argentina se cuadran
La SI 24 01 42 p. 5-7
ver América Conferencias

Las cosas de Sumner Welles
La SI 17/10/42 p. 1-4 ver USA

Armada Argentina en Chile
La SI 02/11/46 p. 10


    Camino de Valparaíso, a lo largo de la costa chilena, está llegando la escuadra argentina, para saludar a cañonazos festivos el advenimiento del nuevo Presidente de la nación (a).
    Es costumbre mandar al comienzo de cada Mandatario una delegación diplomática, para tomar parte en el nacional regocijo. Es una fórmula, y, a veces, de fórmula no pasa. Pero el Gobierno argentino ha querido mandar una Embajada especial, que incluye nada menos que al Vicepresidente de la nación hermana, con 10 buques de su Marina de guerra, con una Misión especial.
    Todas las Embajadas nos merecen un agradecimiento cordial, en especial las de los pueblos de la raza nuestra, todos en situación difícil económicamente, y más de agradecer su comportamiento. Pero no podemos dejar de decir que vemos son singular alegría ese gesto de nuestra hermana argentina, no solo por el esfuerzo que su Embajada significa, sino también porque,  siendo vecina nuestra, las circunstancias hacen que sean más importantes  nuestros contactos, a causa de varios superficiales desencuentros, que algunos hacen resaltar cuando se trata de la Argentina, y no cuando provienen de otros pueblos, siendo mayores las desventajas que ellos nos traen.
    Nuestro entendimiento con el país hermano  comenzaba por la generosa conducta de Chile a favor de la autonomía argentina, cuando por todos lados se esgrimían poderosas fuerzas para que aisláramos a nuestros hermanos. La leal y fraternal conducta chilena en pro del país hermano revolucionado fue capital para la defensa de la independencia argentina, así como para las autoridades revolucionadas, que, como suponía Chile, respondían a un anhelo nacional, como probó posteriormente la elección del nuevo Presidente Perón.
    Fue entonces cuando los dos Gobiernos, queriendo solidar las relaciones, no solo sobre el corazón, sino igualmente sobre el comercio y las mutuas ventajas, subscribieron varios Pactos afirmando la hermandad, y anunciando que bien pronto se pasaría a hechos en este sendero económico y político.
    Han pasado dos años. Las circunstancias, en vez de desaparecer, se han agrandado a favor de los mutuos intereses. Nada, sin embargo, se ha hecho en la realidad de los anunciados en aquellos Pactos.
    Sería largo escudriñar en la causa de la esterilidad de aquellos patrióticos Pactos. Más vale silenciar las circunstancias que se opusieron a la realidad práctica de lo anunciado como seguro. Solo hay que recordar que Argentina tuvo que desviar de Chile el comercio de carbón, yendo a buscar lo que sobra en casa –y no por culpa suya- a las lejanías de África del Sud y Rusia. Y que, al carecer, este país de un aceite que deberíamos –y podríamos- tener por miles de toneladas, Argentina ha contestado con tónicas semejantes a las que usamos nosotros con el esperado carbón chileno, y con otros productos que no le hemos podido servir por expresa e incontrolada intromisión de un tercer Gobierno que no es ni vecino ni de nuestra raza.
    La respuesta –dicen algunos- nos la ha dado Argentina. Sin embargo, ahí están varios personajes importantes que vienen co0n esa extraordinaria Misión, como si fuésemos invitados a poner punto final a todo lo inconveniente, para hablar de nuevo sobre nuestra vecindad y nuestro pasado inmediato, iniciando nuevamente la amistad. Fue Chile, amigo leal, el que iniciaba, con cierto peligro propio, la defensa de la política argentina ante América, que ha de ser dirigida y controlada por los argentinos mismos y solo por los argentinos. Es ahora Argentina la que, después de un paréntesis fastidioso, parece invitar a Chile a iniciar prácticamente ahora los tratos que en hora más difícil fueron firmados en aras de la mutua amistad.
    Diferencias de hermanos, han de ser olvidadas en propio provecho, quiero decir, en bien de ambos pueblos; que, en manera alguna, en provecho de minorías inescrupulosas de alguno de los dos países.
    El ideal Hispanoamericano está en marcha, y son los dos países del Pacífico Sud los que habrían de marchar adelante por el sendero de la consaguinidad y de las comunes ventajas.
    He ahí, arrulladas por las aguas chilenas, las unidades de guerra de nuestra hermana. Les deseamos cordialmente una buena estadía, y están con nosotros todos los chilenos. ¡Bienvenidos! Bienvenidos a nuestros lares los hermanos vecinos, y que, afirmándose en una visita cordial, se lleven en las manos algo más que una cordial entrevista: el inicio de ser una realidad los Pactos platónicos de antaño

(a) Gabriel González Videla (ver página 1 de este número)
 
Diplomáticas
La SI 16/11/46 p. 10

Vinos chilenos a Europa
    Una noticia interesante para Chile: Bélgica ha buscado reemplazar  los vinos franceses por los chilenos.
    La causa parece ser las coimas, chantajes y otros escándalos que los “gobernantes nuevos” de esa vieja Francia de la politiquería, han realizado ya, a costa del pueblo francés, víctima de sus “nuevos” líderes.
    Pero, sea cual sea la causa, es necesario que los países ibero-americanos estén siempre alerta para extender sus tentáculos  comerciales por todo el mundo. Es un suicido tener como cliente a un solo país, máxime si él es imperialista. Solo se es independiente con la pluri-producción y el pluri-clientelismo.


Cordillera libre entre Chile y Argentina
La SI 14/12/46 p. 1-4

    a) No podemos negarlo. Cuando corremos en busca de los sucesos del día para enhebrar estas desaliñadas crónicas semanales, andamos semineurasténicos a casa de algún tema digno de loa. Son tan angustiosos los tiempos, y tan perversos los hombres, que precisa tener el ojo alerta para pescar alegrías para dar al lector unos adarmes siquiera de obra práctica que merezca entrar joyosamente como un rayo de luz en el corazón.
    Era cosa sabida que, luego de una guerra, los cuatro caballos del Apocalipsis se desataban como furias, muchas veces peormente  que durante la guerra misma. El flagelo bélico tiene eso de sí, a manera de tifus colectivo: que deja tras sí todo en ruinas, y sigue haciéndolas una vez terminada la guerra.
    Pero no se han fijado las gentes –menos los historiadores, que no ven muchas cosas que tienen ante los ojos, y ven lo que no ha existido jamás- en algo que desata el pesimismo más que las mismas miserias consecuentes a la guerra: que los que deberían medicinarla y curarla, ponen, no solo sus manos pecadoras, sino también su mala fe, en vías de agravar los males, y no en aminorarlos y curarlos.
    Tenemos, por lo mismo, el caso trágico, y diríamos diabólico, de que, estando el enfermo delicadamente grave, los doctores llamados a salir al encuentro del enfermo harían lo posible para acabar de agravarlo y enfermarlo.
    Ello parece una afirmación gratuita y una gallarda calumnia. Y no es así. Si alguien dudase, bastaría que ahora mismo echase una leve ojeada sobre los hombres que los hombres han puesto –o que se han puesto por sí solos, en piña de servicios mutuos- analizase, siquiera por encima, lo que hacen y deshacen, y la tesis quedaría probada definitivamente.
    De ahí tanto motivo de fundamentado pesimismo. Las desgracias descorazonan y ponen hiel en la pluma que escribe con el corazón. Pero cuando, no se trata de las desgracias en sí, sino de mediquillos que ponen todo su ser en agravar al enfermo, entonces se pierden los estribos morales y uno está en vena de un pesimismo que seca el corazón
    De donde un carácter amigo de loar lo bueno, más que de desmenuzar y condenar el mal; la búsqueda de temas francamente buenos, para tener ocasión de enfrentarse con algo que valga la pena;  poner algún ditirambo en loor de un personaje que se lo merezca, e infundir un poco –siquiera un poco- de esperanza a los lectores.
    Pero esa afanosa rebusca queda sin resultado en estos venenosos tiempos. Los días andan abundosos de malas cosas, de acciones indignas, de personajillos que se llaman a sí mismos personajes, de tragedias buscadas más que evitadas. Y, si el corazón sangra al acumular en una crónica males y más males ¿cuánto más no latirá de ira al tocar que esos males, que no hubieran venido muchas veces, han sido expresamente buscados y engendrados por los médicos internacionales?
    Pero, todo tiene su contraste y su contraprueba. Y es cuando, en esta maraña de adversos y mal intencionados deseos, puede saltar el pecho ante algo bueno que vale la pena. ¡Qué optimismo entonces! ¡Qué ritmo de alegría el corazón! ¡Qué bella ocasión de infundir fe a la gente y alentarles a esperar contra toda esperanza!
    Que es precisamente, lo que pasa ahora. He ahí una crónica con cinco sucesos titulares (aparte éste, el número 1, en  tres páginas y media, van tratados 4 sucesos más en dos páginas y media: total seis páginas la crónica entera JVG). Desgracias, miserias, tragedias, el lobo siempre tras el rebaño. Pero, ¿que me decía del número 1, y de esa cordial unión entre Chile y Argentina, que a estas horas están en su plena luna de miel?
    Por fin, algo que vale la pena de alegrar los pechos y de cerrar, siquiera por un día, los malos humores, para entregarse a una franca y sólida alegría.

    b) El hecho es simple. Un largo y bien visto pololeo, que tiene sus alternativas, sus lunas llenas y sus eclipses; que, al fin de tanto titubeo, álzase el sol sobre las monatañas, y casamiento tenemos.
    Quiero decir: un largo deseo de entroncar debidamente. Una larga serie de vicisitudes de todos los órdenes.  Un casi casamiento dos años atrás. Un regateo de dimes y diretes, luego. Y al fin, cuando las nubes amenazaban ponerse más plomas  que nunca, sale el sol por la cima de la cordillera y hete aquí el himeneo.
    Quien ha viajado por la España antañosa, o por los alrededores mismos del París de Francia, recordará con socarronería los Consumos y el octroi. Nada más sencillo: aduanas y aranceles en cada ciudad, pueblo y aldea de la misma nación, no pudiendo entrar nada, en un mismo país, de una aldea a otra, sin pagar la tasa o arancel acordado por un municipio que ponía murallas dentro de la misma casa familiar.
    En España los Consumos eran una institución y las casillas de los guardias “consumeros” y los guardias mismos, un motivo de regocijo en el pueblo. Los sainetes madrileños no podían prescindir de tan decorativo motivo. Y ahí van los “guardias de consumos” para alegrar la vena sainetera y de hacer reír de buenas ganas al respetable público.
    En la ciudad de París, y alrededor de sus imponentes murallas, había antaño unos 35 lugares donde se elevaban los “octroi”, y en cada uno la omnipotente guardia de esas aduanas comunales. Pagaba, por ejemplo, desde un litro de vino en adelante. Un litro de vino que valía un franco en las bodegas de Bourdeaux, y que pagaba 5 francos (el 500%) al pasar por las sabias aduanas de la Ville Lumiére.
    Las chanzas del buen pueblo parisién eran fregadas. Había comadre que venía de Bicétre, ciudad acera en medio con la de París, con un litro exacto de vino. Los guardias -¿para qué eran guardias, sino para guardar los pasos?- salíanle al para hacer efectivo el arancel. La madama se cuadraba, y hacía calzar los guantes a los guardias, como era de reglamento. Una vez calzados, la buena señora empìnaba el codo un buen traguito, a la vista misma de los guardias; y ya no había un litro de vino. Ya no pagaba. Y pasaba sonriente y triunfadora ante los mismos guardias derrotados.
    La verdad es que los Consumos – es decir, las fronteras arancelarias- si eran lugar común para la risa y la sainetada, eran una aberración y una torpeza en la realidad moral y familiar. ¿Qué razón, y aún qué sinrazón, podía haber  encontrado algo más anormal y torpe que poner puertas entre las casas de una misma estirpe, y vivir unos a costas de los otros?
    Los economistas son gente muy cómoda. Cualquiera pensaría  que sacan dinero de donde deben sacarlo, y que su ciencia infusa les aguza el cerebro para esa búsqueda. Nada más crédulo e infantil. Tan infantil y absurdo como la ciencia política de los políticos y el “saber hacer” que no sabe hacer nada bueno, de los dados a la política. Nada de ciencia en los sabios economistas. Toda ella, si eso es ciencia, reducida a sacar dinero de dónde se encuentra, sea lógico o ilógico, sea moral o inmoral. El que saca más dinero, debida o indebidamente, éste es, para la sabia prensa contemporánea, el economista más ilustre  de la cristiandad despojada.
    Los economistas de antaño conocían las ansias bebederas de los sedientos parisinos, y de ellas sacaban –de ellas y de sus bolsillos- la plata que se dejaba en los octrois por causa arancelaria comunal. Nada más que esto. Y así pagaba unos aranceles una lechuga que usted compraba en la calle del lado, si esa calle pertenecía a Providencia y no a Santiago, y así de lo demás: todo era arancelable: una marraqueta de pan, una docena de tomates, una medida de aceite, un metro de paño comprado en la esquina extracomunal.
    (Los modernismos han avanzado. Y, suprimiendo los aranceles comunales, han establecido las “aduanas individuales”, o sea , la “chiffre d’affaires”; han establecido una aduana y un arancel en cada negocio,  y, hasta que usted sea ciudadano, ya no se libra de aranceles ni aún dentro de la misma comuna: ventaja de un ayer que nos hacía reír, y que era mil veces menos absurdo que el hoy que nos enorgullece).
    
    c) Si  quisiéramos embocar el tema de una manera razonada, veríamos que el “quid” está en que se trate de una misma familia o de otra familia, es decir, que se trate de comerciar entre los de una misma familia, o con otros de ajena casa sanguínea.
    La naturaleza ha puesto entre las naciones unas fronteras idiomáticas que en vano hacen rabiar a los igualitarios de la “égalité”.  La naturaleza tiene bromas muy sonadas. Y no parece sino que ella nos ha sido dada  para hacer rabiar a los partidarios de una igualdad que no se da por parte alguna.
    La naturaleza da y muestra a los mortales la “manera” de hacer las cosas. Una simplista mirada sobre los pueblos, una inteligencia abstracta votaría por una libertad de fronteras entre los varios idiomas  y pueblos, en aras de la fraternidad universal y otras gollerías de ultracenturia. Pero, cuando se ha leído que, “el hombre es un lobo para otro hombre” y que no es raro un sangriento mordisco de un prójimo en las nalgas morales de uno, se comprende el límite divisorio, relativo, que ha puesto la naturaleza dividiendo a los hombres en naciones, y entre ellas unas fronteras que, por sí mismas, piden a grito aranceles.
    Porque ¿quién elimina la envidia de unas naciones contra otras, anhelando vivir a su costa y aún chuparles la misma sangre? ¿Quién inconscientemente estaría dispuesto a olvidar que, en esta guerra, unos pueblos han intentado vivir a co0stas de los demás,  y que, mediante el librecambismo, intentan todavía –y han intentado por largos años- comerse lo de los vecinos y vivir como señores  a costa de la esclavitud ajena? ¿Quién es tan tonto que eche a menos lasa argucias de un pueblo contra otro pueblo, y esas ansias, por ejemplo ahora, de destruir uno a otro, condenándolos de adrede al hambre, para que se mueran sencillamente de sufrimientos, para salvar al propio pueblo?
    Si el hombre fuese como debería ser, y fuese su camino la moral y el amor a los demás, serían cosa vitanda las fronteras, y los aranceles entre ellas. Pero el hombre es como es, y no de otra manera: envidioso, receloso, malo, con un puñal bajo un ramo de flores, y la mentira y el odio bajo las palabras melosas de un amor fingido. Y, porque el hombre es así, y no de otro modo, parece que la naturaleza se ha adelantado a los hechos, y ha dividido de tal modo a la humanidad, que ha hecho como naturales a las naciones, la vigilancia, las fronteras, los aranceles, es decir, una barrera defensiva contra las malas argucias de los otros.
    Los antiguos sabían bien de ese odio mutuo. Más que entre los individuos, se daba entre los pueblos el “latet anguis sub herba”, famosa sentencia arrancada de la mentirosa realidad.  Y las infinitas guerras de un ayer sangriento; y la esclavitud realizada por los paganos que no tenían Dios, padre de todos, y realizada también por los cristianos, que trasladaban hombres vivos en sus mazmorras flotantes, para llevarlos a otro continente; y las mil dificultades entre grupos que han existido siempre, la humanidad de ayer es una prueba sangrienta de la mala voluntad de unos contra otros, y consiguientemente, de la necesidad de autoprotegerse.
    No ha avanzado la humanidad de hoy día, que llaman días de amor, de paz y de sacrificios. Ni Hanibal; ni Catón, el arrasador de Cartago; ni los bárbaros que venían del fondo del Asia y de la barbarie, desde Atila, cometieron, con ser tanta su crueldad, crimen mayor que los enguantados y tiernos políticos  que hoy se ceban sobre Alemania y sus satélites. Porque la premeditada degeneración  de una raza, la esclavitud sexual y de trabajo forzado, jamás habían llegado a tales extremos como son hoy los infligidos por los “civilizados”, carcomidos por la envidia, contra los competidores suyos en lucha leal y noble.
    De ahí la burla suprema del desarme, que quiere decir desarmar a los demás para mejor cabalgar impunemente sobre ellos. De ahí que, en vez de avanzar en los tiempos nuevos, se ha retrocedido en crueldad y refinamiento pavoroso del hombre contra el hombre.
    De ahí la necesidad de fronteras y el arma al brazo de un pueblo contra el otro. Y, como consecuencia, cierta afinidad y amor entre los hermanos de un mismo pueblo, y, como  contra medida, el odio y la mala fe de cada pueblo contra los vecinos.

    d) De esas premisas parece deducirse la falta de sentido del actual Pacto chileno-argentino, que quiere borrar las fronteras y hacer de dos países vasos comunicantes de lo bueno y de los mismos vacíos e infortunios.
    Parece un contra sentido, pero no lo es.
    Porque el problema de las naciones y fronteras, viene ahora concretado, en América, , por esos dos otros problemas del Panamericanismo y del Iberoamericanismo, que vienen a iluminar nuestras horas de insensatez, por un lado, y de legítima reconstitución histórica y racial por otro lado.
    Nadie más amigo que nosotros del Continentalismo, viviendo los pueblos en paz como vecinos... si es que son vecinos Chile y Canadá, por ejemplo, sabiendo que las distancias por tierra son inmensamente mayores que las distancias por mar. Hemos desarrollado aquí mismo la teoría del Triángulo, por el cual nuestros pueblos han de dar cara a dos, en distinto grado y con distintas precauciones. Pero ¿quién será el tonto que dirá que lo mismo hemos de guardarnos de un hermano que de un vecino? ¿Quién será el que no alzará pared en medio entre mi casa y la del Vecino amigo, y se guardará de alzarla entre el hermano y el hermano?
    Otra es la cuestión racial, que enfrenta ahora definitivamente el Ibero-Americanismo. Son tan lógicos los lazos que encuadran en un solo haz a los norteamericanos, como los que naturalmente encuadran y hacen a una misma familia de los pueblos hijos de España y de la materia prima nativa.
    El ibero-americanismo nos dice que se formaron de esos pueblos –de ese pueblo- varios Estados por razones circunstanciales de lugar y tiempo, no por razones de poliracismo. Y que el lugar y el tiempo se vencen al fin, empujados por la necesidad racial y la sangre común, correctora de tantas raras cosas históricas indeseables.
    De ahí una lenta reconstrucción, que ha comenzado ya, entre esos pueblos –entre los trozos de ese pueblo único- que ha de refundir tantas cosas que las circunstancias separaron con separación accidental.
    Que ahora estamos en ese período de reconstrucción, nadie que vea los hechos lo negará. Y, asimismo, que estamos en “reconstrucción  unitaria” los varios pueblos hermanos, y que estamos en “reconstrucción de defensa” y de separación y de pura vecindad con los dos pueblos de otra raza y otra sangre del norte continental.
    Vivimos en un doble proceso, que los norteamericanos querían descaminar, pero inútilmente. El que se pone contra naturam, da de cabezazos contra la pared, y es la cabeza, no la pared, la que al fin queda estropeada. Ese doble proceso está a la vista, y se mueven infinitas fuerzas para llevarlo a cabo:
    el proceso de integración  de nuestros pueblos hermanos de raza, y
    el proceso de mutua defensa (y, en lo lógico, de mutuo auxilio) entre las dos razas de este continente.
    Ese proceso será largo, aunque, empujado por la necesidad, corremos ahora más ligero que antes. El tendrá diversas etapas. El ha comenzado, él continúa desarrollándose, él concluirá. Y, al seguir desarrollándose,  ha de seguir diversas etapas que encuadrará cada una con el tiempo que le sirve  de fondo y medida. Es decir, que ese Ibero-americanismo, impuesto por los imperativos de raza y sangre, sufrirá varios pasos y hechos durante su desarrollo. O, para mejor hablar, esos varios hechos sucesivos constituyen su mismo desarrollo.
    
    e) Una nueva etapa la comenzamos de hecho ahora.
    Concuerda con el mismo hecho que se desarrolla en otras partes del continente. Con la reunión centroamericana, queriendo  hacer de ese istmo triturado una sola nación federal, para lo cual las reuniones  se vienen celebrando, aunque con una gran actividad norteamericana para impedir la obra de la naturaleza. Concuerda con la fusión jurídica, naviera y económica entre Venezuela, Colombia y Ecuador, ya en plena marcha. Concuerda con los pasos iniciales que están dando silenciosamente las diplomacias peruana y boliviana, para reconstituir de alguna manera económica el Alto Perú de antaño, de conformidad con necesidades perentorias de ambos Estados. Concuerda con los movimientos de infinidad de individuos capacitados de todos esos pueblos, que laboran silenciosamente para reconstituir por etapas la hermandad racial, pese a influencias exteriores.
    Chile había puesto, aunque en el exterior no lo notaban muchos, las primeras últimas piedras a esa etapa de la unidad económica argentino-chilena, y las había puesto con responsabilidad y valientemente.
    Cuando la última revolución democrática argentina, que interpretaba en un todo la voluntad de un pueblo, cansado de tanto “affaire” político, se planteaba un problema que tenía  a aquella revolución –a aquella democracia- a dos dedos de perecer dictatorialmente, a causa de interferencias de un pueblo extraño. Fueron enormes los esfuerzos de algunas cancillerías para que los pueblos de América rompieran con esa revolución democrática, y echasen abajo, por falta de oxígeno vital, la revolución argentina. Se tocaron todas las teclas del inarmónico piano diplomático. Chile, gente de hombres, se comportó tan decididamente a favor de Argentina, como se puede comportar un hermano con un hermano.
    El Gobierno chileno, pese a todo, se estuvo valientemente en su puesto, y supo arrostrar incluso ciertas antipatías, que podían molestarle en sus necesidades económicas. Dio la mano a la revolución argentina. Y esta se salvó, no solo porque llevaba en sí la fuerza nacional contra todas las intervenciones posibles, sino también por la hermandad de esos países hermanos, entre los cuales Chile ocupaba, por razón de espacio, de peligro y de hermandad, el número 1.
    Con cuánta sabiduría la cancillería chilena llevó esas tramitaciones, lo sabe Argentina. Y este servicio prestado al pueblo hermano sentaba de tal modo doctrina y carácter (más carácter que doctrina), que no podrá menos que influir en la historia de este hemisferio, en lucha secreta los que quieren hacerse con él, y en etapas de entendimiento mutuo el resto de estos pueblos.
    Dado este precedente, claro que lo primero es el pan, tanto en lo temporal, como en lo eterno humanizado. Recientemente ha dicho Pío Xll, repitiendo doctrinas siempre firmes, aunque demasiado olvidadas, que la Europa no tendrá base firma en su Fe, si en las condiciones de Vida no hay seguridad, suficiencia y firmeza. Y esa que parece blasfemia en boca del supremo jerarca espiritual, se cumple más decididamente en lo puramente humano.
    La etapa inicial –prescindiendo de la base fundamental, que es la sangre- había de comenzar por lo que más dolía a esos pueblos, especialmente a las masas: el pan nuestro de cada día, es decir, lo económico. Lo económico que, además de satisfacer necesidades materiales urgentes, abre y despeja el camino para otras necesidades más espectables, aunque menos atenaceantes, que el hambre.
    Las condiciones para fraguar esa etapa se han dado admirablemente, si es que puede haber nada admirable en el hambre de los pueblos. La necesidad múltiple del pueblo chileno, y la superabundancia plena de la producción argentina. Se necesitaban uno de otro, especialmente en estos instantes en que no es deseable endeudarse demasiado en pueblos extraños, que llevan en la mano, como palo decididor, las deudas impagas e insolutas por circunstancias aciagas.
    Esa necesidad chilena de pan, de aceite, de azúcar de nuestro pueblo, con la necesidad de metales y de algunas frutas de la Argentina, han precipitado la etapa, porque los fines superiores son siempre servidos y empujados por objetivos inferiores. Y la hermandad, que ya parecía demasiado tardía, ha sido hecha, poniéndose el primer anillo de la gran etapa.
     De la gran etapa, hay que repetirlo.

    f) Las circunstancias de esos pactos, fuesen las que fuesen, tienen escasa importancia al lado de lo que significan. El hecho es uno y solo: que la unión haya sido firmada; que la hermandad sea un hecho. Lo demás, cosas a discutir, a examinar, a refrendar, a reformar, a lo que se quiera, como cosa materialmente importante, pero racialmente secundaria. La Unión Aduanera es un hecho. La primera etapa de la Hermandad y la fusión es ya un acontecimiento. Lo demás hemos de aceptarlo por añadidura, y como complemento que haga la unión menos dura que la desunión. Toda medicina lleva su azúcar o jarabe.
    A base de esto –que lo importante es la Unión- es interesante notar, si hemos de atenernos a lo que dicen las agencias, lo interesante de los acuerdos, entre los cuales notaremos los siguientes, además de publicar, cuando sea conocido, el texto del Pacto:
    1.- El mutuo auxilio en productos. Mañana quién sabe lo que necesitarán esos pueblos. Pero, en tanto, Argentina necesita urgentemente maderas, metales de toda clase, especialmente cobre y hierro. Aunque no fuese más, es lo bastante para entender, no sólo que el auxilio será mutual, sino que no se trata de una extorsión del uno sobre el otro, como sucede con el comercio de estos pueblos con Norte América y otros países. Es a base de la exportación siendo superada por las importaciones, es decir, por la fuga del oro. Añadiendo que las exportaciones de cobre y salitre no son computables, porque las utilidades van directas a los bolsillos de sus amos extranjeros.
    2.- Argentina y Chile se comprometen a no vender a otros países, sin llenar antes las necesidades mutuas. Pacto de familia, interesante. Puede traer algunas dificultades. Nada es más importante que las relaciones de familia y la hermandad racial.
    3.- Argentina presta, y a base de utilidades reducidas. Es más que interesante. Quiere decir que hay entre nuestros pueblos hermanos quien tiene en abundancia y lo brinda en buenas condiciones a sus hermanos. Estados Unidos se había caracterizado hasta aquí como único prestamista, a pesar de que es el pueblo que tiene más deuda del mundo. Ahora sabemos que hay prestamistas de la raza y que no abusarán del préstamo.
    Cierto que más interesante habría sido un empréstito interior, aunque hubiese sido forzoso. Hay en este país dinero para cubrir todos los empréstitos, aunque gente interesada diga lo contrario. Pero, mientras prácticamente  no se demuestre una correcta inversión  del dinero prestado ¿cómo puede un Gobierno alzarse con energía y hablar de dinero forzosamente prestado?
    Esa etapa argentina, que le permite prestar, es de una importancia extraordinaria. Liberadora, sobre todo, de esos pueblos, que, necesitando comprar donde lo dan mejor y más barato, estaban obligados a comprar a cualquier precio en el país que les prestaba.
    4.- Los caminos internacionales serán abiertos, al fin, en el norte y sud de ambos países, para mejor intercambio local. Ello es de una importancia suma. Hay productores anticientíficos que viven del aislamiento de los compradores. No hay razón para ello, especialmente si los pueblos son hermanos.
    Los caminos internacionales de Chile vegetaban en una dejadez extraordinaria. Los Gobiernos no querían empujarlos. La naturaleza traza algunos, que están avanzados, a lo largo del país. Ahora van a ser terminados, y van a ponerse al servicio del objetivo de los caminos: comunicarse productos y personas.
    5.- Puertos libres en Valparaíso y Mendoza, al servicio de los intereses mutuos. Lo más visible de esos puertos libres es que no se paga aduanas para los productos que van a un tercer país. Pero ello es poco importante, desde luego que se habla de “cordillera libre”
    Pero es importante que un Puerto Libre lleve aparejado casi siempre el añadido de Zona Neutral. Y una zona neutral consiste en poder fabricar en ella cuanto sea destinado al extranjero, sin pagar aduanas ni siquiera por materias primas importadas de otros países. Aparte la densificación de la industria y el trabajo, cosa tan importante para Valparaíso, en estancamiento continuo.
    6.- Cordillera abierta, es decir, abolidos los Consumos y los Octroi entre dos pueblos hermanos. Quiere ello decir, aranceles eliminados.
    Cierto que esa Unión Aduanera vendrá con sus excepciones, aunque los cablegramas no lo digan. Esos pueblos son un mismo pueblo, en la substancia. Por tanto, en abstracto, no importa que en “un país” (los dos son uno) los que no trabajan científicamente sean vencidos por los que trabajan en buenas condiciones. Pero es secular lo contrario. Es evidente que hay numerosos negocios agrícolas –especialmente pequeños negocios ganaderos- que se han fundado a base económica  no racial. Y los que en ellos se defienden, necesitan tiempo y probabilidades de cultivar bien lo que está mal cultivado: de substituir un producto por otro cuando el terreno no admite competencia científica; de acomodar la nueva manera resguardando por etapas los intereses de los que trabajan en malas condiciones, dándoles tiempo de cambio.
    De ahí que la Unión Aduanera total, o la abolición de las aduanas chileno-argentinas no puede ser total y momentánea, sino dictada por los derechos de cada uno. Un médico trata mejor una pierna enferma que una san, porque también la enfermedad tiene sus derechos.
    7.- Consejo dual y ayuda total en los mutuos conflictos o dificultades.  Ello se desprende de lo anterior, porque en un Pacto de Amistad y fraternidad, no todo puede preverse.
    8.- Intercambio educacional y cultural, que ha de estrechar las amistades y reforzar los lazos materiales. Surgen éstos de una raíz interior, moral sobre todo. Han de venir la cultura y las Universidades a reforzarlos. De ahí múltiples medidas, que han de hacer funcionar densamente a los ministros de Educación y a los rectores universitarios de ambos países, que no han de quedar quietos al margen de los economistas y del pueblo.
    
    g) Señalemos la fecha feliz, dando los parabienes especialmente al Gobierno de Chile.
    Las causas son evidentes. En Argentina toda la economía nacional estaba preparada para ese acto. Es una economía, individualmente y estatalmente, superior a la chilena, no sólo por el volumen, que importa poco, sino por la calidad de industriales y agricultores, que, con mayores dificultades competidoras, han de trabajar en condiciones científicas mejores. ¿Por qué hablar de las mejores tierras argentinas, limitándonos a la agricultura, compensadas por una mejor  minería chilena?
    Todos los intereses materiales, al lado de los espirituales, invitaban al Gobierno de Buenos Aires a celebrar esos Pactos, incluso los de los agricultores e industriales cuyanos y salteños, más cercanos a Chile que a Buenos Aires. En cambio, poderosas dificultades se oponían a la voluntad del Gobierno chileno, que debe mirar las cosas según tiempo y lugar, y no según intereses generales, como se había hecho hasta ahora.
    Dos años más atrás soplaron sobre la cordillera buenos vientos, y se echaron a vuelo todas las campanas para celebrar un inminente Pacto. Se movieron los intereses –los legítimos y los bastardeados-.  Y se apagaban de repente las voces, sin que ni siquiera la prensa, con raras excepciones, que obedece a intereses minoritarios, recordase la inconsecuencia.
    El Gobierno del señor González Videla ha cerrado los ojos, y firme. O, para mejor hablar, ha abierto los ojos ante intereses superiores, cerrándolos a pequeñas dificultades que no deben obstruir los caminos, sino ser superadas, y en beneficio de todos, incluso de los que se creían, al primer momento, perjudicados.
    Se necesita ojos certero y buena energía para llegar al final a que ha llegado el Gobierno chileno.
    Uno y otro, el de Santiago y el de Buenos Aires, unirán sus nombres a una de las primeras etapas del ibero-americanismo, que ha de ser el hecho más trascendental de nuestra América en lo que resta de siglo.

Breves aclaraciones a los problemas internacionales
La SI 13/03/48 p. 3


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    Viene un eco telegráfico del norte de Chile diciendo que, en ese zarandeado ferrocarril por Socompa (Salta-Antofagasta) ha pasado algo extraordinario: después de más de veinte años en construirlo, cuando ha venido la parte concreta, que es el comerciar, ha venido una orden del Gobierno chileno impidiendo que entren de Argentina un montón de artículos de la agricultura argentina.
    Era de esperar. Es la copia del gobierno norteamericano de rebajar las tarifas arancelarias, pero al mismo tiempo de no dejar entrar nada a causa  de “la mosca mediterránea” que infecta las importaciones.
    Es el atraso, imponiéndose a los dictados de la naturaleza. Los intereses privados, por encima del interés social o colectivo.
    No sabemos si el informe de los ingenieros agrícolas son “informes politiqueros” estilo Hoover, o si son peligros reales que hay que señalar. Pero sabemos que se ha inventado la mosca mediterránea, como en su hora se inventó la mosca atlántica que infectaba el acero de los automóviles, para continuar teniendo a países enteros a las órdenes de los intereses privados.
    Una razón (o apariencia de razón) se oponen a Tratados, ferrocarriles, rebaja de aranceles y otras ventajas del progreso social que, en ciertas luchas, la agricultura de un país arruinaría la del otro. Pero hay para ello un remedio decisivo: que la agricultura del país vencido sea superior y más barata que la del país contrincante. Y si esto no surge, basta contar las ganancias obtenidas, contadas desde un club cualquiera.
    Una ventaja de los Tratados internacionales de comercio: que los agricultores atrasados hayan por fuerza de trabajar mejor que los que los vencen…si alguna vez han trabajado: el triunfo de una agricultura ha de ser “ganado” y una agricultura atrasada y del tiempo de Virgilio no merece más que ser suprimida.