Edu anexo post 2002 1936 01 a 03
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Edu anexo post 2002 1936 01 a 03
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Las nuevas costumbres en España. El pudor, el decoro, el buen gusto  y la educación  Antonio de Hoyos y Vinent La SI 04/01/36  p. 1
Bibliografía La SI 18/01/36 p. 8 1035. María Kaczynska: El rendimiento escolar y la inteligencia ver en Bibl.
Pequeñas Notas La SI 15/02/36 p. 8
Pequeñas Notas La SI 22/02/36 p. 9
El Soviet aumenta el sueldo a sus profesores La SI 18/04/36 p. 7
Bibliografía  1069. Societé des Nations: Bulletin de L’Enseignement. Ginebra. La SI 18/04/36 p. 12

Las nuevas costumbres en España. El pudor, el decoro, el buen gusto  y la educación
Antonio de Hoyos y Vinent
La SI 04/01/36  p. 1


    Un día y otro y otro, sobre todo en la época estival, en que el impudor es,  para los mirones, cosa gratuita que no exige pagar quince o veinte pesetas por una butaca, surgen conflictos que llamaría… de orden policíaco.
    Quitemos el porcentaje que corresponde a la envidia (deseosa de nivelar cortando las piernas a todos los que sobresalen) que incita a las solteronas, a quienes sólo es dable enseñar huesos y pellejo, a la pretensión de eliminar a las chicas guapas; a las jamonas frondosas, de curvas hiperbólicas a hinchar de cocido a las que poseen esa cosa convencional y efímera que se llama “línea”; a las infelices que, por el calor, se dirían de raza amarilla, a horrorizarse frente a las tanagras; prescindamos de los pobres burgueses huesudos y barrigones que excomulgan a los atletas, y vamos serenamente, sin escandalizarnos, pero también sin delecciones morbosas,  a ver el cómo y el por qué de la manía nudista (que en España no es tal, sino más bien una tendencia a vestimentas sintéticas, “siempre acordes” a las circunstancias).
    Lo primero que hay que sentar es que las costumbres han sufrido honda transformación. Desde los tiempos en que, anonadados por un calor tórrido, unos señores con unos altísimos cuellos almidonados, sombrero encasquetado y camisas de… ¡franela! se inclinaban ante las damas que subían a un tranvía o un “simón”, con la esperanza de contemplar una pantorrilla atacada de elefantiasis, embutida en una media de algodón, hasta el día en que unos pollos en camiseta o mangas de camisa corren en “auto”, que se desliza rápido, conducida por la damisela de atavío sintético, camino del campo de deportes, va un abismo.
    Hoy por hoy existe más libertad, más independencia, más despreocupación, pero –y agárrense los timoratos y los hipócritas (es redundancia, pues decir una cosa es decir la otra) también existe más higiene y… ¡más castidad!
    El setenta y cinco por ciento del vicio es una cosa cerebral. Salvemos la exasperación de instintos, casi siempre insatisfechos, y todo el resto es, lisa y llanamente, una deformación cerebral. “Ahora hay mucho vicio…”. “Nos hemos familiarizado con el pecado “En otros tiempos…” ¡Mentira! Somos, lo repito, más limpios, más serenos y hasta si cabe, repito, más castos.
Antaño había recato, si por  recato se entiende el sugestivo anuncio de cosas que no se podían ver sino tras tupidos velos… que las hacían más apetitosas y deseables; respecto a las conveniencias, empaque. Ahora, no. Las cosas se ven tal y como son; se desean o no, pero sin el espejuelo del misterio.
Hablemos clara y rotundamente: somos más limpios, más cuidadosos y, por tanto, más sanos.
De la limpieza no creo sea cosa discutible. Fuera de un sector de la burguesía modesta que sigue sin lavarse (aún esa se lava los dientes, cosa hace treinta y cinco años reservada a la “elite”), clases dirigentes y pueblo se lavan, se bañan, hacen gimnasia… Hoy día nadie huele mal, nadie va con camisa sucia, sin afeitar… Aún recuerdo la anécdota de cierta pariente mía afincada en pueblo cercano a Madrid –creo que Arganda- que, horrorizada ante recién llegada Maritornes a quien …“fungelaban los pinceles”, la conminó apremiante: “Mujer, por Dios, lávese esos pies”. Y la respuesta de ella: “¿Los pieses?”… “Amos”, deja la señorita que llegue la calor”. No era solo el pueblo; recuerdo también de cierta dama aristocrática que para bañarse sola en su casa se envolvía en un camisón que iba levantando por turno para enjabonarse. Y pasemos por alto las Órdenes religiosas, que miraban como horrible pecado verse el cuerpo a sí mismos. Nos bañamos, madrugamos, hacemos gimnasia… La máxima del pobre Oscar Wilde: “Lo comprendo todo menos madrugar, hacer gimnasia y ser persona respetable” está pasada de moda.    
Somos más sanos porque vivimos más limpiamente, a plena luz y a pleno sol; porque  es más fácil ocultar males en complicidad con el pudor que sometidos a los fríos reflectores de la despreocupación. Desnudos al sol no puede esconderse, ni física ni moralmente, lo que con trajes de bayeta es fácil substraer a la vista. La oscuridad y los velos…de lana son grandes cómplices del vicio y la porquería.