Religión 35
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Pío Xl contra las guerras La SI 06/04/35 p. 5 (al pie de la letra está en la Documentación que sigue)
Documentación. Llamado a los católicos pro-paz La SI 13/04/35 p. 15
Pío Xl en el Consistorio Secreto último pronunció ante el Colegio de Cardenales el siguiente discurso:...  (Lo constato, sin copiarlo. JVG)
Deformación de los principios cristianos  La SI 20/04/35 p. 6
Istrati y Unamuno conversos La SI 27/04/35 p. 10-11
A propósito del XLlV Aniversario de la Encíclica “Rerum Novarum” Morris J. Moskowitz. C.E.R.   La SI 18/05/35 p. 6-7 

 
Pío Xl contra las guerras
La SI 06/04/35 p. 5


    En el Consistorio secreto celebrado en el Vaticano esta semana, el Sumo Pontífice ha pronunciado una breve arenga condenando claramente las guerras.
    Nótase, desde hace varios años, una cada día mayor abominación de los medios de fuerza  en el ideario político del Vaticano. Benedicto XV era, por encima de todo, un eminente pacifista. Y el Papa actual no perdona ocasión de hablar contra las guerras, usando los términos más duros contra los que las promueven Las severas palabras con que el Pontífice cerraba su Alocución son especialmente acervas: “Castigad, Señor, a los pueblos que promueven las guerras”.   
    Santo Tomás defiende la guerra como algo muchas veces necesario. No ya las guerras nacionales de defensa, lo cual es obvio sino las mismas guerras ofensivas, hallan en el gran filosofo cristiano margen de firme defensa. Han seguido sus huellas, con muy raras excepciones, los filósofos católicos.
    ¿Cómo se explica, siendo así, que uno de los últimos Papas las condene en bloc al decir que “no hay litigio que no pueda resolverse por medios pacíficos arbitrales” y que en esta Alocución reciente la guerra quede condenada sin distingos?
    Late aquí un problema que merecería largas páginas al ser desarrollado. Es este: hay la convicción absoluta de que esas guerras las promueven los gobiernos, en abierta oposición con los pueblos y al servicio de fines políticos, económicos y materiales inconfesables.
    Y aquí sí que aparece con todo el horror el monstruo de la guerra. Habría podido ser justa, en manos de un pueblo que se defiende reciamente o que ataca en alas de un ideal, recto o equivocado. Pero, no merecería más que execración aquella guerra que respondiese a afanes de lucro, político o pecuniario, de una minoría de almas degeneradas.
    Y ahí estaría la razón de esa energía condenatoria, que respondería  pragmáticamente, más a “las guerras”, a “Las guerras de nuestros días perversos”.  
 
Documentación. Llamado a los católicos pro-paz
La SI 13/04/35 p. 15

    Pío Xl en el Consistorio Secreto último pronunció ante el Colegio de Cardenales el siguiente discurso:...
    (Lo constato, sin copiarlo. JVG)
 
Deformación de los principios cristianos
La SI 20/04/35 p. 6


    Hechos abundantes acaecen en estos tiempos que delatan el método de simulación y camuflage con que se procede en nombre de grandes principios que en la práctica son claramente negados. Es este un síntoma de cambio de Edad, que nos interesa mostrar cada vez que los hechos diarios lo pongan de relieve.
    En Rusia el régimen comunista es cada vez más afirmado verbalmente, y, a la vez, cada vez con mayor fuerza negado en la conducta gubernamental y en la ley escrita. Cada vez más el individualismo más abierto se va introduciendo en las minas y en las fábricas; y el comunismo agrario es sustituido por un societarismo colectivista, que en nada se diferencia, en el fondo, de los organismos económico-sociales de la sociedad burguesa.
    El individualismo liberal es cada día más acentuadamente negado y proscrito por parte de los gobiernos que se apellidan a sí mismos liberales. La economía dirigida es en los países individualistas donde se acentúa con mayor ahínco en las leyes y en la Administración, mediante precios mínimos, compras de productos por parte del Estado, primas a la exportación, aranceles elevados, socorros a los productores, toda clase de medidas que, traducidas en bloc, significan blasfemar de todas las leyes esenciales del liberalismo para la protección de los intereses privados de una clase social minoritaria.
    Pasa por ese mismo camino del camuflagismo la doctrina política social-católica, en las manos pecadoras de quienes ponen entre el pensamiento y la realidad un abismo de distancia.