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Especial para “La Semana Internacional” La evolución de la Legislación del Trabajo en Chile desde 1810 a 1935 Por Oscar Álvarez Andrews La SI 21/09/35 p. 6-7
Especial para “La Semana Internacional”
La evolución de la Legislación del Trabajo en Chile desde 1810 a 1935
Por Oscar Álvarez Andrews
La SI 21/09/35 p. 6-7


    La revolución de la independencia sorprendió a Chile en pleno período de decadencia del régimen gremial medieval.
    Durante dos siglos -1541 a 1750- la legislación del trabajo había estado entregada casi en su totalidad a los gremios y municipios.
    Las actas de los primeros cabildos de Santiago y de otras ciudades de Chile, están llenas de acuerdos sobre los “desaforados precios” que cobraban los “artífices” (sastres, herreros, zapateros, plateros) y los mercaderes.
    Los municipios de esos años controlaban minuciosamente los precios de los artículos, su calidad, y las tarifas o salarios que cobraban los artesanos así como las condiciones del trabajo, los descansos semanales, etc.
    No había fábricas, ni grandes industrias. La reglamentación de los cabildos tendía más bien a proteger a la población de los artesanos, que a éstos de aquella.
    Los artesanos por su parte organizados en gremios,  tenían una defensa sólida. Los gremios de los primeros años de la colonia no solo fijaban las tarifas, por trabajo, sino los precios de los artículos y aún el costo de producción, por lo cual el mismo gremio se encargaba del abastecimiento de los agremiados de materias primas, etc. (gremios de abastos, de pescadores, de lecheros, de panaderos, de carpinteros, de albañiles, de pintores, etc.).
    España solo había reglamentado en algunas Ordenanzas y Leyes de Indias, ciertos aspectos del trabajo como el de los indios, las minas y lavaderos de oro; Ordenanzas, que son dignas de alabanza no sólo por su fondo humano sino por su espíritu amplio, técnico y previsor casi incomprensible para la época en que se dictaron y en que, en ningún país de Europa existía aún el problema del trabajo, que las Ordenanzas abordaban a fondo y con una precisión que no tienen a veces las mismas leyes modernas y en las Leyes de Partidas y de la Novísima Recopilación se reglamentaba la jornada de trabajo, pago del salario justo en dinero efectivo, el trabajo de mujeres y niños, las indemnizaciones en casos de accidentes, el descanso dominical, etc.
    Llega el año 1810 y con él toda la fiebre individualista y revolucionaria.
    El principio de la libertad de trabajo, de industria, de comercio sustituyó a la organización gremial de la producción.
    La primera Junta de Gobierno se estrena proclamando la libertad de los esclavos y la libertad de comercio.
    El trabajo humano queda entregado a la más absoluta libertad y aunque no hubo en Chile leyes que prohibieran los gremios, éstos perdieron poco a poco sus fueros.
    Hacia 1842 hallamos una pequeña reacción  con los gremios de abastos. Por una ley se reglamentó el expendio de artículos de primera necesidad por los vendedores callejeros y de los mercados. Pero en cierto modo se  reglamentaba su trabajo con el objeto de proteger al público más que a los vendedores.
    El trabajo, en general, seguía sometido en ciertos aspectos a las Leyes de Indias y a unas que otras disposiciones.
    En 1855 se dicta el C. Civil, y por primera vez se legisla sobre el “arrendamiento” de servicios de los criados domésticos (Art. 1987 y sig. F), la confección de obra material (Art. 1996 y sig. F) y el arrendamiento de servicios inmateriales (Art. 2006 y sig. F), etc.  
    Era este un primer esbozo de legislación del trabajo, pero impregnado de todo el espíritu individualista del Código Napoleónico.
    Criado doméstico era el sirviente, la cocinera, la nodriza, el cochero. El patrón o empleador era el “amo” que debía ser creído sobre su palabra y tenía derecho a despedir al criado si enfermaba, si era inepto, si era infiel, o si se accidentaba. El contrato de confección de obra material era un arrendamiento de obra. Es el trabajo de los maestros zapateros, carpinteros, gasfíteres, pintores y asimismo el de los empresarios constructores y obreros de construcción en general y de los obreros de imprenta. Los servicios inmateriales eran los de los escritores,