Estados Unidos 35
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Estados Unidos 35
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Aniversario de Estados Unidos La SI 06/07/35 p. 6
Aniversario de Estados Unidos
La SI 06/07/35 p. 6


Un nuevo aniversario cumple esta semana la gran república del norte, encontrándola en lo más duro de los experimentos que jamás se hayan realizado para ver de sacar a la nación del abismo a que la empujaran circunstancias conocidas de los últimos quince años.  
Entre los individuos, los hombres que tratan cuestiones energéticas encuentran dos grupos bien catalogados: el de los audaces iniciadores y el de los que está felices de imitar y repetir lo que los demás han experimentado.
El mundo es de los primeros, y ellos, también, son para el mundo. De temperamento dinámico, capaces de tirar por nuevos caminos, felices con ir delante y ganosos de innovar, ellos, a fuerza de voluntad, de sacrificios y fracasos aleccionadores, son los inventores de nuevas cosas y modalidades, poniendo su vida, sus horas, su cerebro, su voluntad al servicio del mundo. Son los que hacen avanzar a la humanidad por el rudo camino del progreso.
Los demás –la inmensa mayoría de hombres- no se preocupan por la marcha del mundo ni por la ventura de la gente. No mucho, tampoco, por la propia ventura, como no sea bregar por ahorrarse el mayor número posible de molestias. Siguen pasivamente las huellas de los delanteros, y para ellos se ha hecho la     conocida frase: ¿A dónde vas, Juan? A dónde los otros van.
Los pueblos son así también. Forman, en cada época de la historia, dos grupos definidos: los que saben innovar, para dar solución a dificultades que ahogan, y los que se limitan a realizar –bien o mal realizar- lo que ensayan, investigan, deciden los pueblos dinámicos y probadores, para forjar su propio porvenir y, en parte, el de los países pasivos que viven imitando.
¿Quién negaría que las circunstancias actuales en que se debate el mundo exige perentoriamente  nuevas soluciones que sustituyan a las viejas tan ruidosamente derrumbadas? Pues bien: pocos son los pueblos que audazmente ensayan. Limítase la mayoría a seguir los pasos de los que ensayan.
Italia, Alemania, Rusia, Portugal, México: he ahí cuatro (sic) pueblos que ensayan. Austria, Bulgaria, China, Japón: he ahí pueblos que están en el principio de excelentes ensayos. Se debaten en la incertidumbre de lo que prueban. Cambian de posición a menudo. Echan mano de viejas cosas caídas para enchufarles vida nueva. Inventan nuevos métodos, nuevas actitudes, nuevas fórmulas, sistemas de cuyos frutos ellos son los primeros en dudar. Tienen mente clara para concebir, voluntad enérgica para realizar, audacia perfecta para andar por caminos ocultos.   
Los otros irán tras ellos, como carnero manso al son de la esquila guiadora. Son pueblos que se caracterizan por una frase típica, que ellos creen muy sabia y constituye su condena a eterna borreguería. Al aconsejárseles ensayar algo nuevo, contestan convencidos: “pero ¿dónde se está haciéndolo así? Esperan que otros –los pueblos príncipes- lo ensayen, para ellos, pobres de espíritu, aplicado.
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    Estados Unidos vivía en la ganga bruta de las viejas cosas. De esas viejas cosas que derrumbaban toda su organización, en un descenso que comenzaba a 1912, se acentuaba año tras año -cuando predicaba prosperidad la torpeza de Mr. Hoover y los que lo rodeaban, coreado por los muy ignaros señores de la Wall Street- y hacía crisis en 1929, cuando se caía después de la lenta maduración.
    Aquel pueblo tuvo la suerte al encontrarse con la entereza de ese hombre extraordinario que sucedía a Mr. Hoover en la presidencia y comienza a realizar todo lo contrario de lo que aquel hacía.
    Es admirable ver cómo Roosevelt, procediendo de un viejo sector político, sabe encararse con nuevas maneras y probar de abrirse paso por la nueva senda de una política desconocida. El acertará o no acertará, pero dos cosas son claras: que sus antecesores han fracasado con estrépito e irremediablemente; que no tenía más remedio que ensayar cosas nuevas.
    Son muchos los que estarían convencidos de esto; pero que carecerían de la voluntad necesaria para lanzarse a la realización  de la obra ensayadora. Son escasos en el mundo los que