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Monroe a la vista: Los entretelones de la Conferencia Panamericana de Panamá


 12. Conferencia de Panamá
           

          La convocatoria de la Conferencia obedecía a un acuerdo, unánimemente tomado, por la Buenos Aires. Quería Estados Unidos reuniones periódicas, constantes a día fijo,  de los cancilleres de los países americanos. Argentina, con ella los demás, acordaron que no tuviesen lugar esas reuniones periódicas; pero que en cuanto algún suceso interesante pusiese en peligro algún interés americano, se realizasen consultas entre las veintiuna cancillerías, y, de creerlo conveniente, tuviese lugar una reunión de cancilleres.
            Declarada la guerra por Gran Bretaña y Francia a Alemania, sus repercusiones toaban derechamente a América, cuando menos en cuanto a apoderarse una de las partes de las aguas libres mundiales. En su virtud, Mr. Hull iniciaba las consultas. Y una Conferencia era acordada en Panamá.
            El mayor riesgo de ella era éste: que Hull podía ahora volver a proponer todo lo que había sido no aceptado en Montevideo, Buenos Aires y Lima y que ahora los acontecimientos venían a dar la razón (al menos en apariencia) al canciller norteamericano. Podía, por lo mismo, lograr fuese aprobado lo que antes había sido por tres veces rechazado.
            Dos hechos son de notar ante todo: la persistencia del Gobierno norteamericano y la no asistencia de varios cancilleres a la reunión de Panamá.

            a)  Cada cual opinará sobre la conveniencia o la inconveniencia de las finalidades perseguidas por el Gobierno de Mr. Roosevelt vis a vis de estas Américas; pero será unánime la opinión acerca de la férrea tozudería con que, concebido un plan, persiste en mantenerlo, no acobardándolo las continuadas derrotas sufridas al intentar realizarlo.
            En Montevideo, a pesar de la simpatía con que América recibe a los delegados del entonces nuevo Gobierno norteamericano, el plan es derrotado por unanimidad. No se desalientan. Votan los mismos delegados norteamericanos contra su mismo plan pero lo guardan fielmente en su corazón, para cuando circunstancias más propicias lo hagan posible. Lo presentan nuevamente en Buenos Aires. Y no solamente esto. Roosevelt propone la Conferencia de Buenos Aires exclusivamente para hacer pasar su plan.  Es nuevamente derrotado. Lo archiva nuevamente, pero a la vista de los sucesos. Van a Lima, después de una fuerte ofensiva de prensa y de agencias pagadas, con el mismo plan. Es por tercera vez derrotado. No importa. Con él a cuestas retorna a Washington Mr. Cordell, Hull. No se descorazona. Lo cree esencial para el resurgimiento norteamericano, y pacientemente espera. Estalla la guerra. Conferencia de Panamá. Cuarta ofensiva. Ahí retornarán los mismos e idénticos planes, ahora reforzados por nuevas circunstancias de la guerra.
            No merece más que alabanzas esa persistencia, sin cesar jamás en su empeño. ¿Les favorecerá ahora la suerte, y saldrán de la Conferencia Acuerdos sobre Defensa continental, armamentismo, comercio europeo desviado hacia Estados Unidos? De surgir, la causa de América Latina no quedaría muy en buen pie; pero sería ello un buen premio, para un Gobierno que no se ha descorazonado, ni aún a través de tantos obstáculos, persistiendo continuamente en la misma ruta.

            b) Pero un hecho les torna pesimistas desde el día mismo de la inauguración de la Conferencia: no asisten a ella los cancilleres de los dos países más hostiles. Lo cual es más que un simple mal augurio.
            Esta Conferencia de Panamá  lo era “de cancilleres”. Así quedaba determinado en Lima, y, antes, en Buenos Aires. Era consulta personal de cancilleres. No acuden los de Argentina y Chile, enviando al istmo delegaciones que representan, respectivamente, a las dos cancillerías.
            La causa está a la vista de cuantos conocen  la manera de ser de las Conferencias y los tratos a base de Mesa Redonda. Cuando se habla codo a codo, hay que ceder a veces, aunque sea por pura galantería. Una resistencia es difícil de armar cara a cara.  Mientras los cancilleres