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Monroe a la vista: Los entretelones de la Conferencia Panamericana  de Panamá

 

b) Pero un hecho les torna pesimistas desde el día mismo de la inauguración de la Conferencia: no asisten a ella los cancilleres de los dos países más hostiles. Lo cual es más que un simple mal augurio.
            Esta Conferencia de Panamá  lo era “de cancilleres”. Así quedaba determinado en Lima, y, antes, en Buenos Aires. Era consulta personal de cancilleres. No acuden los de Argentina y Chile, enviando al istmo delegaciones que representan, respectivamente, a las dos cancillerías.
            La causa está a la vista de cuantos conocen  la manera de ser de las Conferencias y los tratos a base de Mesa Redonda. Cuando se habla codo a codo, hay que ceder a veces, aunque sea por pura galantería. Una resistencia es difícil de armar cara a cara.  Mientras los cancilleres chilenos asistían a reuniones –y en los días de Alessandri ello era frecuente- salían siempre derrotados. Los que conocemos el fondo impublicado de aquellas que tuvieron lugar en Mendoza y Buenos Aires sobre la guerra del Chaco, podríamos mostrar datos demasiado convincentes.
            En la Conferencia de Lima el Canciller argentino no formaba parte de la delegación de su país. Fue a la capital peruana. Asistía a la sesión inaugural. Sostenía cuatro frases vagas con el Canciller norteamericano. Y se arrancaba para Buenos Aires. El jefe de la delegación argentina en la Conferencia debía consultar continuamente a Buenos Aires. Las contestaciones eran siempre las mismas: no. De ahí –de la no asistencia de Cantilo a Lima- venía la derrota de la tesis norteamericana en aquella Conferencia panamericana.
            Al no acudir a Panamá los Cancilleres Cantilo y Ortega, una sombra de desaliento había de empañar las esperanzas norteamericanas, a pesar de ser ellas –en esta ocasión, si- bien cimentadas.

13. Circunstancias favorables

            Al parecer al menos, ahora sí que la tesis norteamericana tenía en parte, ciertas probabilidades de victoria.
            Comercio. Era Alemania el país que vendía más a América, después de Gran Bretaña, y en algunas repúblicas más que Gran Bretaña. El comercio alemán quedaría con la guerra interrumpido. Otros deberían remplazarlo. No podrían ser los países aliados, necesitados de todas sus energías para salir del paso. Estados Unidos era el único país industrial que podría reemplazar a Alemania, cierto que a precios mucho más caros.
            Los voceros de la economía yanqui, y aún los miembros del Gobierno, no han trepidado en decirlo ya victoriosamente: Latino-América no tendrá más remedio que acudir a Estados Unidos. Alemania les vendía a trueque. Estados Unidos no puede ser tan liberal. Les venderá prestándoles el dinero que necesiten para comprar en el país prestador. Deberán pagar a plazos cortos esos préstamos. Oro que huye de Latino-América hacia el norte.
            Para asegurar este comercio una zona neutral de tiro ancho. Cuando más ancha mejor. Pero el Derecho Internacional veda señalar zona marítima alguna al que no tiene medios para imponerle. Por tanto, una de dos: o las Repúblicas americanas deberán armarse (trabajo para Estados Unidos) o deberán encargar la vigilancia a Estados Unidos, con bases navales en aquellas repúblicas.
            Y he ahí como los acontecimientos venían en apoyo de Estados Unidos para que su tres veces fracasado plan, tuviese ahora en Panamá un éxito impuesto por las circunstancias.
            Ante esa posibilidad, mueven todas sus fichas por ambos lados. Cordell Hull moviliza hacia la ciudad del canal un batallón de gente. Los dos pueblos aliados (Gran Bretaña y Francia) envían observadores. En parte, les placen los planes norteamericanos que perjudicarán a Alemania. En parte, temen graves males, porque comprenden que no es solo Alemania la que quieren barrer de América los norteamericanos, sino a los europeos todos. Alemania envía a la Conferencia a una docena de expertos, que, desde los hoteles y puntos estratégicos de observación, atienden e influyen. Expertos en comercio, en derecho, en propaganda, en prensa,