economía 35 04
La crisis y las horas de trabajo La SI 27/04/35 p. 11
La crisis y las horas de trabajo
La SI 27/04/35 p. 11

    El Consejo de Administración de la Oficina Internacional del Trabajo, reunida en Ginebra, ha dedicado una buena sesión a preparar el programa y funcionamiento de la cercana Asamblea Internacional del Trabajo. Después de tratar varios asuntos de interés, se entablaba un debate sobre la rebaja de las horas de trabajo, como remedio único a la crisis mundial por el lado de la desocupación.  
    Conocen nuestros lectores de cuántos años atrás hemos venido sosteniendo esta tesis desde estas columnas. El representante en la Oficina Internacional de Estados Unidos, Mr. Dubinsky, tomando parte en la discusión, habló así, según informe de Havas: “Me siento profundamente extrañado de que en una sociedad inteligente y práctica como esta, se venga todavía a discutir medidas que están al alcance de cualquiera como únicas lógicas e indispensables. La disminución de las horas de trabajo traerá o no traerá desventajas y peligros. Esto no lo sabe ni considera jamás aquel que sabe que no tiene más remedio que aplicar una medida determinada. Las desventajas se mira de aminorarlas. Los peligros, de sortearlos. Pero delataría inteligencia y capacidad aplicar inmediatamente la medida. En mi patria hemos implantado sin miedo la jornada de 40 horas, y ahora estamos discutiendo la conveniencia de la jornada de 30 horas. Es decir, de menos de 4 días semanales de trabajo. Creo que sería una buena táctica imitarnos, y no esperar –como tantas veces- que después tengan que hacerlo con el problema mucho más envenenado”.
    Esta filípica tiene un interés máximo. Tiene estrecha relación con la habilidad o inhabilidad, no solo de la clase patronal dirigente, sino también de los grupos políticos. Y se trata de demostrar si es que los grandes políticos saben dominar a los acontecimientos, dando prueba de capacidad de estadistas, o si son arrollados por los sucesos, mostrando su escasa capacidad conductora.
    El problema de la disminución de las horas de trabajo vendrá a ser la clave de un cambio fundamental de sistema en el próximamente futuro mundo económico-social. Ofrece, por lo mismo, todas aquellas enormes dificultades relacionadas con la extirpación de tejidos ya formados, la absorción interna de células avejetadas, la formación de nuevas maneras. Y aquí hay ocasión –y necesidad- de la actuación de estadistas capaces de comprender lo ineludible de aquello que los tiempos imponen y la necesidad de sentirse con las energías que exigen esos cambios substanciales, que van estructurando una nueva Edad histórica para la humanidad.