España 35 02
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España 35 02
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La crisis española entre agrarios y cedistas. Agrarios contra cedistas  La SI 23/02/35 p. 2-3
El ex-presidente de Cataluña, condenado La SI 15/06/35 p. 2
La crisis española entre agrarios y cedistas. Agrarios contra cedistas
La SI 23/02/35 p. 2-3


    Los diarios de estos días han venido llenos de noticias acerca de la crisis interna que afecta a las derechas españolas, ahora por centésima vez salida a la superficie con motivo de la discusión de una ley agraria.
    Desde que, dos años atrás, surgieron de las urnas esas fuerzas que se llamaron derechas, venimos anunciado esa crisis que fatalmente había de dividirlas: esa crisis y la esterilidad que acompaña siempre a todas las contradicciones.
    En aquellas elecciones, famosas por lo confusas, fueron a las urnas, en candidatura –única o asociada- las siguientes fuerzas, despreciando otras de menor cuantía:
    1. Radicales de A. Lerroux.
    2. Demócrata-cristianos de Gil Robles, Acción Popular.
    3. Agrarios de Martínez de Velasco (antiguos liberales y conservadores)
    4. Demócratas-liberales de Melquíades Álvarez.
    5. Monárquico-fascistas de Primo de Rivera.
    6. Monárquico-alfonsinos de Calvo Sotelo.
    7. Monárquico-carlistas de Oriol.
    8. Monárquicos sin aditamento de Pradera.
    9. Integristas.
    En la misma semana que surgía triunfante esa singular candidatura, dedicábamos una página a notar los programas contradictorios que defendían estos grupos y la imposibilidad en que estarían de gobernar en ninguna ocasión. Los que creían en esta crítica parcialidad, convendrán en que no nos equivocábamos. Porque no puede equivocarse aquel que se limita a notar hechos y a encararlos uno delante de los otros.
    Durante dos años hemos venido observando cómo los gobiernos formados por la mezcolanza de los cuatro primeros grupos (los cinco últimos se declararon inmediatamente enemigos furiosos de los anteriores) no han podido solucionar ni tratar problema alguno.  España tiene una docena de gravísimas cuestiones a resolver. Ni una sola ha sido, no ya resuelta, pero ni siquiera intentada. Gobierno estéril, que se limita a ir tirando, como en los buenos tiempos anteriores.
    Se ha maltratado en la prensa a la coalición gubernamental española con los epítetos más duros en cuanto a incapacidad de sus dirigentes. Y no es eso. Alejandro Lerroux puede ser tachado de todo menos de incapaz. Sería tendencioso aplicar este epíteto a Gil Robles. La infecundidad de la coalición no está en la incapacidad de sus prohombres, sino en la incompatibilidad de los programas de los cuatro grupos que la  constituyen. Estaba a la vista esa incompatibilidad. Y de ahí se podría deducir la inmoralidad de esa combinación electoral, que no tenía un solo principio básico común: ni uno solo.
    Gil Robles, en una carta pública que enviaba hacia Noviembre al jefe del gobierno, Lerroux, estampaba esta frase, que responde a una clara visión política: “los electores se quejan cada día más de la infecundidad de un gobierno que no acierta resolver los problemas fundamentales”. Es repetición de lo que aquí estampábamos cada tres meses. De ella deducía el jefe de los demócrata-cristianos que era necesario comenzar por algo fundamental, después de dos años de inacción. Fue entonces cuando uno de los ministros, pertenecientes a su partido, presentaba un proyecto de ley agraria.
    Se levantaba la tempestad en el mismo instante.  Era una ley mansoide y conservadora, pero muy bien orientada. Los agrarios se exasperaron. Martínez de Velasco se irguió como picado por mal bicho. Se salió del gobierno. Juró que no aprobaría tal ley comunista. Ese cerebro llama comunista a una interpretación archiconservadora de las normas papales.
    Queremos copiar aquí unos párrafos, que nos interesa mejor sean ajenos. Su importancia hará perdonar su extensión:
    “Madrid, Noviembre.- El Ministro de Agricultura, Manuel Jiménez Fernández, ha causado sensación en el mundo político con su ley de “yunteros”. Algunos lo tildan de socialismo cristiano, otros de comunismo, pese a la circunstancia de ser apoyada por el partido de Acción Popular, al que está afiliado, y por los miembros del gabinete, con excepción de los